El ángel áptero
Hace tiempo, yo era un ángel de la guarda. Pero, un día aciago, el niño al que debía proteger se cayó dentro de un pozo y se ahogó. Dios no me perdonó el descuido: me amputó las alas -”mi espalda conserva dos evidentes cicatrices-” y me condenó a vivir en este mundo como uno más de los mortales.
Ahora que soy un anciano, que ya intuyo la inminencia de la muerte, la posibilidad de ser redimido y de regresar al Cielo apenas me ilusiona. Lo que verdaderamente me preocupa es saber si recuperaré mis alas-¦