poesía
Le cambio sus asombros por mis dudas
no sé por qué patio de locos Andrés Neuman Pre-Textos, Valencia, 2013. 88 pp.

Le cambio sus asombros por mis dudas» le dice el poeta a la poesía. La poesía incluye, en efecto, el asombro, y el poeta reitera a lo largo de treinta poemas sus dudas o su ignorancia: «No sé por qué» es el comienzo anafórico de cada uno de los treinta poemas del libro homónimo que se publica junto a Patio de locos en un solo volumen. El poeta es Andrés Neuman, nacido en Buenos Aires en 1977, pero crecido y formado en Granada. Narrador destacado, con novelas como El viajero del siglo , es también nombre habitual en las antologías de la poesía del momento.
No sé por qué incluye una mirada curiosa sobre gustos y actitudes de uno mismo antes las cosas y acciones rutinarias: «No sé por qué fumar me encanta», «No sé por qué me enjabono primero la entrepierna»... Hábitos como estos merecen la atención del poeta para extraer de ellos una idea más o menos ingeniosa. Se trata, en efecto, de reflexionar brevemente, como en un apunte, sobre la extrañeza de lo habitual, sobre lo impensable de las cosas cotidianas, sobre las actitudes que tomamos y hasta sobre lo que recordamos: «No sé por qué nos asombra tanto/ acordarnos de aquello que hicimos juntos». Los porqués del poeta se ciernen sobre muchos otros aspectos: el afán de buscar tres pies al gato, las menudas contradicciones entre el pensar y el hacer o entre la duda y la certeza; también sobre ideas tenidas como verdades, por ejemplo, la de que la música es un arte abstracto, cuando tiene ritmo, volumen y timbre y «la componen personas que tosen y defecan». Pero no han de buscarse graves pensamientos. Se trata más de intuir más que de pensar, algo acorde con los porqués que atañen a cuestiones más habituales que vitales, como esta: «me busco en google para saber adónde he ido».
El segundo poemario, Patio de locos , con otros treinta poemas, nos circunscribe a un espacio, unos personajes y una realidad especial. El espacio es el manicomio donde conviven, en realidades aparte, los locos y sus cuidadores. Aquellos viviendo en soledad, construyendo cada uno su propio mundo, sujeto a una lógica desacostumbrada, pero no por eso arbitraria; los cuidadores, por su parte, dispuestos a «administrar razón en breves dosis», representan la cordura con sus pequeñas miserias. No falta otro personaje: el narrador que matiza, ironiza y mueve los hilos de los personajes y del discurso, con guiños hacia ese lector cómplice para el que escribe todo buen poeta.