Diario de León

La poesía es para los valientes

l. Una hornada de jovencísimos poetas leoneses pide paso a golpe de talento, empeño y audacia. «¿Minoritaria? La gente piensa que la poesía es elitista y que habla de asuntos divinos. nada más lejos: en realidad habla de lo frágiles que somos…», Sara Gallardo dixit

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emilio gancedo
León

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Rimbaud escribió toda su obra antes de cumplir los 20 años, «y eso quiere decir que sí, que en este grupo podemos encontrarnos ante algún pequeño o gran genio, pero no tenemos aún la suficiente perspectiva temporal para apreciarlo». Lo dice el catedrático de Literatura en la Universidad de León y crítico de este periódico José Enrique Martínez ante el oleaje poético levantado por un grupo de jovencísimos leoneses que ya están ganando premios, escribiendo libros y, en resumidas cuentas, dando de qué hablar. Sara R. Gallardo, Jorge Pascual, Sara Otero, Pablo López Carballo y Álvaro Acebes son algunos de ellos. Hay más, por supuesto, pero los cinco son buenos representantes de ese grupo aún informe de puntas de lanza nacidas entre 1980 y 1990 y que sorprenden por su claridad de ideas, su desparpajo creativo y por los sugestivos mundos propios que han conseguido crear a golpe de verso libérrimo y desacomplejado.

Y aunque se trata, como es lógico, «de poetas muy jóvenes sobre los que no es fácil emitir un juicio certero», Martínez cree que reúnen algunos denominadores importantes, «como la presencia cada vez mayor de la mujer en el ámbito poético: algunas de las voces más valiosas, en España y en León, son de mujer; aquí, Ana y Julia Conejo, Raquel Lanseros, Susana Barragués... por citar algunas entre las que, por edad, preceden a las más jóvenes, como Sara Otero del Amo y Sara R. Gallardo; y otro aspecto muy apreciable es el cuidado formal en el uso del lenguaje, apreciable en las citadas o en otras voces tan nuevas como la de Pablo López Carballo». Este gran experto en poética añade algún rasgo más como la «renuncia a la polémica con promociones de mayor edad, la incardinación de su obra en el contexto general de la poesía española y universal, el acopio de lecturas literarias de todo tipo…».

Pero mejor escuchar sus palabras. Leyendo sus versos —reproducimos aquí una mínima parte de ellos— o escuchándolos. Les preguntamos por qué escriben, qué desean conseguir con su escritura, cuál es su relación con los nuevos medios...

Y ante la primera pregunta, Sara R. Gallardo (Ponferrada, 1989) responde de la manera más certera posible: «Lo hago porque no sé no hacerlo». Escribe desde que tiene uso de razón, y la capitalina Sara Otero (1982) apura el recuerdo y comenta: «Sé que empecé a escribir porque mi madre escuchaba a Serrat cantando a Miguel Hernández y a Machado y eso marcaba la hora de despertarse e ir al colegio; porque la nariz me llegaba hasta las baldas de poesía en la biblioteca pública, por necesidad festiva, por la disparatada sed de contrastar el mundo, por alegría, porque nunca he dejado de encontrar poesía en todo lo que veo». Mientras tanto, el cacabelense Pablo López Carballo (1983) lo hace «como síntoma de la enfermedad de la lectura... después se volvió otra enfermedad más». Álvaro Acebes (León, 1990) reflexiona y detalla: «Todo comienzo es involuntario, dice Pessoa. Quién sabe cuándo empezó lo que ahora mismo está pasando. Desde dónde, desde cuándo viene el golpe. No hay quien pueda poner el dedo en el mapa del pasado y decir: aquí, en este momento exacto, empezó lo que me ocurre ahora. Supongo que todo surgió como una forma de entretenimiento que acabó por tornarse un anhelo de revelación del entorno y de uno mismo. Eso es lo máximo a lo que puede aspirar cualquier escritor, al impulso por saber y al deseo por satisfacer una curiosidad que le permita descubrir y enjuiciar lo que está oculto».

Y Jorge Pascual (León, 1981) escribe... «antes de haber cogido un bolígrafo». Y lo dice «porque pronto tuve la sensación de necesitar alguna herramienta para expresar belleza, sensaciones, percepciones, disfrutes o tristezas, estados de melancolía o ensimismamiento, ensoñaciones vagas o los colores del mar viviente». Los temas abordados por todos ellos son variados. Acebes lo tiene claro: «Somos la continuidad de una tradición. No hay nada original en el mundo de la literatura. Todo gira en torno a diez o doce temas que se vienen repitiendo desde Las mil y una noches. Mis poemas siguen tratando el amor, la soledad, el deseo de justicia, la angustia… Obedecen a mis propios anhelos y frustraciones, que son como los de cualquier otro ser humano». Pascual afina: «Por lo visto desde hace tiempo me ha atrapado un poco el cielo, las nubes... antes el desencuentro amoroso, el tema elegíaco, la soledad, la nostalgia, los paisajes del mundo, un anochecer, la una del mediodía, un abrazo de un amigo que hace tiempo que no ves, el beso de tu novia...».

Sara Otero no sabría hablar de asuntos recurrentes: «Creo que mi poesía es un traje que me voy intentando acomodar y que crece o empequeñece con el tiempo. Creo que busca la memoria, festeja la imaginación y se asombra del mundo y sus infinitas posibilidades». El berciano López Carballo tampoco cree que la poesía sea una cuestión de temas, «eso es algo secundario»; a él le fascina «la relación del lenguaje con las cosas, los problemas de la representación y las posibilidades de la palabra frente a discursos legitimados». Además, funciona «en torno a obsesiones, últimamente el paisaje o las relaciones entre pintura y poesía». Para Sara R. Gallardo, todo depende «del momento y del libro. Yo creo que el tema principal de mi literatura es la vida: la angustia de la vida, el horror no de que no haya nada, sino de que exista un yo.  Epidermia  hablaba de pérdida y de desnudez y de autoconocimiento y de odio y de amor».

No tan digitales

Cabría pensar que en estos tiempos de inmediatas relaciones virtuales la tecnología habrá de ser una de las claves básicas para entender a estos jóvenes, o quizá no tanto. «Hace años, Octavio Paz pensaba que la televisión, cuando aún estaba en sus inicios, iba a ser un medio poderoso de difusión de la poesía —recuerda José Enrique Martínez—. Diez años después declaraba su error. No sé si puede ser aplicable a los demás media; la circulación de textos por internet, los blogs, etc. son muy seguidos por los nuevos poetas, que suelen disponer de algún blog personal. Aún así, se sigue buscando la publicación en papel y el premio que abra la puerta a la edición del poemario correspondiente».

Ayudan estos medios a estar en contacto unos con otros, a buscar editores, pero tampoco disuaden o dispersan si la devoción es verdaderamente potente. «A veces el escritor ni siquiera escribe en un papel: ‘Escribo en un papel que está en mis pensamientos’, decía Fernando Pessoa», y lo recuerda Jorge Pascual. «Lo veo como una herramienta más —expresa Sara R. Gallardo—. Ahora bien, yo no me veo siendo escritora o intentando serlo en otra época. La gente de mi generación escribe igual o más que la anterior: al menos, aunque haya más ruido, también hay más espacio. Y cada uno puede buscar el suyo». «Yo diría que hoy hasta se escribe demasiado —apunta Acebes—. Me gusta la idea de Paul Claudel de proponer a todos los poetas un siglo de silencio. El gran derrotado de nuestro tiempo es el silencio».

«Recordemos que la poesía ha solido llegar tradicionalmente a los lectores por medio de antologías, que son las que han inventado las generaciones. Hubo novísimos y posnovísimos. Hubo posmodernos y parece que hay posposmodernos —zanja el catedrático José Enrique Martínez—. Dejemos el valor poético a la individualidad y no al grupo. En España y en León tenemos un caso bien patente de individualidad ajena a grupos, y enorme poeta reconocido: Antonio Gamoneda».

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