poesía
Nada gira alrededor de un centro único
la mano en el río Aldo Sanz Imágenes de E. Tranche, prólogo de T. Sánchez Santiago, León, Diputación / Instituto Leonés de Cultura, 2012. 108 páginas.

Hay poetas que nos llevan de la mano sin esfuerzo, pasivamente. Otros, en cambio, componen poemas que ofrecen resistencia y piden colaboración. De esta segunda estirpe es Aldo Sanz, como lo son García Valdés o Víctor M. Díez o, hacia atrás, Celan o Mallarmé, cada uno en su línea. Es poesía necesitada de un lector esforzado, renuente, indócil. Es el lector que prefiere La mano en el río, de Aldo Sanz, con prólogo de Sánchez Santiago, maestro oculto o declarado de muchos poetas de aquella línea, que comenta: «Querer aclarar aquí lo que se entregó turbio y celado por el poeta sería un acto verbal de deslealtad». Por mi parte sería también acto desleal querer dar unidad a lo que se ofrece desmembrado, aunque uno sorprenda fogonazos que le guían en el intríngulis del camino. Vencer la dificultad es una suerte de placer estético. «En ocasiones no avanzaba la reja por culpa de un nido de piedras». No es mala imagen para quien se enfrenta a la dificultad. La de esta poesía proviene en buena parte de la asunción de lo fragmentario como sustancia del poema. La pieza se da incompleta, astillada, creando vacíos entre las palabras, yuxtaponiendo los enunciados, sin continuidad sintáctica, sino con intermitencias e interrupciones. La poesía admite la forma disgregada para ostentar los brillos sueltos de la memoria (o sus borrosidades), las costras fosilizadas en el presente.
No pretendo, por lo tanto, reponer, completar o unificar, pues «nada gira alrededor de un centro único». Pero no es difícil asumir ese mundo reconstruido con los pedazos de la memoria: el niño, el huerto, el caballo, la casa, el hambre, lo rural (vendimia, trilla, arado, gavillas, alpacas...), con la presencia afirmadora de la madre («sus ojos eran pan en la linde de la hoguera»), con alguna imagen apremiante («una navaja clavada en la mosca viva»), la silueta del abuelo, «un bastón avanzando», «despacio camina el que describo», etc.
Hay momentos, en la segunda parte del poemario en los que el poeta se enreda en «la poética de la acumulación y el dominio de los matarifes». ¿Cómo prescindir de las miserias del presente?: «La artesanía contemporánea es el resumen de la podredumbre».
La mano en el río es título que evoca el río manriqueño que corre por toda la poesía española. La mano no podrá detener el paso del agua; será sólo un levísimo obstáculo en su fluencia hacia la mar.