Diario de León

Un diccionario oscurecido por la polémica

l. La obra de la Academia de la Historia tiene luces y sombras en las biografías de los personajes leoneses. Más de cuatro mil entradas y más de seis años de trabajo no han podido evitar que la falta de rigor se cuele en muchas de las biografías del mayor proyecto realizado por la real academia de la historia.

Cristina Fanjul
León

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Son todos los que están, pero no están todos los que son o los que fueron. Están, como no podía ser de otra manera, los reyes de León y los presidentes del Gobierno y la República y sus ministros, pero se echan de menos algunos nombres sin los que la historia, tal vez, habría sido diferente. Está el presidente José Luis Rodríguez Zapatero, pero no su abuelo, el capitán Lozano, la persona que le inspiró algunas de las políticas que vertebraron su presidencia. «No es que me sienta predestinado, porque nunca en la vida se planifica llegar hasta este punto, pero yo creo que mi padre empujó a uno de sus dos hijos a impregnarse de la vida pública para que, de algún modo, con su comportamiento, con su trayectoria, rehabilitase plenamente la figura de su padre». Estas palabras del ex presidente demuestran hasta qué punto su vocación no puede entenderse sin la figura de su abuelo. Y, sin embargo, el Diccionario Biográfico de la Academia de la Historia ha obviado la figura del militar leonés asesinado durante la guerra.

La polémica preside un proyecto cuyo denominador común es la parcialidad, parcialidad tanto a izquierda como a derecha. Las denuncias de falta de rigor surgidas ante la biografía de Franco —«montó un régimen autoritario, pero no totalitario, ya que las fuerzas políticas que le apoyaban quedaron unificadas en un Movimiento y sometidas al Estado», reza su entrada—, o de Negrín, cuyo mandato se sugiere dictatorial, desvelan un esquema de trabajo con una base poco sólida, sin visión crítica y que parece haber sido realizado a base de pasión ideológica y sin confrontación con la historia.

Como en todo, hay excepciones. Por ejemplo, los profesores de la Universidad de León Francisco Carantoña y Elena Aguado, que han realizado algunas de las mejores biografías del Diccionario.

Es el caso de Félix Gordón Ordás . En su entrada, Aguado Cabezas realiza un exhaustivo perfil, tanto del profesional —«el objetivo de Gordón Ordás era convertir a los veterinarios en directores de las explotaciones pecuarias, facultados para modernizarlas con sus conocimientos técnicos y científicos»— como del político. «Se movió en el complejo escenario de alianzas de la segunda república. No se entendió con los líderes nacionales del PSOE, sobre los que marcó distancias desde el primer momento recordándole a alguno su participación en instituciones de la pasada Dictadura», destaca la historiadora, que recuerda además sus enfrentamientos con Manuel Azaña: «El enfrentamiento entre esas dos personalidades fuertes —de «imperioso y áspero» calificaba Azaña al leonés, quien a su vez no comprendía el carácter reflexivo del entonces presidente del Gobierno, acusándolo de «escéptico», «vacilante» y falto de «capacidad de acción»— alcanzó su punto álgido durante la crisis del primer Gobierno constitucional de Azaña que quedaría resuelta el 13 de junio con la vuelta de éste a la Presidencia y algunos cambios de ministros».

Elena Aguado termina su biografía con una anécdota que, sin embargo, resulta vital para comprender la personalidad del presidente de la República en el exilio. Se trata de la carta que envía a Vela Zanetti cuando éste le comunica su intención de regresar a España: «Volver a España no es para nosotros un problema de derecho sino de deber mientras subsista el régimen franquista (...) Sea cual fuere el propósito que ustedes llevan al repatriarse, la consecuencia política de su acto es que apoyan la falsa tesis, tan explotada en el extranjero por los usurpadores, de que en la España de Franco existe libertad (...) por no saber reprimir su legítima impaciencia para reintegrarse a la patria, que también nosotros sentimos... y la frenamos».

Francisco Carantoña realiza, entre otras, la entrada del político Felipe Sierra Pambley. A pesar del minúsculo espacio que la Academia le otorga, el profesor realiza un poderoso perfil en el que da cuenta de las características que marcaron su gestión política: «Felipe Sierra Pambley muestra algunas de las ideas que caracterizarán su pensamiento: en el informe sobre la desamortización eclesiástica se ponen de manifiesto las concepciones regalistas y liberales de su autor. Defiende la creación de una administración eficaz, dependiente de Hacienda y autónoma, para sacarla adelante. También que los recursos sean resueltos por esa administración y no por la justicia ordinaria». Carantoña no evita en el texto hablar de la probable actuación ventajista del personaje durante la desamortización: «Felipe Sierra Pambley, firme partidario de la desamortización, aumentó notablemente su patrimonio con la adquisición de bienes nacionales, aunque la reacción de 1823 privaría temporalmente a sus herederos de su disfrute».

Filántropos y reyes

Más coja que la de su tío abuelo, la biografía de Francisco Fernández Blanco y Sierra Pambley es obra de Manuel de Abol-Brasón, que apenas destaca la construcción «a costa de sus bienes» de las escuelas de Villablino, Hospital de Órbigo, Moreruela de Tábara, Villameca y en la misma ciudad de León. Además, destaca su filiación a la filosofía krausista: «Aunque nunca renunció al catolicismo, en cuya profesión vivió, sin embargo era afecto a las ideas krausistas».

Rafael Anes es el autor de la entrada de Gumersino de Azcárate , al que titula como catedrático, político y reformador social. A pesar de la brevedad, también se trata de una biografía con un ‘armazón’ consistente. De hecho, casi nada queda fuera de la redacción. Así, explica que fue uno de los fundadores de la Institución Libre de Enseñanza. «En el ámbito de las ideas políticas sostenía que la sociedad es quien tiene la soberanía, la capacidad de organizar el poder y tomaba al Reino Unido como modelo», destaca. Anes y Álvarez de Castrillón precisa que si bien era republicano, defendía la idea de que lo que realmente era sustancial era que hubiera un régimen político parlamentario y era un firme defensor del liberalismo económico. De ahí que «en su tarea como parlamentario cabe destacar el alto nivel político e intelectual de sus intervenciones, caracterizadas por una gran objetividad y su integridad al tratar de preservar las bases del sistema parlamentario».

Asimismo, sostiene en la biografía su compromiso con las desigualdades sociales. «Contra el sistema de mercado compartió con Concepción Arenal la adopción de medidas fundamentadas en acciones humanas generosas por parte de los patronos y en una actitud moderada de los obreros».

Gregoria Cavero es la autora de la entrada de Alfonso IX , en la que tiene un protagonismo esencial la convocatoria de las primeras Cortes, embrión del parlamentarismo: «En ella se iniciaba la tarea legislativa alfonsina que se consolidará en los distintos ordenamientos y decreta promulgados durante su prolongado reinado... La emblemática Curia extraordinaria de 1188 ha sido identificada como el inicio de las garantías jurídicas que dieron seguridad a los súbditos».

El texto de la historiadora se centra también en el final del Reino de León a manos de Fernando III sin zafarse de la polémica: «Finalmente, Fernando III, rey de Castilla, se ciñe la Corona de León un mes después de la muerte de Alfonso IX, a pesar de no haber sido designado como heredero por su padre, que siempre se había inclinado por las infantas. León y Castilla quedaban unidas definitivamente; había desaparecido el último monarca del Reino de León».

En cuanto a Alfonso VI, Gonzalo Martínez Díez zanja la polémica surgida por el mito romántico del Cid, aumentado por el cine en lo referente a la muerte del rey Sancho. El autor desestima que Bellido Dolfos actuara por mandato real: «Durante el asedio, un zamorano de nombre Bellido Dolfos dio muerte a traición al rey Sancho sin que exista ningún argumento ni indicio de que Alfonso hubiera sido en algún modo el inductor de tal muerte».

José Luis Rodríguez Zapatero

Parciales resultan las biografías de Buenaventura Durruti, Rodolfo Martín Villa, Fernando Suárez, José Antonio Alonso y José Luis Rodríguez Zapatero. La de éste último, más que una biografía, es un conjunto de actuaciones más propia de la wikipedia que de un proyecto de la envergadura de la RAH. La biografía, según informa Cristina Centeno , no da claves que puedan explicar la política llevada a cabo por el presidente, no describe el momento social, político o económico en el que se desarrolló su acción de gobierno ni entra en las polémicas generadas por algunas de sus medidas. La biografía se caracteriza por la sucesión de datos y mediadas descontextualizadas que más bien parece un texto rápido para salir al paso y no generar polémicas: « Política exterior : retirada de las tropas de Irak. Subió el salario mínimo interprofesinal de 460,5 a 600. Abordó los problemas más complejos de España: el debate territorial y el terrorismo, sin ofrecer pactos de Estado al PP si no apoyándose en los partidos que habían apoyado su investidura, entre los que figuraban partidos nacionalistas. Reforma de varios Estatutos de autonomía : El más problemático fue el de Cataluña, al ser declarados inconstitucionales algunos de sus preceptos. Terrorismo : Poco tiempo después de tomar posesión anunció su deseo de iniciar un camino hacia la paz. En 2006 ETA anunció un alto al fuego permanente y seguidamente se establecieron negociaciones con la banda terrorista que fueron dirigidas por el entonces ministro de Interior Rubalcaba. El proceso de paz quedó roto ese mismo año con los atentados de Barajas que causaron dos muertos...».

Durruti y Martín Villa

Parcial, por no decir entusiasta, resulta la redacción que sobre Buenaventura Durruti realiza Abel Paz. No podría ser de otra manera si se tiene en cuenta que Paz fue un historiador anarquista. No obstante su falta de crítica, se trata de una biografía vertebrada de manera notable y que no rehúye algunos de sus capítulos menos claros, como el atentado planeado contra Alfonso XIII o el traslado a Cataluña de las reservas de oro que finalmente terminaron en poder de la Unión Soviética. Sin embargo, no entra en el asesinato del gobernador de Bilbao Fernando Regueral.

Polémico también es el retrato realizado de Rodolfo Martín Villa . Su biografía es una sucesión de elogios a su labor en el primer gobierno de la monarquía: «Hubo de afrontar y arbitrar soluciones sobre el importante movimiento huelguístico que se produjo durante el primer semestre de 1976». El texto, de Gabriel CastroVillalba, no hace referencia a los cinco muertos con los que se saldaron las manifestaciones, pero sí asegura que durante su temporada como responsable de la seguridad del Estado, «los derechos y libertades civiles fueron incorporadas a la legislación española». Además, alaba su propósito por «preservar la seguridad ciudadana y garantizar el ejercicio de los derechos fundamentales» y su empeño por «evitar que los problemas de orden público pusieran en riesgo la democratización». Cuanto menos, cariñoso...

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