Condenados a la utopía
la bicicleta del panadero Juan Carlos Mestre Calambur, Madrid, 2012. 480 páginas.
La hipérbole es la figura retórica que le conviene a Mestre, el hijo del panadero, el poeta. Un libro de poesía suele tener, como mucho, un centenar de páginas; el de Mestre, cerca de 500; un poema suele disponerse en forma de verso, por libre que sea; en La bicicleta del panadero , prosa y verso se suceden en diferentes poemas que suelen tener, además, una dimensión poco acostumbrada. La cosa no es nueva. Mestre ha ido construyendo un edificio con materiales de una cantera descubierta por él mismo: de ahí que su poesía no se parezca a ninguna otra. La singularidad es el signo de su obra. Su mirada sobre el mundo no la hallamos expresada de esa manera en ningún otro poeta. El efecto sobre el lector es la extrañeza, un valor estético confirmado por el formalismo ruso. A la pregunta sobre qué sea la poesía la contestación sería muy diferente a la del poeta romántico y a la de la legión de teóricos tradicionales de la poesía. No es ya que verso y prosa alcancen el mismo rango lírico, sino que la mixtura de todo tipo sea el gozne sobre el que gira la puerta de la poesía. Hay otro sentido del ritmo que deja de lado las métricas más consolidadas; si hablamos de los versículos, acaso lo más característicamente mestriano sea la marcha litánica del poema, a la manera del salmo hebreo. Por otro lado, todas las vetas posibles aparecen en esta poesía: la veta lírica y la irónica, la utópica y la desengañada, el Mestre cordial y el Mestre lúcido, el rebelde, el sarcástico y el que recuerda para que los muertos violentos no sean olvidados...
Existe en la poesía de Mestre una idea de las «correspondencias» que deja atrás las sustentadas por los vanguardismos más audaces: «De lejos todas las estatuas parecen un cura recién venido al mundo»; «La vida es hermosa como la harina en la frontera de las rosas nuevas», etc. Imaginación y fantasía son algo habitual en esta poesía, facultades que permiten construir el mundo utópico y en libertad que es la poesía, el verdadero ámbito de los sueños y de lo imprevisible; el ámbito también en el que se comunican las artes, las voces de los amigos muertos (Ursinos, Pérez Estrada, Pereira...) y de los poetas queridos (Keats, Baudelaire, Mallarmé, Lezama...) con los que el poeta de hoy entrecruza sus palabras. Entre los poemas memorables, que son muchos, citaría «La hija del sastre», «Geografía incompleta» o «Sostiene Pereira», hermosa pieza en la que sorprendemos la palabra amiga del Antonio que se fue.