Diario de León

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El vigilante de las letras

EL PASADO MARTES MURIÓ EN EL OLVIDO CARLOS VÉLEZ (1930-2014), HIJO DEL FUNDADOR DE ‘PROA’, POETA SOCIAL Y DIRECTOR DE SUCESIVAS AVENTURAS CULTURALES PIONERAS (‘ARCO’, EN LEÓN, 1955) Y DECISIVAS: LA REVISTA ‘ACENTO’ (1958-1961) Y EL PROGRAMA DE TELEVISIÓN ‘ENCUENTROS CON LAS LETRAS (1976-1981)’ . . divergente

El periodista y escritor Carlos Vélez (a la derecha)

El periodista y escritor Carlos Vélez (a la derecha)

Publicado por
ERNESTO ESCAPA
León

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En ‘Arco’ , que era la revista del Seu leonés, se estrenó Umbral como colaborador, cuando todavía firmaba como Francisco Pérez, y aparecieron homenajes a Ortega, a Machado, a Vallejo y a Lorca, junto a versos de Celaya, Alberti, Crémer, Gloria Fuertes y Miguel Hernández. Hablamos de León, la ciudad fría y gótica, en la primera mitad de los cincuenta. Sus páginas mostraron indicios de lo que iba a ser, en sus dos etapas, la revista «Acento», que en el último tramo de los cincuenta, según los historiadores de la cultura, «codificó culturalmente la politización de las facultades universitarias, identificó los fenómenos que mejor la expresaban y, muy especialmente, delimitó lo que juzgaba insuficiente en una literatura y un arte sociales y realistas». En términos literarios, dio el relevo del compromiso y la protesta al neorrealismo del medio siglo. Fue el tránsito entre Fernández Santos o Aldecoa y López Pacheco o Antonio Ferres.

EL FUNDADOR DE PROA

Carlos Vélez era hijo del fundador de ‘Proa’, el médico falangista Fernando González Vélez (1900-1948). Un oculista de Santa Marina del Rey que tuvo sus momentos de gloria y desdicha a orillas del sucesor de José Antonio, Manuel Hedilla. Nombrado Jefe Provincial de Falange por Andrés Redondo, el hermano de Onésimo, en mayo de 1937 alcanza una vocalía del Consejo Nacional, lo que le vale en diciembre el título de Hijo Predilecto de la ciudad. Dionisio Ridruejo lo recuerda como «un médico de León atezado, enérgico, un poco rudo, que para mí aparecía por primera vez en la política falangista, en la que alcanzaría puestos para ser luego precipitado, del modo más gratuito, al abismo de una prisión que no duró menos que la del propio Hedilla». Vélez ya sólo saldría para ser nombrado delegado provincial de la Vieja Guardia en León, donde murió de cáncer.

LA FALANGE EN LA SOLAPA

La primera vez que le vinieron mal dadas a su hijo Carlos Vélez con el programa literario de la televisión, Francisco Umbral refrescó su antiguo conocimiento en León, «como poeta social y novio de la señorita más guapa de aquella ciudad gótico floreada». Y continúa: «Vélez, que ya hacía carrera en la conquista de Madrid, pronto le pegó una puerta al Seu, cuando había que pegársela, y le pegó otra puerta a Fraga, cuando había que pegársela (primeros sesenta), dando ejemplo de honestidad maragata al personal». En realidad, del abandono de la revista se recicló en la televisión única, como responsable de espacios dramáticos, y allí hizo guardia hasta la muerte de Franco, hasta que la misma semana de aquel mayo de 1976 aparecieron el diario El País , la revista Historia 16 y el programa cultural Encuentros con las Artes y las Letras . «Hombre de carácter fuerte —dice de él Rafael Conte—, íntegro y honrado sobre todas las cosas, de orígenes falangistas ‘de izquierda’ —si es que este ambiguo concepto, que entonces era fácilmente comprensible, pudiera ser entendido ahora—, absolutamente agnóstico y laico, y completamente enamorado de la literatura y sobre todo de la poesía, que cultivaba con tesón y no sin calidad. Carlos lucía imperturbablemente en la solapa un enorme escudo de la Falange con el yugo y las flechas de hierro».

El compromiso falangista de Carlos Vélez y de sus colaboradores inmediatos (entre ellos, el también leonés César Armando Gómez, más tarde secretario de Ridruejo) fue la franquicia que hizo posible la apuesta de Acento por un arte hostigado y perseguido por el régimen. No sin algunos escándalos. Porque muchos de sus colaboradores tenían ya entonces militancia comunista (Isaac Montero, Moreno Galván, López Pacheco, Ferres, López Salinas) o pasaron en la década siguiente a integrar la oposición cultural al franquismo. En cambio, los jefes eran todos falangistas. De Manuel Fraga Iribarne, que abría los números con su prédica, al leonés Francisco Eguiagaray Bohigas (1934-1999), periodista y más tarde corresponsal en los países del Este. La primera crisis la provocó el número de 1959 en homenaje a Antonio Machado. Entonces salió Isaac Montero, sustituido por Rafael Conte. La revista tenía el formato de la sartreana Les Temps Modernes, era mensual y llevaba un suplemento dedicado a la crítica de libros, exposiciones y estrenos, titulado Acento amarillo . Crémer y Celaya formaron parte del jurado de su premio de poesía, mientras Gamoneda colaboró con versos en sus páginas. También Blas de Otero o Caballero Bonald. De cine, escriben Luciano G. Egido y el leonés de Tremor Feliciano Fidalgo. De teatro, Monleón, Nieva y Lázaro Carreter.

Al desaparecer la revista, pasó a ser funcionario, un letargo del que salió para crear y dirigir, en la segunda mitad de los setenta, «la mejor de las emisiones que Televisión Española haya nunca dedicado a la literatura a todo lo largo de su lamentable existencia: ‘Encuentros con las letras’… En Encuentros , contó con los leoneses Torbado y Trapiello, y estuvo un cada vez más omnipresente Sánchez Dragó. Su etapa en la tele es la más cercana y conocida, casi la única manejada en los obituarios. A León venía cada vez que podía, a su refugio en la urbanización de Villadangos. Pero desde 1981 se retiró de la circulación. Vivía en Madrid, junto al Puente de los Franceses y vecino del instituto Ortega y Gasset. Escribió mucha poesía de calidad. Su hija, es la novelista Lea Vélez (1970), que acaba de publicar El jardín de la memoria .

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