Diario de León

«Mis novelas pretenden desatar la imaginación y los sentimientos»

El Leonés julio llamazares, uno de los narradores más brillantes, ultima ‘las lágrimas de san lorenzo’, una novela de sentimientos. confiesa que le ha tentado volver a escribir sobre maquis...

juanjo martín

juanjo martín

Verónica Viñas
León

Creado:

Actualizado:

—¿Cuándo verá la luz su próxima novela, ‘Las lágrimas de San Lorenzo’?

—La próxima primavera. Al menos, esas son las previsiones.

—¿De que trata la novela?

—De la vida, del paso del tiempo, de lo que todas. Es difícil explicar de qué trata una novela. Y más cuando se trata, como esta, de una novela en la que la estructura es el argumento y la historia no juega un papel principal. Se trata de una novela de sentimientos, si se la puede calificar así.

—En el 2005 escribiste un reportaje titulado ‘Las lágrimas de San Lorenzo’, ¿fue ése el germen de la novela?

—El germen, no. En todo caso, un pequeño avance.

—¿Qué se pierde con la edad?

—La vida.

—¿Hacia dónde va un país que no valora la cultura?

—Yo no creo que este país –si te refieres al nuestro– no valore la cultura; o por lo menos no menos que otros. Hay gente que la valora y otra que no. Otra cosa es qué entendemos por cultura. Tampoco yo valoro, pese a que me puedan identificar con ella, la que se entiende habitualmente por tal.

—¿Les pones nombres y caras a la crisis?

—Por supuesto. Es que los tiene.

—¿La crisis le va a venir bien a la creatividad?

—La creatividad no depende de las crisis económicas. Depende de otras crisis muy distintas.

—Tanta pasión ¿para nada?

—Para seguir viviendo mientras se pueda.

—¿Estás saturado de catedrales o vivirías en una?

—No estoy saturado de catedrales, en absoluto; al contrario: cada vez me apasionan más. Pero de ahí a vivir en una… Todavía no estoy tan loco.

—¿Te agobia pensar en el mañana?

—No. Lo único que me agobia es pensar que un día ya no lo habrá.

—Dice Antonio Gamoneda que en los últimos 70 años no ha habido un gran movimiento poético, ¿estás de acuerdo?

—Seguramente. De todos modos y ya que lo citas, te diré que Gamoneda es él solo un movimiento poético. No conozco a un poeta más poderoso que él en nuestro país. Su último libro, Canción errónea, es toda una demostración de ello.

—¿La poesía la tienes ‘arrinconada’?

—Nunca he dejado de hacer poesía. La hago todos los días, aunque no como género, está claro.

—¿Qué te parece que las editoriales se vuelquen ahora con Carnicer o Pereira?

—Me parece muy bien; son dos escritores a los que aprecio mucho. Lo único que deseo es que ese interés no decaiga, que es algo que ocurre muy a menudo, por desgracia.

—Ahora que se celebran los cincuenta años del boom latinoamericano, ¿cuál de esos escritores es tu favorito?

—Juan Rulfo, con diferencia.

—¿Crees que se pueden crear nuevos lectores entre los jóvenes si en los colegios les obligan a leer ‘El lazarillo de Tormes’?

—Depende de cómo se lea, a qué edad, con qué apoyos pedagógicos… Como todo en la vida, el ‘depende’ es fundamental. El Lazarillo es un libro maravilloso. Cualquiera puede disfrutar con él, pero depende de cuándo y cómo.

—Cuando escribes, ¿te pones alguna vez en el lugar del lector?

—Cuando escribo no pienso en nadie, sólo en lo que a mí me gusta.

—¿Qué sentimientos te gustaría despertar en el lector?

—Los que yo siento mientras escribo, lógicamente.

—¿’La lluvia amarilla’ resultó dramáticamente premonitoria de lo que ha ocurrido en el medio rural?

—Premonitoria, no. Lo que la novela cuenta ya estaba sucediendo entonces.

—¿Cuándo escribes un libro te planteas en algún momento si va a ser o no un éxito?

—Por supuesto, siempre que escribo un libro quiero que sea un éxito. Pero para mí el éxito no es el comercial.

—¿El peor reto de un escritor es superar siempre el libro anterior?

—Yo no concibo los libros como retos. En todo caso, como escalones de una escalera que no sé a dónde me conduce. Pero lo interesante es seguir subiéndola.

—¿Tienes pendiente algún proyecto cinematográfico?

—En este momento no ¡Está el cine español como para proyectos!

—¿Cuáles son tus fantasmas?

—¿Mis personajes?… No tengo una respuesta para eso.

—Ahora que no dan la calefacción y quieren separar a niños de niñas, ¿volvemos a la escuela de tu infancia?

—Espero que no. Las escuelas de mi infancia están muy bien en las fotografías, en la literatura, en el cine… De todos modos, tampoco eran tan malas. De ellas salimos y, mal que bien, aquí estamos. Unos más listos y otros más tontos, pero aquí estamos.

—¿Sigues frecuentando el Barrio Húmedo?

—Más que Zapatero sí… Es una broma. Seguramente a éste le gustaría poder frecuentarlo como hacía antes de ser presidente del Gobierno, pero la política tiene esas servidumbres. La suerte que tenemos los escritores es que podemos seguir haciendo la misma vida, si queremos.

—¿Hay que mantener la minería a toda costa?

—El asunto de la minería es muy complicado, no se puede simplificar tan alegremente como se está haciendo. En todo caso, echo de menos un poco de coherencia en muchas personas. Por ejemplo, lo que no se puede es apoyar mayoritariamente en las urnas a un partido liberal y pretender luego que éste no aplique su ideología a la realidad. Aunque lo que ya es el colmo es ver a políticos representantes de esa ideología, incluso a dirigentes destacados, capitaneando la oposición a ella. Es como ver a un verdugo manifestándose contra la pena de muerte.

—¿Te consideras ‘dentro de’ la literatura leonesa?

—Ni dentro ni fuera. Es que no sé qué es la literatura leonesa.

—¿Te has buscado en las enciclopedias y en Wikipedia?

—Alguna vez, no muchas.

—¿Tienes Facebook?

—No. Prefiero ir al bar y hablar con los amigos directamente.

—¿Eres lector de libros digitales?

—Tampoco. Soy de la generación del papel y me gustan los libros de verdad. Me pasa como con el Facebook.

—¿Cómo son los paisajes de tu alma?

—Los voy contando en mis libros.

—Como escritor de libros de viajes, ¿qué viaje recomiendas?

—Más que un viaje, recomendaría una manera de viajar: siguiendo un libro de viaje escrito por otro. Yo lo he hecho con el libro de Carnicer sobre La Cabrera, por ejemplo, y puedo asegurar que es una experiencia muy enriquecedora.

—¿Compensa económicamente publicar un libro?

—A la editorial a veces; al autor siempre. El escritor escribe para que lo lean.

—¿No te ha tentado escribir otro libro sobre maquis?

—Pues mira, sí, pero no lo he hecho. En todo caso, habría sido una crónica periodística. Tenía pensado hasta el título: El secuestro de Arriola (Crónica de la guerrilla antifranquista en la montaña central y oriental leonesa).

—¿De León echas algo de menos?

—A las personas que ya no están. Y algunos sitios que también se fueron, como el Bar Montecarlo o Casa Chana, en La Vecilla. Hay lugares y paisajes que se echan tanto de menos como a las personas.

—¿Eres tu peor crítico?

—No. En León tengo muchos, sin ir más lejos.

—¿Cuando empiezas una novela tienes todos los cabos atados desde el principio?

—En absoluto. Y tampoco cuando la termino. Mis novelas no pretenden atar nada; al contrario, lo que pretenden es desatar la imaginación y los sentimientos.

—¿El oficio de escritor es el más solitario de todos?

—No lo sé. Lo que sí sé es que es una de las cosas que más me gustan de él. Como decía Fernando Pessoa, «escribir es mi manera de estar sólo».

tracking