Diario de León

poesía

En la oficina del río

INESTABLES, INTERMEDIOS Ildefonso Rodríguez Eolas, León, 2014. 150 pp.

Publicado por
josé enrique martínez
León

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En Escondido y visible (2008) reunió Ildefonso Rodríguez toda su poesía hasta el momento, que ha crecido con Disolución del nocturno (2013) y el poemario que ahora reseño, Inestables, intermedios, que publica Eolas, editorial leonesa que va abriendo el cauce a buena parte de la poesía de nuestra tierra.

Escritura y música. Son los dos oficios y beneficios de Ildefonso, con los enriquece su mundo y el nuestro. El nuevo poemario se acompaña de algunas fotos y, sobre todo, de un cedé con trece improvisaciones en las que destaca el saxo, pero en las que, como él dice, se injertan distintos instrumentos, por lo que las piezas se titulan Clarigaita, Clarivoz, Clarizaina, etc. Yo las escuchaba mientras leía los poemas. Una delicia. Unos y otros, música y poemas, fueron compuestos en las temporadas que pasa el poeta en Vegas del Condado: pensar, tocar, soñar, evocar, al son de los sonidos de la naturaleza: el río, las hojas, los pájaros... Soledad y memoria activa: «Allí los estados intermedios, las voces inestables». Todo esto lo dice muy bien el poeta en una introducción precisa.

Hay un poema breve donde están las «presencias» que hacen brotar los poemas de Soledades, que así se titula la primera parte del poemario: la casa de los veranos infantiles «donde suenan voces todavía», porque todo sigue vivo para el poeta, y el espacio natural, sonidos y luz, canciones que vuelven con su melancolía, bramidos y balidos de «los animales desaparecidos», «el hombre que camina inclinado hacia la tierra»... Todo va brotando en ese espacio que el poeta llama «la oficina del río», donde nace también el gran poema dedicado a la amistad con el ya desparecido Fernando Urdiales, de quien perviven «las estelas de tu nombre entre el tomillo y la otoñada». Otra de las partes es Del cuaderno, especialmente luminosa, que poetiza la presencia redundante del verano, con un canto a la nostalgia, que si en otros es paralizadora, aquí es creativa, pues «la escritura es un acto de la memoria».

«El ritmo es como uno respira» ha escrito Miguel Casado. La poesía de Ildefonso Rodríguez no ancla en los ritmos tradicionales, ni en el fraseo y la visión habituales. Requiere también otra lectura. La memoria que origina estos poemas no es continuidad, es inestable. Está hecha de vislumbres, de iluminaciones en la sombra. Consecuentemente los poemas tienden a lo fragmentario. El poema evoca, pero no quiere decirlo todo. La fluencia es acaso el ejercicio del lector.

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