Diario de León

Los escritores que más pintan

l. Los leoneses Crémer, Ares, Mestre o José María Merino han puesto imágenes a sus propios libros. La poesía tiene muchos lenguajes y, en ocasiones, las palabras se tornan imágenes. los leoneses Mestre, ares, crémer o merino han expresado su talento también a través del dibujo.

Detalle de una obra del poeta y artista berciano Juan Carlos Mestre. A la izquierda, animal imaginario de Adolfo Alonso Ares

Detalle de una obra del poeta y artista berciano Juan Carlos Mestre. A la izquierda, animal imaginario de Adolfo Alonso Ares

Verónica Viñas
León

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Yo soy un escritor que además pinta, solía decir Dalí. En junio el Instituto Leonés de Cultura dedica una exposición al bestiario inédito del poeta Adolfo Alonso Ares, pero ya en el pasado mostró en La palabra pintada la estrecha relación entre pintura y escritura. Juan Carlos Mestre, que ayer se alzó con el Premio Nacional de la Crítica, es el ejemplo del artista ‘total’. Escribe, dibuja y suele participar en recitales acompañando al cantautor leonés Amancio Prada.

Para Dalí y el resto de los surrealistas un tema crucial fue, precisamente, la vinculación entre la escritura y la pintura. El propio Victoriano Crémer, en su última exposición, quiso mostrar sus Garabatos, título que él mismo daba a los dibujos que le inspiraban sus poesías. Aparte de los escritores que pintan, la delgada línea entre ambas disciplinas ha llevado a algunos poetas, como el Cervantes leonés Antonio Gamoneda, a colaborar con reconocidos artistas de la talla de Tàpies. La publicación ahora del Poeta en Nueva York tal y como la concibió hace 77 años García Lorca pone de actualidad a los escritores que pintan. Hemingway dijo en cierta ocasión que aprendió a escribir de la mano de los pintores.

Mestre no sólo ilustra sus propios poemarios, sino que también ha puesto en imágenes la verdad poética de Gamoneda en Extravío en la luz; amén de tener pendiente Las venas comunales . Un libro en el que, según el autor de Edad, «teóricamente, los dibujos no tienen por qué tener una correspondencia clara con los poemas, ni a la inversa. Pero sí hay una comunidad de visión, en relación con la realidad existencial y su condición poética. Pensamos con cierta cercanía y es probable que esto aparezca de alguna manera», adelantó.

El autor del Libro de los venenos siempre ha sido un poeta de amplios horizontes. Su pasión por la música, por ejemplo, se refleja en Blues castellano. Gamoneda, asimismo un amante del arte, ha colaborado con Álvaro Delgado en el libro Eros y Thanatos; el citado Tàpies le ilustró el poemario ¿Tú?; Memoria volcánica se publicó con grabados de Amaya Bozal; y las reproducciones de Albert Agulló ilustraron Encuentro en el territorio del frío.

Un libro singular fue Lapidario incompleto, publicado en 1984, con textos de Gamoneda, Luis Mateo Díez y José María Merino con grabados al aguafuerte de Félix Cárdenas.

Los mandalas de Merino

No sólo a la poesía le brotan las imágenes, sino que narradores como el académico leonés José María Merino han ilustrado sus relatos. Los Cuentos del libro de la noche son un compendio de microrrelatos fantásticos acompañados de dibujos realizados por el propio autor. El escritor, reciente Premio de la Crítica de Castilla y León por El río del Edén, recurrió al dibujo porque «sabía que para los textos necesitaba algún elemento que ayudase a dar ritmo a la lectura». A Merino la afición por el dibujo le viene de lejos, de su época de escolar. Ya entonces le gustaba pintar, el grabado y el collage y pensó que el libro era una buena excusa para retomar esa antigua afición. Antes de atreverse a publicar sus dibujos a Merino le delataban las dedicatorias de los libros. No es uno de esos escritores que se limita a poner su firma. Siempre incluye algún mandala, una suerte de laberintos hechos con tinta de boli. Merino también ilustró su saga del Cuaderno de hojas blancas, tres libros infantiles que publicó entre 1996 y 1998. Pepe Hierro también acudía a las ferias de libros con una caja de acuarelas, para ilustrar las dedicatorias.

El inolvidable cuentista villafranquino Antonio Pereira escribió: «Los que hemos visto nacer a Mestre y decidirse por la religión de la belleza, sabemos que en sus versos está el fruto integral de la poesía, y ese pan es el mismo pan cuando en vez de palabras nos entrega imágenes; grabados, esta vez, que sentimos como una incisión en la carne».

Criaturas inéditas

El poeta astorgano Adolfo Alonso Ares hará visible un bestiario que lleva dibujando toda su vida en la exposición que albergará el palacete de Independencia (Centro Leonés de Cultura), donde se pondrá al descubierto su faceta más secreta. Ares ha creado un mundo de animales imaginarios. Una colección de más de 1.500 criaturas imposibles, como tigres que no lo son, pájaros inventados de colores inverosímiles y algunos pocos monstruos. Animales que inspiran las historias que acompañan a las ilustraciones. Especímenes fabulosos que provocan poemas, hasta la fecha tan inéditos como los dibujos.

Del mismo modo, a los 102 años Victoriano Crémer mostró una de sus aficiones ocultas: el dibujo. El poeta reveló su faceta pictórica con una selección de lo que dio en llamar «sus garabatos», de trazo geométrico, colores estridentes y que, en palabras del Alonso Ares, «rozan el mundo de la abstracción».

En la misma línea que otros poetas como José Hierro en los últimos años de su vida, Francisco Pino con sus poeturas o Rafael Alberti con sus liricografías, el centenario escritor leonés se estrenó con cerca de una treintena de pequeños dibujos y trazos simbólicos rotulados en tinta roja, verde y amarilla. Los dibujos dieron la vuelta a la comunidad a bordo de una exposición organizada por el Instituto Castellano y Leonés de la Lengua.

Los escritores que pintan atrajeron también la atención del reconocido escritor norteamericano Donald Friedman, que les dedicó su libro Y además saben pintar, un volumen donde incluye más de 200 obras de un centenar de autores: de Dostoievski a Kafka, Faulkner, Proust, o Günter Grass. En el volumen únicamente figuran dos españoles: Lorca y Alberti.

Decía la también escritora norteamericana Flannery O’Connor que «aprender a ver es la base de todas las artes, a excepción de la música. Conozco a un buen número de escritores que pintan, no porque se les dé bien, sino porque les ayuda a escribir. Les obliga a mirar. Narrar consiste muy raramente en decir algo: consiste en contarlo».

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