Diario de León

Miguel bayón. escritor

«A pocos hombres les gustan las mujeres»

Filandón

luis torres

luis torres

Publicado por
por alfonso garcía
León

Creado:

Actualizado:

Miguel Bayón (Madrid, 1947) es periodista que actualmente trabaja en El País . Además de su intensa labor periodística, ha publicado dos libros de relatos y cinco novelas. Todo por ellas , la última, fue finalista del Premio Unicaja de Novela Fernando Quiñones: divertida, satírica, desenfadada, estamos ante el comportamiento y la fantasía de los hombres ante el eterno femenino, los hábitos sociales del famoseo y el nuevorriquismo.

—¿Qué es ‘Todo por ellas’?

—Una comedia sobre el drama de que a pocos hombres les gustan las mujeres. Evidentemente suele gustarles lo que les gusta con ellas, pero no cómo son ellas. Si ellas les gustasen de verdad, a ellos les encantaría su universo, se pirrarían por estar siempre escuchándolas. Las prestarían mucha atención, incluso sin intereses se la prestarían. Y el mundo iría de otra forma: lo digo por variar, visto lo visto.

—Si eso es todo un drama, ¿por qué escribir una comedia

—Pues porque, igual que a pocos señores les gustan de verdad las damas, también sucede que a pocos escritores les gusta la comedia, prefieren el drama, ser cenizos.

—E ntonces, ¿la ha escrito por ir a la contra?

—Hombre, no ir por lo trillado resulta siempre más divertido; y como hay tanto trillado, salirse de la norma tampoco viene a ser lo más difícil. Pero la verdad es que siempre he creído, con Chesterton, que la comedia no se contrapone a lo serio, sino sólo a lo no cómico. Metiéndonos en citas, Yeats decía que la tragedia sepulta a sus protagonistas, mientras que la comedia los eleva; incluso me da la impresión de que la comedia eleva a cada personaje, principal o secundario.

—Entonces, ¿es que el mercado, a las novelas, las prefiere trágicas?

—Puede que lo que pase sea simplemente que escribir cosas de risa resulte más difícil que cosas no cómicas. A mí, dentro de lo gracioso, lo que más gracia me hace es lo que tiene maldita gracia. Por cierto, el mercado entra en esa categoría.

—¿A quién le pasan esas cosas de risa en ‘Todo por ellas’?

—A cada quisque. Pero sobre todo a los tres protagonistas: un paparazzi casi treintañero, Desiderio, que es Desi para las chicas y Derio para los chicos, y que escribe faltal y redicho, pero levanta acta porque quiere entender por qué su cuarentón colega fotero, Picaflor, se lleva a las mujeres de calle sin ningún esfuerzo, y por qué su propio modelo en la vida, el cincuentó Llamas, veterano guía turístico, siempre está enamorado y sufre de amores pero le recompensa. Desiderio relata como puede las aventuras y los coloquios que los tres se traen, lo confusos que están ante las mujeres, lo mal que se autoanalizan los tíos, lo pésimamente que se sinceran.

—¿Es una novela para chicos?

—Ya sabemos que quienes leen son las damas, de cualquier edad. He querido gastarles la broma, por lectoras, de mostrar a lo bestia el punto de vista no ya masculino, sino incluso machista. Si las lectoras aguantan el golpe, espero que sean recompensadas. Ya en mi anterior novela, Mulanga , uno de los protas era un entrenador de fútbol. El caso es, también como escritor, correr riesgos con las chicas.

—¿Dónde les suceden esos calvarios a sus personajes? —En Playacara, que es localidad de famosotes, de jeques, de horteras, de cursis, escenario de bodas de perros pijos, de ligues y maniobras para la prensa rosa, de fiestorros imbéciles y también de emigrantes pisoteados, de goteo de pateras. Un sitio donde los pelotazos y el polvo de tiza hicieron creer que era un paraíso invulnerable para los privilegiados, y que los tiempos van convirtiendo en un polvorín.

—¿Qué le ha pesado más en la balanza, el paisaje o el paisanaje?

—Ese ecosistema a la vez sórdido y ridículo permite asomarse a una fauna atractivísima de novelar. Puedes hacer cruces, injertos, y sugerir que una gran poda no vendría mal. Tienes que hacer ver que cada personaje tiene que estar precisamente allí, y que allí le puede pasar de todo. Un personaje sale a la calle en Playaclara, y lo mismo le atropella una motaza de colores que le achucha una faraona o se encuentra metido en una feria de balcánicos bailando con el oso. Digo esos ejemplos porque no los saco exactos, pero las cosas van por ahí.

—¿Por qué tiene un papel tan clave la orquesta cubana de señoritas Grancandela?

—Porque me encanta el habla cubana, y tratar de reproducirla es gooosar, chico. Y porque me permitía que esa irrupción lo pusiera todo patas arriba.

—¿Cómo ese plumilla incluso puede contar todo eso?

—Lo cuenta él, y cuenta lo que cuentan los demás y los demás. Uno de los retos de estilo de la novela es ensamblar muchos lenguajes: las burradas no obstante cargadas de sentido con que se expresa Desiderio, la elegancia cervantina que emplea Llamas, ese contraste es una buena mina para la comicidad. Los diálogos de la novela nunca son realistas, se funden alusiones cultas con hallazgos verbales que surgen sin pretenderlo. Es entregarse al desmelene pero templando la faena. Ya lo hacían los picarescos, y tiene delito que se nos haya olvidado.

—¿Qué escritores hay detrás de la novela?

—De todo, supongo. Pero cervantino soy hasta las cachas. Eso de que los personajes empiecen siendo de una forma, y luego la vida, en este caso las mujeres, les vayan poniendo en su sitio, el desmadre de las situaciones, el atisbo de posible salvación, todo eso viene de mi gran tocayo. Ahora lo habitual es que el que sale en una novela, aunque sea el propio autor que se mete en la acción, es el mismo de principio al fin, qué aburrimiento. Pero mi lista de padres y compadres literarios sería infinita: me encanta gente como Pla, Mihura, Azona, Longares. Y otro tipo de humoristas: Gombrowiz, Kafka.

tracking