«Debemos recuperar el futuro que se nos ha arrebatado»
l. Isaac Rosa retrata en ‘La habitación oscura’ a toda una generación desesperanzada . ‘la habitación oscura’ Isaac Rosa Seix Barral-Biblioteca Breve, Madrid, 2013. 256 pp.

KOTE RODRIGO
Cuando un avestruz se siente acorralada esconde la cabeza bajo tierra. Un actitud similar es la que adoptan los personajes de La habitación oscura (Seix Barral), la nueva novela de Isaac Rosa (Sevilla, 1974). Pertenecen «a una generación estafada a la que le han robado el futuro y que se refugian en la oscuridad con el vano afán de crearse otra realidad».
Ganador de premios como el Rómulo Gallegos y el Andalucía de la Crítica con El vano ayer , Rosa ha escrito una fábula desoladora para plantar cara a la desesperanza. Quiere provocar e incitar a la acción a la generación que nació con la democracia, «a la que se le prometió un futuro mejor que le han robado y del que debemos apropiarnos de nuevo». «La oscuridad es una poderosa metáfora con infinitas lecturas; permite una mirada compleja y huir de la simplificación», explica Rosa, que encierra a su pequeño zoo humano en un cuarto oscuro para ver su evolución durante tres lustros y confrontar a toda una generación con sus miedos, sus renuncias y sus carencias. «Es mi generación, sí, la que está en el centro del crisis, pero no escribo solo para ella», advierte el autor de novelas como El país el miedo , La mano invisible o Adiós muchachos . Una generación que sufre como ninguna los rigores de crisis, condenada a vivir peor que la de sus padres, pero que si aspira a cambiar las cosas «debe abandonar el victimismo y actuar». «Hay que hacer autocrítica y meterse en el relato. Analizar qué nos ocurre sin caer en la trampa de los discursos fáciles, consoladores y culpabilizadores, como que vivíamos por encima de nuestras posibilidades, en una fiesta permanente, o la culpa es nuestra por gastar más de lo que teníamos» resume.
«Dejemos de ser espectadores. Si admitimos que otros nos han metido en el hoyo, asumimos que otros tendrán que sacarnos, cuando la solución debe partir de nosotros», propone el escritor. «El desafío es buscar la salida, ser dueños de nuestras decisiones, recuperar el futuro que nos han robado y construirlo» reitera. Todo lo contrario de lo que hacen los asiduos de la habitación oscura, creada como un juego que devendrá en condena. Allí se imponen el silencio, el abandono al sexo anónimo, la negación de la identidad. «Creen que construyen una comunidad nueva, otra manera se ser con los demás, y es una mera ilusión. No se ven, se diluyen. Todos son todos sin ser ninguno.
Son cuerpos sin nombre, sin rostro ni voz» explica el autor. «Para tomar las riendas del futuro necesitamos lo opuesto, vernos, hablarnos, identificarnos y actuar» plantea. La novela es también un alerta contra el autoengaño. «Tenemos claro que nos han engañado y hablamos más de estafa que de crisis. Pero cuidado con los propios engaños, que también se dan. Nos creímos el espejismo de un futuro posible y aun participamos de él. Si no actuamos, aceptamos el timo». «Quiero meter al lector en ese cuarto oscuro y que se vea a sí mismo como se ven los personajes, que se pregunte qué hizo antes del fiasco».
Rosa cree que es «irreparable» el deterioro de los políticos y de las instituciones. «Esto no se arregla con una ley de transparencia ni con medidas contra la corrupción. Necesitamos una segunda transición que traerá cambios radicales en la jefatura del Estado o el modelo territorial», vaticina. Si su fábula tuviera moraleja «sería que no hay que encerrarse sino buscar la luz, salir a la calle, mirarnos a los ojos, hablarnos cara a cara, dejar de buscar la salvación individual...».