Diario de León

Una suerte de drama desencadenado por celos

Publicado por
MARTA PRIETO SARRO
León

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La maja y el torero

Théophile Gautier. Ed. Barataria. Sevilla, 2010. 176 pp.

Teniendo en cuenta la época a la que pertenece Théophile Gautier (1811-1872), podrá suponer –y bien- el lector que La maja y el torero es una suerte de drama desencadenado por los celos enfermizos de un personaje al que una pasión amorosa no correspondida no le dejan vivir. La historia se describe por un narrador, constantemente presente en el texto, dispuesto a hacer de lo castizo y lo pintoresco el marco de la obra. Así es como van apareciendo los personajes: Andrés Salcedo, joven de buena posición prometido con Feliciana Vázquez de los Ríos; Militona, costurera pobre pero honrada, la tía Aldonza, curadora de Militona, don Jerónimo, padre de Feliciana… Y Juancho, el torero enamorado de manera insana de Militona y corroído por los celos. Ignoro si el personaje está inspirado en algún torero famoso de la época, pues Gautier sí se refiere claramente a otros dos, a los que nombra como las estrellas del momento: Montes (Francisco Montes Paquiro) , Arjona (Francisco Arjona Herrera, Cúchares ), Labi (Manuel Díaz) y el Chiclanero (José Redondo Domínguez).

Un encuentro casual entre Salcedo y Militona en una corrida de todos, en la que evidentemente torea Juancho, deja claro el triángulo imposible de la historia. Su desarrollo nos ofrece a Militona como el contrapunto de las extravagancias de Feliciana y a Andrés Salcedo como el polo opuesto a sir Edwards y sus modos afectados, y a Juancho, representante del varón que considera suyo lo que nunca ha sido suyo.

La obra, algo ingenua para los lectores de hoy en día, tiene un regusto curioso que se plasma en los diálogos de los personajes, las costumbres del momento (un grillo y una codorniz en el alféizar de la ventana de Militona), la interpretación de ellas hace Gautier («pues los españoles, a quien los árabes han dejado la afición por los ritmos persistentes, adoran el canto monótono, de ritmo pautado, del grillo y la codorniz»), las coplas que Juancho le canta a Militona bajo la ventana… Y, por supuesto, en el final.

Todo un placer asomarse al siglo XIX de la mano de La maja y el torero de Théophile Gautier «un lunes del mes de junio de 184…, día de toros , como dicen en España».

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