Diario de León

Reflexiones ante la poesía completa de Antonio Colinas

A principios del presente año 2011 publicó la editorial Siruela la Obra poética completa (1967-2010) de Antonio Colinas, casi mil páginas de poesía y cuarenta y cinco años de escritura. Se trata, sin lugar a dudas, de un acontecimiento literar

Antonio Colinas. Su poesía «ha contado desde el principio con lectores fieles y fervorosos, ac

Antonio Colinas. Su poesía «ha contado desde el principio con lectores fieles y fervorosos, ac

Publicado por
JOSÉ ENRIQUE MARTÍNEZ
León

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La poesía de Antonio Colinas ha contado desde el principio con lectores fieles y fervorosos, acaso porque roza las fibras más sensibles, pero no por la palabra sonora y verbosa, sino, al contrario, por el verbo cercano, caluroso y cordial. Y porque nos habla de lo que sentimos o de lo que preocupa al hombre: el amor, la aspiración a lo alto en su sentido más lato, los orígenes, los misterios de la existencia, etc., etc. El conjunto de su poesía compone un libro magno: Obra poética completa (1967-2010). Anteriormente, esta obra venía siendo reunida con el título de El río de sombra , que iba sumando en cada edición los nuevos libros alumbrados por el poeta. El último Río de sombra se había publicado en 2004, y aparecía como sexta edición de su poesía reunida. La Obra poética completa , como ahora se titula, no es lo mismo que completada. La obra de un poeta no se completa sino con la muerte. No es posible imaginar a un Colinas que haya decidido poner fin a su vena lírica transfundida en versos y poemas.

La Obra poética completa , hermosamente editada, representa, pues, una vida entregada a la poesía, con dieciséis libros y mil esplendorosas paginas de poesía: tal es el formidable balance del poeta Antonio Colinas, poeta también cuando escribe ensayos y narraciones, poeta cuando traduce a Dante, Leopardi o Quasimodo. Colinas vive en poeta en todos sus escritos, se trate de reseñas críticas, de traducciones, artículos, novelas o relatos. Pero antes que cualquier otra cosa, Colinas ha entregado su vida, con fervor casi sagrado a la poesía, es decir, se ha consagrado a ella.

El lector interesado conoce títulos que marcaron un hito en el devenir de la poesía española contemporánea. Bastará, inicialmente, con recordar poemarios como Sepulcro en Tarquinia , de 1975, Astrolabio , de 1979 o Noche más allá de la noche , de 1983. Colinas ha tenido, además, la suerte de que su obra fuera acompañada, libro tras libro, del calor de los lectores y del aprecio crítico, como se constata en la «bibliografía esencial» que cierra esta Obra poética completa : tesis, monografías y artículos han ampliado el ámbito coliniano, han aportado luz y entendimiento a una poesía ya de por sí iluminadora y, desde luego, tocada por la emoción y la gracia.

Antonio Colinas ha antepuesto a esta Obra poética completa un prólogo esclarecedor. Quiero subrayarlo especialmente, porque a lo largo de los años, en Colinas ha ido cuajando un pensamiento poético expresado en una infinidad de ensayos en íntima unión con su poesía, de modo que es el poeta quien proporciona algunas de las claves primeras de lectura e interpretación de su obra. El «pensamiento inspirado» de Colinas, como él ha llamado al conjunto de sus artículos sobre poesía y sobre poetas, ha merecido también distintos estudios. Todos sabemos el interés de páginas ensayísticas de poetas como Eliot entre los de fuera o de Cernuda entre los nuestros. A ese nivel hay que colocar el pensamiento de Colinas.

«Un círculo que se cierra, un círculo que se abre» es el título del prólogo coliniano a su Obra poética completa , título que aclara el propio poeta: preparando esta edición de su poesía completa en el pueblo del valle de Vidriales donde pasaba los veranos de infancia y adolescencia con los abuelos maternos, tenía «la sensación de que culmina cuanto he querido decir a través de la palabra poética». Esa culminación la ve el poeta en la completud (invento una palabra adecuada) del tema esencial de su poesía: el diálogo entre culturas, y en concreto entre las raíces originarias del noroeste peninsular y el mundo mediterráneo, y de ambas con las del Extremo Oriente, diálogo vital, biográfico (Italia, Ibiza) y poético también, por medio de lecturas de los grandes poetas, filósofos y místicos. Pero si ese círculo se cierra, se abre otro, el de la pervivencia de su poesía y del fondo de la misma en los lectores, que pueden alcanzar «otra forma de conocimiento y de ver la realidad».

Lirismo, emoción y pureza

formal

Colinas mira después hacia su poesía, esa vaharada de luz y de belleza. A la altura de los años transcurridos desde que comenzó a escribir poesía, en plena adolescencia, puede contemplar su obra (su vida) y ofrecer su visión y su entendimiento de la misma. Dentro de la unidad esencial de su poesía toda, distingue tres etapas, que son también vitales: «Una primera dominada por el lirismo, la emoción, la intensidad y la pureza formal». Varios son los libros de esta etapa ( Junto al lago , Poemas de la tierra y de la sangre, Preludios a una noche total , Truenos y flautas en un templo , Sepulcro en Tarquinia y La viña salvaje ). Quiero citar aquí, por gusto personal, Preludios a una noche total (1969), en el que aparecen naturaleza y plenitud amorosa mancomunadas, pero con una pureza, una intensidad, una emoción y, a la vez, un rigor formal, admirables. Cuando aún coleaba, 1969, cierto prosaísmo y se abría camino el culturalismo emergente de los novísimos, Colinas abría un camino personal que fue llamado neorromántico, inaugurando, en todo caso, una tendencia novedosa en el momento que expresaban versos llenos de aparente candor, emocionados y tensos como éstos: «Pequeña de mis sueños: por tu piel las palomas, / la pálida presencia de la luna en el bosque / o la nieve recién caída de los astros».

Quiero citar también el libro que culmina este primer momento vital y poético, acaso todavía el libro más conocido del poeta, Sepulcro en Tarquinia (1975). Colinas, natural de La Bañeza, fue dejando noticia lírica de los paisajes y peripecias vitales en cada caso, de modo que si podemos decir que los Preludios a una noche total evocan las huellas de la tierra originaria, con sus riberas recorridas desde la infancia, y el descubrimiento del amor, la estancia del poeta en Córdoba a partir de 1961, durante tres años que representan el paso de la adolescencia a la juventud, significó otro doble descubrimiento, el de la poesía entendida ya como «palabra nueva», no expresada, y el del sur, experiencias fundamentales en la vida y la obra del poeta, años de fulgor y aprendizaje cuyo reflejo literario es la novela Un año en el sur , de 1985. Por su parte, Italia, donde vivió Colinas cuatro años, entre 1971 y 1974, fue otro momento luminoso en la vida y en la experiencia poética del joven poeta, cuatro años de deslumbramiento, de asunción de una naturaleza y de sus signos, de nuevas lecturas trascendentales, del Arte en los museos y en las representaciones operísticas, de un sentirse cautivo de la Verdad y de la Belleza, en el mismo grado en que lo habían sido en siglos anteriores otros escritores que habían sentido también la llamada de Italia, como Goethe, Ruskin, Byron, Shelley, Keats o Sten-dhal. La Italia esencial la percibió también en sus grandes poetas, Dante, Leopardi, Quasimodo... Sin Italia no hubiera nacido Sepulcro en Tarquinia , el cual consta de cuatro partes, alentando en las dos primeras lo italiano o, en sentido más amplio, «lo latino», y en las dos últimas, contrastando con aquel mundo, el espacio rudo del noroeste español que incluye la tierra originaria del poeta; en medio, el gran poema «Sepulcro en Tarquinia», con una historia humana que incardina sus cerca de quinientos versos, entreverados, como ha dicho el poeta, de «irisaciones metafísicas, telúricas, culturales». En ese libro emblemático que es Sepulcro en Tarquinia ocupa su lugar un poema presente en todas las antologías de poesía española contemporánea, el titulado «Giacomo Casanova acepta el cargo de bibliotecario que le ofrece, en Bohemia, el conde Waldstein»; mi gusto, sin embargo, navega hacia el poema «Novalis», que celebra el mundo de ese poeta esencial del Romanticismo centroeuropeo; en el poema están presentes los grandes ideales del romanticismo y del propio Colinas poeta: el ansia de belleza absoluta, cósmica, desde la visión y el símbolo fecundo de la noche, cantada como gozo sensorial exultante, como hermosura vivida con emoción desbordada, como símbolo de la armonía cósmica, experimentada como momento único y trascendente: «Oh Noche, cuánto tiempo sin verte tan copiosa / en astros y en luciérnagas, tan ebria de perfumes...».

La llegada de Orfeo

La etapa segunda comprende los libros que van de Astrolabio (1979) a Jardín de Orfeo (1988): corresponden a la etapa de Ibiza (veintiún años laboriosos, intensos, muy fecundos). El libro central del momento, y quizá de la poesía de Colinas, es Noche más allá de la noche (1982), cumplimiento del afán coliniano de fusión de sentimiento y pensamiento. Treinta y cinco cantos, mil versos justos a los cuales se les ha querido extraer toda clase de significados. Treinta y cinco cantos que pueden leerse uno a uno, como poemas sueltos, o como un único poema distribuido en cantos numerados. Seguramente es el poemario más complejo de Colinas y, al mismo tiempo, el de más encendido lirismo, uno de los grandes poemarios de la lírica española del pasado siglo, que conjuga lecturas y vivencias con temas y aspiraciones de más alta enjundia, como el hombre y su destino, el misterio existencial, los momentos luminosos de la historia del hombre, los espacios fundacionales, las eternas dualidades que agreden la existencia, la armonía posible que el poeta halla en factores como el respirar, transformado en símbolo, porque en todo el libro reaparecen con sugestiva fuerza los símbolos que han ido acompañando a Colinas a lo largo de su escritura, que él mismo ha creado y enriquecido sucesivamente, y que acaban formando un entramado coherente: la noche, el agua, los astros, la luz, el bosque, el mar, los delfines, las ruinas, etc. Algunos poemas han sido pasto continuado de las antologías, como el que comienza: «Mientras Virgilio muere en Bríndisi-¦»; pero, con el fin de ver otros modos líricos colinianos, acaso convendría detenerse en el canto XII («Pellejos de la peste, pestilentes pajares...») que aborda un momento decisivo de la humanidad, la Edad Media. Dado el ritmo melodioso de Colinas en la mayoría de sus poemas, aquí vamos a observar un ritmo fracturado, entrecortado, para referirse a los oscuros siglos medievales, aprovechando para ello el tópico del «mons eremus» como reflejo de un tiempo de dramática regresión en el destino de la humanidad; de ahí que se acumulen los signos negativos que evocan una historia desolada de pestes, guerras y violencias, y se nos ofrezca la visión de una inmensa lluvia de sangre, lágrimas, dolor y muerte.

A Noche más allá de la noche siguió en 1988 Jardín de Orfeo , en el que Colinas poetiza la relación del hombre y el cosmos, de lo mudable y lo infinito, enmarcado en el contorno de la isla, Ibiza, o desde espacios ya vividos, para, finalmente, trazar el muro del jardín simbólico al que desciende Orfeo sembrando la armonía. Si lo pongo aquí de relieve es por la presencia en el mismo título de la figura de Orfeo. Antonio Colinas entiende la poesía como plenitud vital y universal, como armonía, como trascendencia, colocándola bajo el signo de Orfeo, que conmueve el orbe con su canto y con su música y que enseña a los hombres los misterios de las cosas. Colinas concibe su obra lírica, justamente, como el logro de la armonía órfica, por medio de la cual es posible traspasar las puertas que celan el misterio de la otra realidad. La figura de Orfeo nos remite a la idea de armonía, pero también a la plenitud y a la ebriedad. Y a la música, que unifica los contrarios, que parece amansar incluso a animales y a plantas, como si el cantor de Tracia aún hiciese sonar sus notas. Pero la música también deshace ese concierto y esa unidad que proporciona el ámbito del jardín al sacarnos de nosotros mismos, al arrancarnos de la gris cotidianidad, de las rígidas normas. Estamos cerca de los momentos de ebriedad o enajenamiento momentáneo, del entusiasmo místico que Colinas expresó en poemas como «Órfica» del libro mencionado. Lo órfico impregna el pensamiento y la poesía de Colinas. Orfeo es el mito que compendia las reflexiones de Colinas sobre la tradición que funde pensamiento y poesía y sobre el anhelo de globalidad y unidad armónica, frente a la disgregación del mundo actual. Como símbolo de la plenitud armónica y como guardián de las puertas del misterio, de lo desconocido, de la revelación, la figura de Orfeo sintetiza, según pienso, la «poética» y la propia poesía de Antonio Colinas.

Poética de la mansedumbre

La etapa tercera la componen cuatro libros: Los silencios de fuego (1992), Libro de la mansedumbre (1997), Tiempo y abismo (2002) y Desiertos de la luz (2008). Después de haber residido durante 21 años en Ibiza, Colinas y su familia regresaron en 1998 a la Península, a la meseta, al espacio del origen. Es un momento de reconocimientos, tan altos como el Premio Castilla y León de las Letras en 1999. La poética de la armonía de sus anteriores libros cedió paso a una «poética de la mansedumbre», entendida en sentido dinámico, pues Colinas mismo ha señalado que la mansedumbre no es un estado armónico y apacible, sin más, sino aquel al que se llega con esfuerzo, tras la prueba del dolor, como fue, por ejemplo, la muerte de los padres. Lo cierto es que Los silencios de fuego y Libro de la mansedumbre pertenecen aún, biográficamente, al espacio ibicenco. Tiempo y abismo y Desiertos de la luz son ya de la meseta, de la nueva etapa biográfica del poeta. Dos son dos, entre otras, las notas nuevas, que aportan estos poemarios: clarificación expresiva y ampliación temática que el poeta ve como «un regreso a la realidad-realidad, al humanismo, a la mística de sentido universalizado». No desaparecen temas anteriores, pero el poeta mira el mundo de fuera y surgen preocupaciones nuevas, ecológicas unas, otras relativas a las guerras que asolan el mundo (Golfo, Irak), a la caída de las ideologías absolutas (muro de Berlín), etc., pero siempre con ese sentido de universalización, de trascender la mera realidad. En este sentido puede citarse el otro poema largo, «La tumba negra», conformado poéticamente como un viaje en tren por diferentes regiones y ciudades alemanas, en el cual el encuentro con la naturaleza y el arte forma el núcleo de lo positivo, frente a los restos bélicos de destrucción y muerte y las huellas perversas de las ideologías totalitarias y del progreso antinatural, que forman el núcleo de lo negativo, despertando en el poeta la lucha de contrarios: una honda perturbación del espíritu al no poder conciliar los signos opuestos que sólo logran acordarse en el momento último, cuando el poeta entiende que ese viaje no ha sido, al fin, más que un desplazamiento al centro de sí mismo, donde arde el amor, el núcleo activo del ser armónico, conciliador de contrarios y generador de mansedumbre y armonía. Pero al lado de ese poema largo, otros son espléndidos por distintas razones, que van desde la vibración emocional a la lucidez en las meditaciones sobre nuestro tiempo: poemas como «Juan de la Cruz sestea en el pinar de Almorox», el muy humano y paternal «Si a vuestra vida un día llegase el huracán» o el de más éxito quizá, «Zamira ama los lobos»-¦ Cualquiera valdría para certificar la nueva poética clarificadora de Colinas y para confirmar que en cualquiera de las etapas de Colinas hay siempre grandes poemas, iluminadores, traspasadores del tiempo hacia el futuro.

Las Obra poética completa de Colinas incluye un libro más, inédito, El laberinto invisible : «El círculo se vuelve a abrir», escribe el poeta. La palabra de Colinas abrirá nuevas sendas o proseguirá iluminando la senda recorrida, quién lo sabe, acaso ni él mismo todavía. Pero lo que sí sabemos es que también este nuevo libro alumbra poemas intocables, que quedarán grabados por los siglos de los siglos, como, por ejemplo, «Clara en los Uffizi», canto a la emoción y el gozo del encuentro con «el ideal sublime de Belleza y Verdad» sintetizado en el cuadro «La Primavera» de Botticelli. El poema nos habla del interés coliniano por otras formas artísticas. En pocos poetas hay tantas referencias a otras artes como en la poesía de Colinas: la música, la pintura, la escultura-¦ Muchos poemas tienen su origen en la contemplación de cuadros de Poussin, de Botticelli o de Ticiano, sin contar con que en su producción hay bellísimos libros en colaboración con pintores e ilustrados por ellos. Al interés por la pintura se sobrepone en Colinas una contemplación de la obra pictórica en cuanto representa aquellas virtudes que él valora en la poesía en general y en su propia poesía en particular: capacidad para trascender la realidad, para revelar el misterio oculto por el velo de lo sensible, la concepción órfico-pitagórica del mundo, la lección de las ruinas, la emoción contenida, etc. Un pensamiento como el de Colinas, que tiende hacia la globalidad y la interdisciplinaridad, no es extraño que conciba la unidad básica de las artes, que no otra cosa son para el poeta que lenguajes distintos para expresar una determinada visión del mundo. Hay, además, un aspecto que yo quisiera destacar: la fusión entre cuadro y contemplador, que lleva al gozo más intenso: «Ante un hermoso cuadro que nos atrae, sobre todo vemos, contemplamos, pero deseando llegar más allá, deseando penetrar en el mundo del cuadro, aunque sólo sea con nuestra imaginación; un proceso del que ya todos los sentidos disfrutan y gozan. Y ello es así porque, sin más, estamos viviendo el cuadro, estamos ya dentro de su realidad, que es profundamente nueva para nosotros». Este deseo de identificación, de fusión, lo expresó en el conmovedor poema que acabo de citar, «Clara en los Uffizi», y lo había expresado formidablemente en otra hermosa composición, «En el museo», de Los silencios de fuego , que poetiza el deseo de penetrar en el cuadro, de formar parte de ese objeto que nos ha proporcionado tanta emoción contemplativa. La relación interartística es otro de los ámbitos de una poesía que busca la unión de poesía y pensamiento, de pensamiento y contemplación, el diálogo entre culturas y, en suma, la globalidad, la universalidad.

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