Diacronía vital y sincronía sentimental
absolución Luis Landero Tusquets Editores, Barcelona, 2012. 318 páginas.

Hay en la obra de Luis Landero un objetivo constante: convertir a sus personajes en símbolos de inesperadas actitudes, no exentas de una curiosa filosofía vital. Lino, el protagonista de Absolución , participa de ello, como se observa en la segunda página de la obra, al recordar una cita de Pascal oída en su adolescencia: «Todos los infortunios del hombre vienen de no saber estarse quieto en un lugar». Pero Lino parece haber encontrado el descanso en su constante deambular: se casará el domingo con Clara.
La novela es el recorrido de Lino camino de casa de Clara, donde se celebrará una comida familiar. Esta sincronía personal (en la que le ocurrirá una desgracia, causa de un suceso luctuoso y de la huida inesperada de Lino) es a la vez la narración de su diacronía vital, desde la infancia con su padre, un hombre primario, y la admiración por don Gregory y sus quimeras australianas. Lino, a pesar de su cultura, es personaje picaresco: hombre de muchos oficios, pero aficionado a la historia antigua, logra el que parece trabajo definitivo en el hotel del señor Levin, padre de Clara, de quien Lino se enamora. Simultáneamente va forjándo una honda amistad con él. Lino huirá pero volverá al hotel, donde se reencuentra con el señor Levin, ansioso por el retorno de Paula, su joven amante de otro tiempo. A fin de cuentas, Lino es para Levin su trasunto masculino. Por eso Levin sueña con que «seas albacea sentimental, quien hable por mí cuando yo ya no esté…» (p. 317)». Levin, avocado a la muerte, está dando la Absolución a Lino, perdonándole su condición de pícaro y confesando, ante las dudas de Levin respecto a otra posible fuga… «- No, creo que esta vez llegaré hasta el final». Pero tanto el lector, como Lino, oyen «el eco de aquella musiquilla celestial». Con ella finaliza una novela que, de forma sutil, avanza destruyendo lugares comunes y consiguiendo excelentes resultados literarios.