Diario de León

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Graham Greene, visitante accidental

HACE TREINTA AÑOS, ‘MONSEÑOR QUIJOTE’, de GRAHAM GREENE PROTAGONIZÓ EL LANZAMIENTO ESTACIONAL DE ARGOS-VERGARA, UNA FÓRMULA DE PROMOCIÓN QUE DESTACABA CUATRO NOVEDADES LITERARIAS AL AÑO A UN PRECIO MUY TENTADOR. . divergente

Retrato del escritor británico Graham Greene

Retrato del escritor británico Graham Greene

Publicado por
ERNESTO ESCAPA
León

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Aquel invento editorial de Mario Lacruz, que se llamó Las Cuatro Estaciones, lo había estrenado cuatro años antes el novelista de Cerulleda, Jesús Fernández Santos, con Extramuros , a la que dio el relevo primaveral El factor humano, de Greene. La novela quijotesca surgió de un viaje peninsular con Leopoldo Durán (1917-2008), un cura gallego de la diócesis de Astorga enviado a Londres por el obispo Briva Miravent para estudiar literatura inglesa, que luego fue profesor en la Complutense. Pasaron por León el día del Carmen de 1977, poco después de las primeras elecciones. Venían de rendir tributo a Unamuno en Salamanca e hicieron un alto para comer de picnic junto al Esla en Mansilla, donde les sorprende un fugitivo, que al llegar a León se quedó con sus zapatos. Visitan la catedral y reponen el calzado en una tienda del Burgo Nuevo, para seguir camino en el Seat 850 hacia el monasterio orensano de Osera. Allí les recibe Damián Yáñez Neira, el monje estudioso de Gradefes que cuida la biblioteca y la bodega.

ESPLENDOR EN LA CATEDRAL

De paso, hacen velada en los paúles de Villafranca, cuya bodega frecuentan, y a la mañana siguiente, un alto en Cornatel y en el lago de Carucedo, evocando a los templarios de Gil y Carrasco. Ya en Orense, con buen vino y una comida sustanciosa, Greene dibuja su postal del país: «La universidad de Salamanca; las vidrieras de la catedral de León; y la hospitalidad, auténtico espíritu de España». Tres años después, se filmará la película de Rodney Bennett Monseñor Quijote y su protagonista Alec Guinness repetirá el deslumbramiento con las vidrieras en el interior de la catedral. El papel de Sancho lo interpreta Leo McKern. Como ha ocurrido tantas veces en su obra, los viajes anteceden a las novelas. A menudo, va dejando testimonio documental de esas aventuras, que luego dan pie a una novela. Lo hizo con su estancia en Liberia ( Viaje sin mapas , 1936), en México ( Los caminos sin ley , 1939), en Sierra Leona ( En busca de un personaje, 1961) y en Panamá ( Descubriendo al general, 1984). También en sus libros autobiográficos: Una especie de vida (1971) y Vías de escape (1980). En esa estela aparecen novelas como El poder y la gloria (1940) y Un caso acabado (1961).

Las mejores novelas de Greene son las que abordan conflictos morales en situaciones límite. El Vietnam de los años cincuenta ocupado por los franceses, en El americano impasible (1955); la corrupción en la Cuba de Batista, en Nuestro hombre en La Habana (1958); El Haití del terror, en Los Comediantes (1966); la atmósfera de secuestros y terrorismo e Argentina y Paraguay, en El cónsul honorario (1973). En sus páginas crepitan las ideas en combustión. Cuestiones sociales, políticas o religiosas. Esa batería de compromisos los alejó del Nobel. Sus relatos albergan la búsqueda de libertad de unas criaturas sometidas al desgaste de la lucha por la vida día tras día. Esa huella lacerada está presente en todos sus libros y, como señaló su amigo Tierno Galván, «tiene el mérito de profundizar en la ambigüedad como ningún otro novelista europeo».

‘MONSEÑOR QUIJOTE’

Greene vino a España por primera vez en 1946, como agente de inteligencia británico. Había sido captado para el servicio secreto por Kim Philby, un tipo desenfadado y mundano que más tarde se pasó a los soviéticos. Greene lo convertirá en protagonista de El factor humano (1978). Pero no era su primer contacto con el drama de España. En El agente confidencial (1937) recoge los esfuerzos de los enviados españoles en Londres durante la guerra civil para adquirir carbón y armas para sus ejércitos. Allí coinciden L (duque de Alba), D (profesor universitario liberal) y K (funcionario político que viaja para controlar de cerca a K).

Los sucesivos viajes a España, ya en las postrimerías del franquismo, se ven envueltos en la polémica. Viene siempre con su amigo Leopoldo Durán, aunque algún periódico comete el desliz de presentarlo acompañado por «un cura próximo a ETA». Entonces brota de nuevo su imagen de católico poco convencional, amigo de Fidel Castro o Torrijos. Estos asuntos de política, fe y moral, junto al menudillo de la España de la época, donde aparecen el Opus, los comunistas, la Guardia Civil o los atentados etarras, modulan el recorrido de Monseñor Quijote (1982) por un país que empieza a despertar de cuarenta años de dictadura. Sus protagonistas, un cura partidario de Franco y un alcalde comunista, tienen ideologías enfrentadas y aliñan el viaje con guiños cervantinos y charlas de política y religión. Salen de El Toboso manchego, van a Madrid y siguen por Segovia, Arévalo y Salamanca, que es la ciudad española favorita de Greene, por el aroma de Unamuno. De allí, a Valladolid y León, donde les perturba el viaje un malentendido. «Cuanto antes salgamos de León, mejor», confiesa uno de los personajes. No es una de sus grandes novelas, pero rescata su pasión por la catedral.

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