Delibes en 200 cartas
l Publican la correspondencia inédita que el escritor vallisoletano y el crítico Gonzalo Sobejano se cruzaron durante 50 años. Miguel Delibes, Gonzalo Sobejano: correspondencia, 1960-2009 Miguel Delies y Gonzalo Sobejano Fundación Miguel Delibes y Universidad de Valladolid.

dl
Q uerido Gonzalo: No me gusta lo que me cuentas pero vives. Yo voy perdiendo cabeza y lo que conlleva. No me quejo. Queda poco tiempo pero lo aprovecho para abrazarte». Es la última, lacónica y emotiva carta que Miguel Delibes escribe en enero de 2009, poco antes de su muerte, a su también enfermo amigo, el crítico Gonzalo Sobejano. Ambos cruzaron misivas durante medio siglo. Unas cartas inéditas hasta ahora que son «la crónica de una gran amistad», según Amparo Medina-Bocos, especialista en Delibes, recopiladora y editora de las cartas que publican la fundación Miguel Delibes y la Universidad de Valladolid. Se presentaron en el Instituto Cervantes de Nueva York hace unos meses y este miércoles en la Biblioteca Nacional.
La escritura era para Miguel Delibes (1920-2010) «una necesidad biológica y espiritual» y las cartas una manera natural de comunicarse. Con su letra menuda y apretada -«tan bonita como complicadita, pero no endiablada» dice Medina-Bocos- el gran escritor vallisoletano se sentía más cómodo «escribiendo, leyendo y enviado cartas que hablando». Poco amigo de viajes, entrevistas y actos públicos, fue muy fiel a la comunicación epistolar, en especial con amigos tan próximos como Gonzalo Sobejano Esteve (Murcia, 1928) poeta, crítico literario y profesor de literatura española
Delibes y Sobejano se conocieron en 1960 en Alemania. Desde entonces y hasta 2009 mantuvieron una intensa relación epistolar resumida en los casi dos centenares de misivas localizados que evidencian «cómo crece la relación de amistad» entre el novelista y el crítico.»No son todas las cartas que cruzaron; son las halladas después de rebuscar en muchos archivos» dice la editora de los 188 manuscritos que reúne Miguel Delibes, Gonzalo Sobejano: correspondencia, 1960-2009 . El epistolario da prueba de la profunda amistad que ambos alimentaron y disfrutaron. «Revela como nace y se consolida esa amistad, y como las cartas evolucionan de lo profesional a lo personal, que acaba imponiéndose». «Al principio hablan de libros, conferencias, viajes y proyectos, pero luego abordan asuntos muy personales». «Tanto que, básicamente, esta correspondencia es la crónica y el canto de una amistad entre dos personas excepcionales, que se respetan y admiran y que hablan de lo divino y sobre todo de lo humano», dice Medina-Bocos. Sobejano se refiere al escritor como un «provinciano universal» mientras que Delibes le agradece con largueza una amistad y unos juicios que aprecia muy profundamente. «Uno envejece y piensa ¿qué es lo que vale la pena? Y una de las pocas -contadas- cosas que valen la pena es la amistad» escribe Delibes en 1964. Comentan tanto el proceso creativo como sus quehaceres cotidianos.
Son «dos caballeros a la antigua usanza», según Elisa Delibes de Castro, hija del narrador, «que comparten sentimientos y vivencias íntimas, se muestran un cariño y admiración mutua» en unas cartas que recorren sus vidas mediante experiencias y pensamientos compartidos. La mayor intimidad emocional aflora cuando ambos afrontan la muerte de sus esposas.