Con ciencia
Kilo y medio de misterios neurocientíficos
«El estudio de la mente es también el estudio de quiénes somos. Cada pensamiento, cada idea, cada recuerdo, cada deseo, cada sentimiento, cada decisión y todas las acciones que decidimos llevar a cabo, parten de la actividad de las neuronas de nuestro cerebro. Los resultados de esas pequeñas corrientes eléctricas y diminutas cantidades de mensajeros químicos liberadas por las neuronas están a nuestro alrededor: la música de Cesária Évora, la Venus del espejo de Velázquez, el MacBook Air.
Todo eso lo realizan las células del cerebro gracias a sus conexiones sinápticas», explica el director del Laboratorio de Plasticidad Neuronal y Neurorreparación del Instituto de Neurociencias de Castilla y León y autor de El escritor que no sabía leer, el doctor José Ramón Alonso Peña. Este pequeño órgano, de tan solo un kilo y medio de peso, no solo es la estructura más compleja quizás del Universo, sino el objetivo de una ciencia que no para de escudriñarlo para descubrir cosas tan asombrosas como las que en este libro se cuentan.
Así, por ejemplo, es como a través de la observación del cerebro de los simpáticos pájaros carpinteros se podrán diseñar cascos de motos seguros. Pero, ¿cómo? Saber por qué, a pesar de golpear unas 12.000 veces cada día su cabeza contra una superficie tan dura como el tronco de un árbol, el cerebro de estas aves no sufre daños es la clave para un complemento que salva muchas vidas. Entre los factores involucrados en la protección de su cerebro se han descubierto, entre otros muchos, un hueso fino y flexible -el hioides -que rodea la cabeza como si fuera un cinturón de seguridad.