«La vida le había dado el camino»

Contigo aprendí
Silvia Grijalba. Ed. Planeta, Barcelona, 2011. 304 pp. Premio de Novela Fernando Lara 2011
Si quería un Hispano y dinero suficiente para comprar tierras y vivir como un millonario, tenía que marcharse a Cuba». Y José Rodríguez dejó atrás su aldea asturiana para enriquecerse en la isla caribeña, como tantos indianos en la década de los años treinta del siglo pasado. Regresó para casarse con la mujer más hermosa de la región, Mª Luisa Álvarez, de una belleza arrebatadora. Y es que entonces ya «Pepín era don José, un triunfador, un hombre de complexión fuerte, aunque fuera más bien bajo, inteligente y con un arrojo varonil que podía hacer pasar por alto sus modales más bien toscos».
Casados por razones o conveniencias sociales, sin que ella estuviera realmente enamorada -sí de otro hombre, Fernando-, llegaron a La Habana, con el choque de enfoques de todo tipo que el cambio de vida suponía, para compartirla en la vivienda capitalina de Miramar y la finca de Pinar del Río.
Difícilmente podía María Luisa quitar de la cabeza a Fernando, hasta el punto de que, después de encontrarse en Nueva York, estaba decidida a abandonar a José e ir a vivir con él. Prefería el vértigo del amor. El embrujo de las fiestas neoyorkinas, sus encuentros con la alta sociedad –con personajes como Fred Astaire o Dorothy Parker- cambiaron para siempre su destino: abandonó a José y la esperanza amorosa de Fernando, por diversos motivos, e inició una nueva vida de negocios, llena de éxito, en la deslumbrante ciudad norteamericana.
La novela es intensa, fácil de leer esta interesante historia de amores cruzados, de pasiones y de engaños. Pero sobre todo es la historia de una mujer decidida (la vida novelada de la abuela de la autora —«la literatura tiene sus códigos», afirma Silvia Grijalba—) que supo cómo abrirse nuevos caminos.
Al margen del propio desarrollo argumental, que desvela el contraste de sentimientos que la vida y sus circunstancias van proponiendo a la protagonista, son ejemplares, según la mirada que para este lector han supuesto, la sensualidad y la libertad de la isla caribeña, tan distantes del convencionalismo peninsular, la atmósfera creada en la descripción de la vida neoyorkina o la galería de personajes que desfilan por estas páginas, bien contextuados en lugar y tiempo.
Una buena lectura.