AUTORES LEONESES
La vida apasionante de un judío sefardí

Memorias de un judío
sefardí. La verdadera
historia de Dan Kofler
Santiago Trancón. Infova Ediciones, Madrid, 2011. 738 pp.
Casi todo lo narrado en esta obra resulta desmesurado: desde su extensión (poco habitual en las publicaciones actuales) hasta la fuerza vital que exhibe Dan Kofler, el protagonista. Incluso la génesis de la relación entre el biógrafo y el autor responde a un pretexto literario sorprendente: el encuentro en un pueblo de Extremadura y el reencuentro en la plaza del Zocodover toledano sirven de preámbulo para encontrarse en el Ateneo e iniciar de inmediato el trabajo. Las más de setecientas páginas explican su duro proceso de elaboración. Entre ambos se establece el lazo emocional necesario para facilitar la relación entre emisor y receptor. De esta forma, a la exposición tumultuosa de Dan Kofler se une la capacidad receptiva y serena de Santiago Trancón, que aporta a lo largo del proceso apuntes del escenario en que se hallan, experiencias personales y bastantes citas de su obra poética.
Una de las claves del atractivo de la obra está en la compleja y apasionada personalidad de Dan Kofler. De extraordinaria formación cultural (la música, el ajedrez, la pintura, la cultura judía, el teatro… son para él disciplinas familiares) se muestra casi obsesionado por narrar su vida, en la que, como buen sefardita, la obsesión por España resulta esencial. De ahí el comienzo de su narración: «Empezaré contándote la historia de mi familia, que se inicia en Granada, en 1492». Los recuerdos legendarios dejan paso a la vida arrebatada, dinámica, con cambios constantes de localización espacial. Una infancia en orfelinatos, problemas familiares, amores diversos, dificultades profesionales, actividad artística variada… convierten las páginas en una auténtica vorágine.
Los problemas encuentran alivio en dos aspectos esenciales: en la obligada condición cosmopolita del personaje y en su facilidad para asimilar actividades intelectuales y artísticas diversas. Aunque resulte extraño que elabore en la Sorbona su tesis sobre Leonardo da Vinci en un año, hay probados documentos de su facilidad para la pintura (actividad obsesiva en muchas etapas de su vida y plasmada en grandes museos) e igualmente para la música. Su llegada a España lo convierte en un experto en el mundo del flamenco, en el que se adentra con el nombre de Dino del Monte. A ese mundo aportará la introducción del zímbalo, un instrumento casi olvidado que él descubre en su familia, haciendo de él un apoyo musical imprescindible.
Una vida de ritmo tan trepidante incluye abundantes e intensas relaciones personales, no siempre con armonía afectiva. Fueron situaciones dolorosas las que sufrió como hijo y sufre como padre. Un caso especial es la relación de Dan Kofler con las mujeres. De llamativa precocidad, el amor ha estado muy vivo siempre en su vida, con variadas y sorprendentes experiencias eróticas. Algo semejante ocurre en lo profesional, con éxitos y fracasos con renombradas figuras del mundo de la música.
El capítulo 63 sirve de colofón, en este largo diálogo en el que matizan por última vez sus puntos de vista, momento en el que Dan Kofler confiesa: «Tiendo a la exageración en todo: los impulsos, las emociones, el pensamiento. Me falta seriedad, sobriedad y serenidad» (p. 724). Esto explica lo dicho en líneas anteriores: las confesiones resultan apabullantes en muchos pasajes, lo cual puede restar credibilidad a muchos lectores. A pesar de la impresión de Moy Natenzon, «un judío mejicano, excelente músico» que, conocido por Dan Kofler de forma casi providencial, ratifica en las últimas líneas la excelencia de estas memorias.