Diario de León

Cuando los días y las horas pasan

Publicado por
JOSÉ ENRIQUE MARTÍNEZ
León

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Horas extra

Jaime Siles. I Premio «Universidad de León». Ed. Everest, León, 2011. 56 pp.

El primer premio «Universidad de León» de poesía lo consiguió Jaime Siles con Horas extra . No será preciso recordar lo que Siles ha representado para la poesía española desde los años 70 hasta ahora mismo; Colinas escribió en una ocasión que si Siles no existiera habría que inventarlo: singularizaba así la posición del poeta valenciano en una promoción también singular de poetas, la de Carnero, De Cuenca, Carvajal y el propio Colinas. Los lectores de Siles apreciamos el primor de la forma, el cuidado con el que cincela el cuerpo del poema, la atención al ritmo sobre la base segura de formas métricas canónicas, como sucede en Horas extra , en el que prima el romance heptasilábico distribuido en cuartetas, pero con distintas variaciones rítmicas que disgregan la posible monotonía, acudiendo, por ejemplo, a la seguidilla o a la combinación de metros diferentes.

El propio poeta ha explicado el título Horas extra , esas que a uno se le conceden de más, vital y poéticamente. Biográficamente, entendió que, tras un accidente de tráfico sufrido por el autor, el tiempo recibido era ya un regalo; poéticamente, la poesía la explica como «un vivir más y más intensamente la existencia», con cierto sentido trascendente. Defiende, por otro lado, una actitud más lírica que intelectual, si bien podemos seguir entendiendo la poesía de Siles como «tu dulce cuerpo pensado» (Salinas), si hablamos del cuerpo de la poesía, es decir, como el punto de unión de lo dulce (lo lírico, lo emotivo) con lo reflexivo. De ahí que, por ejemplo, en el primer poema contrasten dos voces, una que celebra la magia del arte, sintetizado en Mozart, en su música que conmueve y salva, frente a la otra voz que prescinde de aquella magia, tras la que «lo real se hunde / como siempre, en la nada»; es la primera la que impone su sentimiento de lo que trasciende «más allá de la vida»: sentir y pensar mancomunados, algo que se aprecia perfectamente en el poema de título homónimo al del poemario: un sentimiento de muerte con sabios contrastes, recurso característico de la poesía de Siles: «Qué lejos de mí mismo / allí me encuentro / y qué cerca de mí / me voy sintiendo». A la vez, el poema, que evoca probablemente el momento del accidente al que hemos hecho referencia, va reiterando signos mortales: «Por el mar de la tarde / voy muerte adentro», «luces de ceniza», «río negro», etc.: el sentido va vertido en el cuño de la tradición, también métrica, con esas seguidillas que desde las «Nanas de la cebolla» hernandianas sirven para «lirificar» la tristeza. La hay en el poemario de Siles, porque en él alienta, fundamentalmente, un sentido temporal de la existencia, un testificar que pasa y pasa «el oro de los días» para un yo –pronombre muy reiterado- situado en el tiempo, con sentimientos de soledad y de muerte, si bien el poeta suele entrever algo que alumbra «la oscuridad infinita», actitud propia de un voluntarioso vitalismo que nos hace renacer o resucitar de la nada, algo propio también de un sujeto en el haz y el envés de la vida. La poesía es, al fin, el lugar del gozo y del dolor, el espacio verbal que salva un instante de fulgor, una mirada, una emoción, un pensamiento.

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