poesía
Un mensaje de música muy verde
el soñador de espigas lejanas Antonio Colinas F Fundación Jorge Guillén, Valladolid, 2013. 50 páginas.

En 2011 publicó Antonio Colinas su Obra poética completa . Ya no lo es, pues acaba de aparecer El soñador de espigas lejanas , un cuadernillo que es un poema de poemas, adelanto de un nuevo libro que se titulará Canciones para una música silente.
El soñador de espigas lejanas es, en efecto, un poema de poemas, una veintena de piezas con unidad temática y formal, poemas que brotaron ante la visión del fortín de Cartagena de Indias. Al igual que ocurre con otros poemas colinianos del mismo tipo, como La tumba negra, del Libro de la mansedumbre, el viaje allí o la visión del fortín aquí no resulta mera contemplación, pues al poeta le sale al paso la historia «de los que lucharon para nada, / de los que lucharon para todo», de conquistadores que llegaron como «un vendaval de espadas y caballos», como «una oleada de cruces», mezclando la religión con la avaricia del oro. El fortín no es sólo piedra, sino piedra ensangrentada, piedra impregnada de tiempo. En esa historia de sueños y codicia, el poeta contrapone el oro negro, el «corazón negro del oro imposible», a otro sueño que evoca lo dejado atrás: «el sueño amarillo / de un inmenso mar / de espigas», el oro de Castilla, el pan humilde que, como sabía fray Luis, uno de los faros poéticos de Colinas, «basta y sacia / para el que vive en paz». Lo negro representa el halo sombrío o sangriento de la historia: cuyo acento amargo perdura en la piedra del fortín, «pájaro negro de alas cortadas», de ideales truncados. Una serie de dualidades perturbadoras van saliendo al paso: sangre y amor, amor y codicia, lo duro y lo blando, lo claro y lo oscuro, dualidades contrarias que sólo se resolverán en unidad cuando el hombre halle su paz «en la armonía del ser». Ciertamente el poeta habla de esperanza, y de trascender lo material por medio de las palabras «que sigan llegando de allá arriba» y que «aún desconocemos». El fortín guarda en sus entrañas «un mensaje de música muy verde», símbolos realmente esperanzadores. Los poemas finales son una verdadera propuesta del poeta para lograr esa paz sin batalla que sustentan otros símbolos, como el jardín o el «respirar la luz», que significan la aspiración a «un más allá que está ya aquí», con este oxímoron que evoca otros de la tradición mística.
Colinas nos habla propia y finalmente del deseo permanente de plenitud interior, que en su caso no es sólo plenitud humana, sino también poética.