POESÍA
Mañana, como ayer, día tras día
honor de la verdad Mario Luzi Traducción de Francisco Deco, Linteo, Orense, 2012. 124 pp.

En los años treinta del pasado siglo vivió Italia un clima cultural que, en lo que se refiere a la poesía fue bautizado como hermetismo. Los más grandes poetas italianos del XX iniciaron su obra dentro de tal movimiento: Montale, Luzi, Quasimodo y varios más. Pasada la trágica experiencia de la segunda guerra mundial, los herméticos viraron hacia una poesía imbricada en lo humano, en lo emocional y en la claridad expresiva. El cambio ocurrió en poemarios como Giorno dopo giorno de Quasimodo y Onore del vero de Mario Luzi, al que me voy a referir en las líneas que siguen.
Onore del vero (Honor de la verdad) se publicó en 1927. Luzi había publicado antes, en 1940, Avvento notturno, un poemario clave de la corriente hermética. La apertura poética a la vida, al hombre y a la emoción fue motivada por una reflexión profunda sobre la poesía. Mario Luzi detenta uno de los pensamientos más lúcidos sobre la poesía italiana y la necesidad de acercarse a la vida conciliando al hombre con la naturaleza, lo objetivo y la interioridad anímica, el ideal y lo concreto. Su propuesta fue sustituir a Petrarca por el contacto con el infierno dantesco, menos puro, pero más hondo y entrañado con el dolor. Estas y otras ideas de Mario Luzi pueden seguirse en el prólogo que Francisco Deco antepuso a la edición que de Honor de la verdad ha publicado Linteo en edición bilingüe.
Leyendo la poesía de Luzi imaginamos un sujeto que, mano en mejilla y la mirada tendida hacia el valle acostumbrado, medita melancólicamente sobre el transcurrir de las horas; un sujeto que, con la conciencia del fluir temporal a flor de alma, no parece esperar nada más allá del paso de los días: «¿Qué te ha traído este día?», se pregunta el poeta: «gente, lluvia en la lluvia, humo». En el ámbito rural en que sitúa su poesía, el poeta contempla la naturaleza sin ansiedad ni calma; pero ¿qué es lo que alimenta esta poesía que, instalada en la realidad, parece dejar huecos para el misterio? El poeta medita con un «pensamiento turbado», asistido por el intrínseco dolor de la existencia. Los elementos naturales de los que brotan los poemas están siempre humanizados. En ese paisaje hay hombres, concebidos como verdaderos arquetipos. Porque hay hombres, la soledad del poeta es una soledad solidaria: «Ofrecer, comunicar el fuego a otros, descender / a este trámite humilde hasta que dure / nuestra búsqueda a ciegas de la puerta / al fondo del oscuro corredor».