Retazos vitales y literarios

Una autobiografía soterrada
Sergio Pitol. Ed. Anagrama, Barcelona, 2011. 138 pp.
Es posible que a bastantes lectores Una autobiografía soterrada les provoque un cierto desencanto. Puede ocurrir porque no hay duda de que la personalidad de Sergio Pitol (su condición cosmpolita, su trabajo como diplomático, su vasta cultura y una excelente producción literaria) es de un gran atractivo. Pero en esta «autobiografía» esa personalidad queda demasiado-¦ soterrada. Las experiencias humanas apenas se recuperan con detalle, salvo en «El diario de la Pradera» y, especialmente en esa esperpéntica y tormentosa experiencia sufrida en Roma con Billie, la extraña esposa de su amigo Raúl Vivanco.
Tal vez la explicación de esta actitud se halle en la confesión que Sergio Pitol ofrece al comienzo de «Hacer oír, sentir y ver» respecto a sus confesiones autobiográficas: «Soy entonces consciente de que al tratarme como sujeto o como objeto mi escritura queda infestada por una plaga de imprecisiones, errores, desmesuras u omisiones» (p. 47). Esta limitación se observa en el resultado general de la obra. Compuesta de media docena de apartados (cada uno de ellos con una dedicatoria personal) no se ve en ellos una perspectiva clara ni una estructura común. Hay confesiones personales, creativas, reflexiones vitales, recuerdos de infancia, lecturas-¦, pero carentes de la necesaria unidad. Tal vez influya en esta heterogeneidad la amalgama de géneros: retazos de diarios, fragmentos extraídos de obras publicadas, reflexiones actuales, entrevistas-¦ Por ello la obra viene a ser una crónica apasionada y convulsa de la intrahistoria creativa. De todas formas, no hay que olvidar ciertas observaciones. El título del quinto bloque de la obra («Salvo el instinto, lo demás son minucias») se completa con una confesión de rabiosa sinceridad, que puede explicar algunos de los aspectos señalados: «El bagaje teórico ha sido a lo largo de mi vida lamentablemente parco».
A pesar de ello, no hay duda de que cualquier lector atento sabrá intuir el trasfondo humano de Sergio Pitol y su cúmulo de saberes, por desgracia excesivamente «soterrado».