Cultura, política y participación popular
Desde el 15 al 17 del pasado mes de septiembre se celebró en la ciudad argentina de Mar del Plata el IV Congreso Iberoamericano de Cultura bajo el tema «Cultura, política y participación popular». En ese encuentro internacional representantes de veintidós países iberoamericanos –ministros, intelectuales, educadores, funcionarios, legisladores, gestores, profesionales, periodistas y referentes de la política y de organizaciones sociales- se reunieron para reflexionar sobre la relación entre cultura y política, y el protagonismo social en los procesos creativos.

La hermosa ciudad argentina de Mar del Plata acogió el IV Congreso Iberoamericano de Cultura.
Los contenidos temáticos del Encuentro pivotaron en torno a seis ejes esenciales: Biopolítica. Nuevas formas de gobernabilidad y gestión de la vida cultural ; Innovación tecnológica. Cultura y comunicación en la era de la información ; Geopolítica Sur. Identidades, diversidad y autonomía ; Diverso y alterno. Nuevo protagonismo en expansión ; Futuro. Posmodernidad y agenda emergente del siglo XXI ; y Economía y Cultura. Creación de valor y desarrollo . Con varias Mesas de Debate en cada uno de los ejes propuestos, el Congreso puso en diálogo diversos enfoques, miradas y tendencias, para sugerir políticas culturales y acciones prácticas en los programas de Estado y en las instituciones internacionales.
Abordando la participación popular en la cultura, la apuesta fue, y sigue siendo, reconocer y visibilizar experiencias de movilización que contribuyan, con sus propuestas y acciones, a democratizar los espacios públicos, mejorar la calidad de vida, generar agendas capaces de enfrentar la complejidad del siglo XXI y articular derechos y obligaciones.
Y es verdad que algunas de las propuestas concretas allí expuestas no deberían quedar sólo en el papel o en el aire. Porque en un contexto mundial caracterizado por crecientes tensiones políticas y culturales, se impone reflexionar sobre el nuevo paradigma cultural iberoamericano, con el fin de lograr una integración que politice los debates culturales y equilibre las asimetrías. En este sentido, justamente, la cultura está llamada a desempeñar un rol fundamental en la articulación de políticas públicas de desarrollo sostenible, en la construcción de un orden internacional multilateral, en la preeminencia de una cultura de paz, en la garantía de los derechos y en la ampliación del bienestar y la libertad de todos.
Paralelamente se celebraron diversos Seminarios y Encuentros: uno, muy interesante, sobre Periodismo, participación y cultura , coorganizado con la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI), que preside Gabriel García Márquez. Uno de sus ejes tuvo, a mi juicio, especial relevancia: «El rol y la credibilidad del periodismo cultural» como guía y referente en un mercado cada vez más segmentado. Pero hubo también reflexión sobre la música y la infancia –presente ésta, por primera vez, en las convocatorias del Congreso-, y presencia de las artes plásticas, cine y música en vivo, integradas las manifestaciones en la propia ciudad. En este sentido, y en el propio marco del Congreso, se inauguró un monumento, obra del artista Calvo Benavidez, a Astor Piazzola, hijo dilecto de Mar del Plata y músico universal. En la Plaza del Milenio, frente al Complejo que albergó el Encuentro, al lado del mar, su bandoneón parece escucharse para siempre.
Ideas subrayadas
Ahora que el espíritu de las Cortes de Cádiz ronda fechas y celebraciones, se dice que en aquel Congreso de Cádiz, cuando España trataba de liberarse del yugo napoleónico y buscar apoyos en esta línea, el indio Yupanqui dijo: «Un pueblo que oprime a otro no merece ser libre». Los bicentenarios han avivado, sin duda, el espíritu de libertad en el que la cultura ha de jugar un papel importante, porque –y se afirmó allí con prodigalidad- la cultura es la que da sentido a la condición humana, sobre todo si se integra el sentido del pueblo y de los pueblos. Y es que la «Cultura –y se valoró la definición- es todo lo que nos queda después de que hayamos olvidado todo lo aprendido». De ahí la importancia de la cultura que vertebre la acción de Iberoamérica y que haga partícipes a todos los ciudadanos en un marco de libertad y de justicia y que hurgue especialmente en la búsqueda de la creatividad popular y su potenciación. Hay programas ejemplares que siguen están filosofía.
Subrayada la base de la cultura como proyecto de desarrollo –es la nueva idea de economía creativa-, no hay que olvidar que vivimos en una época de revolución conceptual, ya que el siglo XXI ha reconfigurado la relación entre economía y cultura, vinculada ésta fuertemente a la idea de inversión y desarrollo, siempre y cuando se tenga en cuenta la diversidad, la multiculturalidad.
En este sentido, se subrayó la importancia de los medios de comunicación, a los que les pide un tránsito hacia la transparencia y a que eviten, especialmente los públicos, que los gobiernos se perpetúen en el poder. Por eso los periodistas han de volver a la humildad, a su originaria obligación de contar cosas. Máxime teniendo en cuenta la cada vez mayor importancia de la participación ciudadana a través de las nuevas tecnologías.
El diseño de nuevas políticas culturales para Iberoamérica se convierte en un reto apasionante que ha de encararse, bajo la luz de las reflexiones de Mar del Plata, desde la óptica del nuevo siglo. No se puede posponer.