Diario de León

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La baraja del corazón

A CUATRO DÉCADAS DE SU PRIMER LIBRO NARRATIVO, LUIS MATEO DÍEZ EXHIBE EL MAGISTERIO DEL FABULADOR. NO IMPORTA LA DISTANCIA QUE ESCOJA, PORQUE SUS FICCIONES SIEMPRE RESPONDEN AL SORTILEGIO DE UNA ALIANZA SIN TRUCO NI CARTÓN: MEMORIA, IMAGINACIÓN Y ALTA LITERATURA. . divergente

El escritor Luis Mateo Díez durante la entrega del premio Umbral

El escritor Luis Mateo Díez durante la entrega del premio Umbral

Publicado por
ERNESTO ESCAPA
León

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Después de una veintena de relatos novelescos, Luis Mateo Díez (Villablino, 1942) dispone de un universo literario singular y exclusivo. Sus personajes, de factura y nombres peculiares, se desenvuelven en escenarios grises, que parecen predispuestos para alojar la rendición de la derrota o la doma de los sueños. Son tipos de una audacia resignada, que resultan tiernos y a menudo extravagantes. Su peripecia sombría se clarea con el disolvente del humor, contrapunto eficaz para evitar el acecho del costumbrismo. Ese orbe literario, que conjuga lances indecisos y tiempos menesterosos, se asienta en una prosa de apresto tectónico. Ahí radica el timbre de calidad de este autor irrepetible. Su escritura disuelve en humor la herencia de la memoria rural y somete el legado de los relatos orales y su prosodia de frases hechas al quiebro irónico de los esguinces líricos.

LAS EDADES DEL MAESTRO

Cuatro décadas después de su estreno narrativo con los relatos de Memorial de hierbas (1973), Luis Mateo Díez es el primer clásico de su generación. En su trayectoria, destacan novelas llamativas por la complejidad formal y por su destreza en el manejo de registros muy diversos, como La fuente de la edad (1986), y otras que deslumbran por su ambición, como La ruina del cielo (2000). Ambas cosecharon los premios Nacional y de la Crítica, que distinguen a la mejor novela de cada año. Estas cumbres de su obra enlazan entre sí mediante una cadena de títulos que recoge el avance y los giros de su proyecto narrativo. Cada lector tiene sus preferencias, que combina con un escogido joyero de piezas breves, en las que lo relevante es la concisión evocadora, porque se trata de relatos que en su fugacidad sugieren un universo narrativo. Siempre traigo a cuento el magistral Brasas de agosto .

Después de la inmersión en el letargo provincial, a la que da una primera vuelta de tuerca con Camino de perdición (1995), sucede la fundación de Celama, una comarca sin árboles ni montañas, metáfora fúnebre de la extinción de un modo de vida tradicional. Pero la secuencia de los ciclos no agota la fertilidad de sus territorios narrativos y en 2004 Fantasmas del invierno recobra la cartografía de la ciudad raposa, un burgo aterido por los miedos de la posguerra. Ese relato expresionista nos traslada el insomnio de unos personajes que maceran los horrores de la represión, el espanto de los muertos arrojados al río y el enjambre acuciante de menesterosos que transita sin descanso con el frío y el miedo metidos en los huesos. Un lustro más tarde, El animal piadoso rescata el molde narrativo de novelas memorables como El expediente del náufrago (1992) y nos devuelve al espacio mágico de Celama, un territorio habitado por un censo mestizo de personajes doblegados y fantasmas inquietos. Son novelas que denotan una maestría consumada en el manejo de los recursos literarios. Dos de los libros mayores de Luis Mateo en la primera década del siglo.

FÁBULAS DEL SENTIMIENTO

En ese mismo período, entre 2001 y 2008, publicó en cuatro trilogías las doce novelas cortas de las Fábulas del sentimiento (2013), que marcan otra de las cumbres relevantes de su obra. Leídas por separado o en sus ciclos parciales, carecían del voltaje que adquieren al agruparse con un orden nuevo. El bastidor de las historias, sus escenarios y personajes, se corresponden con el territorio y el tropel de su autor, pero la indagación moral y la intensidad narrativa conceden a estas novelas una dimensión más profunda. Sus atisbos ofrecen una mirada penetrante a los pliegues de la condición humana y en su lectura nos enfrentamos a una auténtica cartografía de las pasiones. La lima de la ruina acaba consumiendo a personajes y escenarios, de manera que su silueta alcanza la elocuencia del símbolo, mientras el estilo del autor prescinde del recreo anecdótico y tiende hacia la espesura de los sentimientos.

Fábulas del sentimiento supone un explícito homenaje a Cervantes y un aporte esencial a un género narrativo que entronca con el legado de los grandes escritores rusos del diecinueve, a la vez que enlaza con hitos de la literatura contemporánea, en la estela de Kafka, Camus o Rulfo. En su propia obra, La mirada del alma (1997) es el precedente más poderoso. A través de argumentos escuetos, que se alimentan de sueños, fantasías, culpas y olvidos, incentiva un espacio de misterio y propone una lectura moral que ofrece la contemplación amarga de la vida. El estilo, despojado de alardes, alcanza un tono simbólico, que incorpora la participación del lector en la pesquisa de sus meandros, en el rechazo o seguimiento de las derivas que ofrece. Leídas en conjunto, estas fábulas de cuño cervantino emocionan y a menudo perturban. Son estaciones de una historia única, cuya secuencia activa su significado moral y la ambición de un empeño literario de altos vuelos. A día de hoy, constituyen la cima de Mateo.

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