Diario de León

poesía

El gris candente de las débiles cenizas

candentes cenizas Erwin Schrödinger Traducción de F. Smelzer y Clara Janés. Salto de Página, Madrid, 2014. 112 pp.

Publicado por
josé enrique martínez
León

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C lara Janés consiguió el último premio de poesía Universidad de León con el libro Epsilon o el jardín de las delicias, ya reseñado en estas páginas de «Filandón»; en él mostraba su interés por la física cuántica, abogando por la aproximación de ciencia y poesía. No es extraño, por ello, que se interesara por la breve obra poética del físico y premio nobel austriaco Erwin Schrödinger, y que la tradujera por vez primera al español con la colaboración de Félix Schmelzer. El nobel lo recibió Schrödinger por su aportación a la teoría atómica; anteriormente había formulado ya la teoría que lleva su nombre, la cual sintetiza las ondas de la materia. Pero fue un físico que unió los intereses intelectuales y humanistas, como delatan sus libros Ciencia y humanismo y ¿Qué es la vida?, pues entendió que la contestación a tal interrogación era el problema vivo de la ciencia. En la poesía española actual hay una corriente que entiende que ciencia y poesía no se oponen y que aboga porque la poesía incorpore a sus sistema metafórico los avances de la ciencia. Se le ha llamado «postpoesía». Pues bien, ya en Schrödinger, que vivió entre 1887 y 1961, juzgaba que la ciencia es inseparable de la poesía, pues una y otra, complementándose, buscaban una respuesta a la cuestión de qué es la vida o qué es el ser humano.

En el conjunto de poemas que forman Candentes cenizas predomina el anhelo vital resumido en el amor, en la mujer, cuya belleza hace el mundo más hermoso. La vida misma sólo cobra sentido en el amor, de modo que se respira una entrega total al mismo: a través de la mujer amada, dice el físico y poeta, «respiro el aliento del mundo»; y en otros poemas: «En tus labios hallé la oración de la mañana»; «Todo resultaba pobre / frente al beso de la boca amada». Sólo la sombra amenaza el amor y la vida. La sombra es símbolo de la muerte, de la noche última que dispersa todo lo que uno ha querido, como la mujer o los amigos. El que un científico como Schrödinger, de cuya ecuación de ondas dijo Einstein que era obra de un genio, se dedicara a expresar los sentimientos poéticos suscitaba alguna desaprobación, según refiere en un poema: «Con frecuencia me reprochan / pasar la vida en un sueño, preferir la vida al cálculo». Conocimiento y gozo, van, sin embargo, unidas en su obra, según explica Clara Janés en el epílogo a Candentes cenizas.

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