Cuando Evita enceló a Carmen Polo
l. El historiador Felipe Pigna ahonda en la historia de la mujer de Perón. eva perón concitó la irritación de la esposa de Franco, enojada por las miradas que el dictador dirigía a la esposa del presidente argentino. El historiador felipe pigna lo cuenta todo en ‘Eva, realidad y mito’

Julieta Cardinali, en el papel de Eva Perón, y Ana Torrent como Carmen Polo en la reciente serie de TVE
ACarmen Polo le devoraban los celos por las miradas furtivas que su marido, Francisco Franco, dirigía a Evita. En 1947, cuando la primera dama viajó a España en representación de la nueva Argentina, el caudillo, como muchos otros, sucumbió a la belleza turbadora que despedía la esposa del general Juan Domingo Perón.
Carmen Polo no era la única enojada por los encantos de esta mujer de orígenes humildes y personalidad arrolladora. El propio Perón recelaba de su mujer, cuyo ascendiente entre los descamisados y las clases populares le desasosegaba. La dedicación de Evita a los obreros le llevó a ejercer de enlace entre el mundo sindical y su marido. Perón veía cómo el mito crecía y que aquella mujer, a la que consideraba «su» criatura, se emancipaba de su hacedor.
Estos y otros chismes figuran en la biografía Eva, realidad y mito (Destino), que el historiador argentino Felipe Pigna acaba de publicar en España. El divulgador bonaerense, cuyos libros se venden como bestseller en su país, entra al trapo cuando se le plantean ucronías. ¿De vivir ahora, habría nacionalizado Evita Repsol-YPF? El historiador lo tiene claro. Por supuesto que lo habría hecho.
No en vano, entre la actual presidenta argentina, Cristina Fernández de Kirchner, y Eva Duarte hay semejanzas, como el gusto por irritar al adversario y la pose desafiante. En 1947, la España de la posguerra estaba aislada tras la derrota de las potencias del Eje. Franco, aliado de Hitler y Mussolini, gobernaba a unos españoles sumidos en la hambruna. El convenio bilateral acordado con Argentina en 1946 salvó al dictador y abasteció al país de cereales.
Pero el generalísimo, a quien Estados Unidos y Gran Bretaña preferían mantener en el poder por su anticomunismo feroz, estaba solo en el plano diplomático. El plan Marshall pasó de largo por España y el régimen necesitaba ayuda para reconstruir un país devastado por la Guerra Civil. La Argentina de Perón vino en auxilio de los españoles. Y en estas llegó a Madrid Eva Duarte. Si algo tenía la primera dama era ‘glamour’.
Su elegancia, sus vestidos de Chanel, sus brazos descubiertos y sus hermosas pantorrillas suscitaban admiración en la España de posguerra. La enteca y pudibunda Carmen Polo no podía competir con la exuberante Evita, una mujer mundana y desenvuelta, actriz de radioteatro que encandilaba a los obreros.
Guapa y feminista
Eva Duarte era insolente y provocadora, guapa y a su manera feminista. Los cronistas cuentan que el recibimiento en el aeropuerto de Barajas fue apoteósico. No en balde, el régimen había ordenado a las empresas que dieran el día libre a los trabajadores para que agasajaran a La Cholita. La comitiva necesitó cuatro horas para atravesar Madrid y llegar al palacio de El Pardo.
La visita estuvo plagada de momentos tensos. Cuando Eva Duarte de Perón pidió a Carmen visitar los barrios obreros, ‘la collares’ pensó que se trataría de un cómodo paseo en coche. Pero la mujer del dictador ignoraba cómo se las gastaba la esposa de Perón. Harta de que Carmen Polo tildara a los menesterosos de ‘rojos’, Evita estalló y enmendó la plana a la esposa de Franco: «Yo me aguanté un par de veces, hasta que no pude aguantarme más y le respondí que su marido no era un gobernante por los votos del pueblo, sino por imposición de una victoria», confesó Evita. Carmen Polo, obstinada y muy católica, invocó la autoridad moral de la Iglesia: «Los obispos vuestros -dijo- pueden dar razón de las tropelías de los rojos.». Evita zanjó esta desabrida discusión, no sin antes amonestar a la esposa del jefe del Estado. «Señora, cuando se fomentan guerras, hay que aguantar sus resultados».