Diario de León

POESÍa

La luz y la memoria

obra poética (1956-1998) Eduardo Mitre Pre-Textos, Valencia, 2012. 450 páginas.

Publicado por
josé enrique martínez
León

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Eduardo Mitre es un poeta boliviano. Nació en 1943 y ha publicado en España su Obra poética ente 1965 y 1998. En los últimos años ha añadido los libros El paraguas de Mahattan (2004), Vitrales de la memoria (2008) y Al paso del instante (2009).

Desde el principio sorprendemos imágenes tersas como ésta: «Columnas / de fuego encarcelado / tus dos muslos». Observamos el gusto de Mitre por el verso corto; a diferencia de la voz torrencial de muchos poetas del otro lado del océano, Mitre recorta, mide y ajusta. En consonancia con ello, su poesía recoge impresiones, «juegos de la luz», e insinúa el pequeño detalle, la observación menuda. Muchos poemas de sus primeros libros, si no son haikus, recogen su espíritu: «En el fondo del lago: / El bosque callado». Rasgo sobresaliente es la delicadeza de mirada, de voz, de tacto, de oído. Asombra cómo el poema muy breve densifica su significado. No es extraño que recree la desnudez del cuerpo amado: es el correlato de la desnudez del verso, y su sensualidad equivale a la del paladeo de la palabra.

En libros posteriores, otros temas acucian al poeta, principalmente la muerte, referida a personas concretas: el padre, Lezama Lima o Pizarnik. La muerte atrae palabras como impotencia, silencio, recuerdo, etc. Los poemas pueden ahora alargarse, como ocurre con Carta a la inolvidable, que no es otra que la Susana San Juan de Comala, presencia casi obsesiva en la poesía de Mitre, el cual hace poesía, asimismo, de las cosas normales de la vida, como la silla, la ventana, la mesa, la vaca, metaforizada como «paz forrada de viento» o las sábanas, «islas de paz en la errancia»... Son imágenes que sintetizan una visión.

La poesía de Mitre es síntesis y condensación, palabra no expansiva. En una sola palabra, «mirabilia», puede resumir todas las maravillas de la vida. Pero la palabra concentrada de Mitre no intelectualiza lo percibido, a la manera de Guillén; ofrece sensaciones, no conceptos. No permanece estáticamente en lo pensado, sino en la fluencia temporal. Es una poesía de camino, no de posada. Una de sus obras se titula Razón ardiente, título que une pasión y pensamiento. Una de esas pasiones es el hijo; otra, la amistad; pero la pasión mayor es la vida misma. Mitre es un poeta vitalista. Su poesía es un canto a la vida y a la palabra. Cuando acabamos de leer a Mitre algo positivo permanece en nuestra mente: por ver lo que vemos y sentir lo que sentimos merece la pena vivir y haber vivido.

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