concha lópez llamas escritora y bióloga
«Mujer y naturaleza están maltratadas por igual»
«Resulta extremadamente duro como escritora concebir la maldad y ponerle nombre, rasgos y acción» «La biodiversidad nos asusta. Muestra de ello son las ciudades que hemos creado, donde ésta tiende a cero»

La zamorana Concha López Llamas, bióloga y escritora, es la autora del libro titulado ‘Beatriz y la loba’
B eatriz y la loba es la última novela de Concha López Llamas, bióloga oriunda de las tierras zamoranas de La Carballeda, que ‘echa al monte’ a una joven víctima de violencia de género para reconstruirla con la energía de la naturaleza, al encontrarse con los lobos y con la cultura tradicional de una tierra ancestral.
—¿Beatriz es un personaje real?
—La novela no es un hecho real, pero me surgió ante un hecho real: una amiga me volvió a mostrar su malestar con la pareja. Tiene 70 años y se dio cuenta de que algo no iba bien el día de las amonestaciones de su boda. Creyó que eran nervios del hombre. Me empapé de esa historia, sentía impotencia y rabia.
—¿Y cómo se cruza con el mundo de los lobos?
—Andando por los montes de La Carballeda me encontré con unas heces de lobo y pensé en el contraste de esta especie indómita, rebelde e insumisa frente al homo sapiens. Ese macho violador de los derechos de los seres vivos roba toda mi energía y la desparrama en agujeros negros, tan densos como asfixiantes, mientras Canis lupus me la insufla. Circunstancia que me incita a defender mi género y a los cánidos salvajes. Mujer y naturaleza están maltratadas por igual, clasificadas de baja o nula valía. He descubierto que este es el paradigma del ecofeminismo (Sherry Ortner) .
—Presenta a Beatriz como víctima pero sin victimizarla.
—Beatriz es mucho Concha. Me sano con el contacto con lo natural, tomo energía al contactar con otras especies. Por eso me la echo al monte y no la victimizo, no la dejo que se hunda. Le doy la oportunidad de que se recargue con las especies salvajes que han sido domesticadas por el hombres. La naturaleza es el personaje global. Robles, urces, escobas, ratoneros, peñas, sierras azules y el río Negro, mi río Negro... Elementos que proporcionan toda la energía a Beatriz y le hacen resurgir cuando encuentra su mirada con la loba disecada.
—¿Cómo se ha sentido escribiendo sobre el maltrato?
—Confieso que he sufrido. Cómo no hacerlo cuando se escribe sobre maltrato entre humanos, o de éstos hacia otras especies. Resulta extremadamente duro como escritora concebir la maldad y ponerle nombre, rasgos y acción.
—¿Da una pista para superarlo?
—Si mujer y naturaleza hemos sido devaluadas y agredidas por el sistema patriarcal, más que necesario, diría yo que sería imprescindible que ambas se ofreciesen muletas comunes para resurgir con fuerza. Por eso escribí esta historia.
—Además de la terminología científica que cita a pie de página, hay una gran labor de recopilación de palabras carballesas, muy leonesas por cierto. ¿Intenta salvarlas también?
—Beatriz y la loba trata la violencia en tres de sus vertientes: de género, la que ejerce el hombre sobre la mujer; de especie, también ejercida mayoritariamente por el hombre sobre el resto de los seres, compañeros de vida en la casa común, la Tierra; y la violencia o agresión hacia la cultura tradicional o rural, preindustrial, vigente en España hasta mediados del pasado siglo.
—Hace un retrato del mundo rural actual, despoblado y con pocas oportunidades para una mujer. ¿Qué futuro ve a estos espacios?
—Es otra de mis grandes preocupaciones, cómo conjugar lo antrópico con lo sostenible. La Carballeda, Aliste... son zonas muy despobladas pero también muy naturalizadas. Deberían verse como una oportunidad. La gente joven tendría la ocasión de volver a sentirse un poco pionera. No como antes, porque nunca se puede volver al punto de partida.
—¿Hay cosas de la tradición secular en el patriarcado que es bueno que desaparezcan?
—Hay que desechar cosas como el trato a las mujeres. A partir de la ecología y del ecofeminismo se pueden cambiar cosas. Y se pueden rescatar otras como todo lo relacionado con lo comunal.
—Los lobos también aparecen amenazados en la novela... Y en la realidad de esa comarca, creo.
— Creo que acabar con los lobos no es algo aislado. Experimentamos la paranoia de la presa y tendemos a crear paisajes monocromáticos. La biodiversidad nos asusta. Muestra de ello son las ciudades que hemos creado, donde ésta tiende a cero. El hombre ha procurado, por todos los medios, trascender lo natural para sentirse eterno, Dios.