Diario de León

poesía

Alfombrado de piedras y jardines

jardines Ricardo Bellveser Premio Universidad de León de poesía, Everest. 72 páginas.

Publicado por
josé enrique martínez
León

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Autor muy premiado, el valenciano Ricardo Bellveser obtuvo el premio Universidad de León de poesía en su tercera edición con Jardines , título que nos hace pensar en los innumerables espacios cultivados que pueblan la poesía: el jardín edénico, el ilustrado, los jardines árabes o japoneses, los jardines simbólicos, etc. No es fácil, por lo tanto, mostrarse original en tema tan socorrido.

«En Ávila la piedra tiene cincelados pequeños corazones de nácar», escribió Guillermo Carnero como primer verso de su libro primero, Dibujo de la muerte. Bellveser retoma aquellas palabras para comenzar su libro: «En Ávila la piedra quería ser jardín», para acabar con las palabras con que Carnero termina su poema: «Inventarnos que al fin hemos vivido». Por el medio, un verso elocuente de Luis Rosales: «Nadie regresa del dolor y sigue siendo el mismo hombre». Bellveser se incardina en la tradición con palabras de otros poetas que hace suyas, porque nuestras son las voces de quienes nos han precedido. Pero hablemos de jardines. El de Ávila es un jardín de piedra. A lo largo del poemario el símil y el contraste entre la piedra y el jardín tienen su fundamento. Al igual que el jardinero domestica la naturaleza, el cantero labra la piedra, dando cada uno de ellos forma a lo informe y creando espacios delineados y habitables. El jardín y el templo representan «la belleza geométrica», la inteligencia y el orden. Son uno de los dos polos del hombre: la razón y el conocimiento sobre la intuición y el instinto.

Como el cantero, también el poeta es modelador de palabras, «pobre arquitecto»: «Sólo tengo palabras que intento unir / para construir en ellas un muro / en el que encerrar el cómplice jardín / del silencio, ya tan y tan cercano». El pensamiento de la muerte acucia al poeta, que contempla bosques de abedules o naves góticas que le sobrevivirán, con la vasta tristeza de pensar que todo pierde sentido tras la muerte. No es esta poesía, como se aprecia, mero canto al jardín, sino reflexión sobre sus significados. En el jardín prospera lo que nace y lo que muere para renacer, mientras el hombre sólo muere. El jardín se nutre de la tierra que acogerá el cuerpo que fenece. Todo da al libro esa faz de belleza y caducidad, fruición y sentimiento mortal. En esta poesía la realidad proporciona cauce a la reflexión y a la emoción lírica en versos, si monótonos temáticamente, rítmicamente melodiosos.

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