novela gráfica
Thoreau en viñetas
la vida sublime HA. Dan (ilustraciones) y Maximilien Le Roy (guión) Editorial Impedimenta

En Europa, el nombre de Thoreau no suena mucho entre la gente común. Se le conoce algo más en los espacios militantes y políticos por una razón: Henry David Thoreau figura como el padre de la desobediencia civil —esa proposición individual y potencialmente colectiva que reclama impugnar un poder (o un decreto, una ley, etc.) ilegítimo o autoritario, por el método de negarse a consentirlo—. Más concretamente, Thoreau se opuso a la esclavitud, aún en vigor en los Estados Unidos, y a la guerra que estos mantenían contra México. Con todo, su nombre se ha visto sometido a simplificaciones, como mínimo, perjudiciales: se lo aureola con los calificativos de pacifista y no violento; en resumen, se bosqueja el retrato de un pensador apacible… Es decir, inofensivo. ¿Realmente era «un dulce soñador» aquel que pensó en organizar «complots contra el Estado» y en «hacer saltar el sistema»? Un examen atento de su obra y de su reverso, la biografía, rechaza estos confortables atributos. Thoreau fue un filósofo, un escritor y un poeta para el que las ideas solo tenían sentido a condición de que tomasen cuerpo en una práctica efectiva y concreta. ¿Manejar mayúsculas y abstracciones para una tribu de intelectuales y especialistas? No le interesaba en absoluto. Su obra invita a llevar una vida filosófica en el día a día, no a cincelar conceptos para uso exclusivo de las bibliotecas.