Una autobiografía desmesurada y artificiosa
POR AMOR AL ARTE. MEMORIAS DEL LADRÓN MÁS FAMOSO DEL MUNDO (1940-1982) Erik el Belga Con la colaboración de Nuria de Madariaga. Planeta, Barcelona, 2012. 684 páginas

No hay duda de que las andanzas de latrocinio de René Vanden Berghe, Erik el Belga, constituyen un fenómeno artístico-social muy llamativo. Convencido de que no robaba sino que «salvaba» arte en peligro de destrucción, sus andanzas están impregnadas de profesionalidad, cinismo y osadía. Las casi 700 páginas de la obra son la crónica, en muchos casos difícil de admitir, de sus múltiples golpes de mano milagrosos.Sirva de ejemplo la narración de «La viga de la gloria». Cierto que sufrió condena y cárcel en varias ocasiones, pero es castigo mínimo respecto a las fechorías cometidas. Junto a la facilidad para llevar a cabo sus robos se narra la facilidad para toparse con almas cándidas que (coleccionistas de grandes tesoros artísticos) aceptaban con toda naturalidad llamativas falsificaciones, como las reproducciones que Erik el Belga lleva a cabo de cuadros impresionistas o la copia de un Leonardo. Paralela a este cinismo se muestra su extraña sensibilidad. Adora su madre y sueña con venirse a pasar los últimos años de su vida a su «querida Sepharad». Es ladrón que, en muchos casos, dialoga con los santos o vírgenes que está robando, lo que en alguna ocasión le obliga a dejar la talla religiosa. Por ello, en las líneas finales (refugiado en la iglesia de las Angustias, después de una crisis de glucosa) oye la voz de la Virgen. «Tú me pintarás y el pueblo me rezará». Así se explica su felicidad al encontrarse con un amigo: «Mi fiel compañero no entendería que el alma, para existir y no desfallecer, necesita alimentarse de misterios». Y… así se escribe la historia ¿O se roba?