Solo la cámara de fotos lo conducía donde soplase el viento

Publicado por
NICOLÁS MIÑAMBRES
León

Creado:

Actualizado:

Pasajero K. Una novela

europea

Adolfo García Ortega. Ed. Seix Barral (col.Biblioteca Breve), Barcelona, 2012. 302 pp.

En contra de muchas de las novelas actuales (asfixiadas por un extraño y llamativo localismo, de espacio y contenidos) la obra de Adolfo García Ortega suele caracterizarse por una visión más universal, tanto por los escenarios como por la interpretación de los sentimientos. Si su última obra, El mapa de la vida, suponía una crónica espeluznante de la condición humana, transformada por los atentados del 11-M de 2004, Pasajero K ahonda en las consecuencias de algunos sucesos bélicos de la Europa moderna. Pero, frente al personaje colectivo de El mapa de la vida, en Pasajero K dos son esencialmente los personajes, Fernando K. Balmori (K en muchos pasajes de la obra) y Sidonie Maudan. K. Balmori, director de cine, se ve avocado a un encuentro fortuito en el tren, camino de París: «solo la cámara de fotos lo conducía donde soplase el viento. Y el viento había soplado hacia esa Sidonie Maudan, periodista, que había irrumpido en su vida» (p. 93).

El encuentro supone la convivencia fugaz entre Balmori (que viaja sin destino preciso, aunque se habla de las Hebraidas) y una periodista joven, que va a La Haya para aportar una información decisiva en el juicio contra Radovan Karadzic. En el romántico ambiente del tren se plantea el tema esencial: la búsqueda de la identidad por parte de los dos personajes y la hostilidad de un enemigo misterioso que acecha a Sidonie. París, Berlín, Zúrich, Roma y La Haya sirven de escenario a las tribulaciones psicológicas de ambos. En el caso de Balmori, con el agobio de los recuerdos de su pasado con Lea, su ex esposa muerta, «la caja metálica» y la obsesión por las fotos. Las preocupaciones de Sidonie miran hacia el futuro, con el ser que lleva en sus entrañas y la preocupación por el juicio de La Haya. Los escenarios urbanos (en los que se hace presente una angustiosa sensación de peligro) se complementan con la estancia en Auvers, en la granja del padre de Sidonie. Allí encontrarán un momentáneo sosiego antes de su periplo europeo. En la granja culmina la novela, con el simbólico regalo que Sidonie recibe de Balmori: «la caja metálica» con una dedicatoria: «Acéptala. Es para ti». Hay también un pendrive , con unas imágenes que reproducen «una tarjeta de embarque». Finaliza así esta novela admirable, urdida con ecos de la novela negra, una inquietante biografía del «carnicero de Sarajevo» y otros excelentes retratos psicológicos. Después de una experiencia compartida a lo largo de semanas en espacios diversos, la vida sigue su ciclo. Sidonie pasea a su hija recién nacida mientras confiesa: «Pero pienso en K.

Cargando contenidos...

Y me siento fuerte, capaz de todo (…). Aunque seamos un fragmento del mundo, un fragmento infinitesimal del mundo, somos el mundo. Nadie nos puede arrebatar esta realidad».