Al rescate de los libros perdidos
l Los leoneses Julio Llamazares y Guerra Garrido reeditan ‘El entierro de Genarín’ y ‘La costumbre de morir’. ¿Dónde van los libros descatalogados? los escritores leoneses julio llamazares y raúl guerra garrido han salvado del ‘limbo’ dos libros que estaban desaparecidos: ‘El entierro de genarín’ y ‘la costumbre de morir’ Julio Llamazares: «En el mundo en el que vivimos o estás en el mercado o estás en el limbo»

Los escritores leoneses Julio Llamazares y Raúl Guerra Garrido
I mposibles de encontrar. Libros que, literalmente, han desaparecido. Los escritores leoneses Julio Llamazares y Raúl Guerra Garrido rescatan dos novelas descatalogadas.
Llamazares, que acaba de publicar Distintas formas de mirar el agua, un homenaje a los desarraigados que perdieron su hogar sepultado bajo las aguas del pantano de Vegamián, reedita en Alfaguara el 26 de marzo El entierro de Genarín , libro que vio la luz por primera vez en el año 1984. El autor de El año del wolfram recupera, gracias a la editorial Reino de Cordelia, La costumbre de morir.
En ambos casos, se trata de ediciones más cuidadas que las que publicaron por primera vez sendos títulos.
Llamazares confiesa que está encantado con la reedición de El entierro de Genarín , con una veintena de ilustraciones «espectaculares» de Antonio Santos. Según el autor de La lluvia amarilla fue en realidad Antonio Santos quien le propuso reeditar el libro con sus grabados. «Creo que la edición va a sorprender», confiesa.
El autor de Luna de lobos relata en El entierro de Genarín una de las liturgias más surrealistas y corrosivas de la Semana Santa leonesa. El viacrucis apócrifo que tiene lugar en León cada Jueves Santo, en recuerdo del singular pellejero Genaro Blanco Blanco, que encontró la muerte mientras hacía aguas mayores junto al tercer cubo de la muralla, atropellado por el primer camión de la basura que tuvo la ciudad.
Un relato, a mitad de camino entre la novela y el ensayo, que entronca con géneros tan genuinamente españoles como la picaresca y el esperpento. La obra de Llamazares, subtitulada El evangelio apócrifo del último heterodoxo español , es una especie de ‘biblia gamberra’ y álbum de fotos de un pueblón y sus singulares personajes. Borrachos, putas, gobernadores y otras gentes de ‘buen vivir’ —o mal, según se mire— desfilan en esta peculiar corte de los milagros, incluida La Moncha, mujer ‘de la calle’ que cubrió el cadáver de Genaro con las páginas del Diario de León.
Y en medio de esa fauna etílica sobresale también el principal profeta genarinesco, Francisco Pérez Herrero, que con el tiempo ha llegado a tener calle propia. Llamazares cuenta además los milagros que se le atribuyen al santo pellejero, como la sanación de un hombre que padecía de incurables cólicos nefríticos o el día que intentó vender la Catedral a un incauto turista inglés. Como recoge Llamazares: «Y siguiendo tus costumbres / que nunca fueron un lujo/ bebamos en tu memoria / una copina de orujo».
Desde hace unos años el escritor de Vegamián ha ido salvando libros publicados en su momento por editoriales que, incluso, han desaparecido. En 2006, por ejemplo, reeditaba Escenas de cine mudo , en el que reflexiona sobre la memoria. Un libro que utiliza los recuerdos como «sustancia que estructura la personalidad y que nutre la literatura».
El eje sobre el que gira esta obra,
publicada por primera vez en 1994, es el tiempo y la obsesión del protagonista por atraparlo. El año pasado su actual editorial, Alfaguara, reeditaba también En mitad de ninguna parte , publicado hace veinte años en una extinta editorial. Llamazares no tuvo la tentación de retocar los siete relatos porque sabe de la inutilidad de hacer Photoshop a los libros, que, en definitiva, son el retrato de lo que hemos vivido. En mitad de ninguna parte tenía un título premonitorio. Le ocurrió como a muchísimos libros, «que se quedan en el limbo cuando dejan de estar en el mercado. En el mundo en el que vivimos o estás en el mercado o estás en el limbo. En mitad de ninguna parte es el punto intermedio entre el mercado y el limbo, que es donde están los personajes de los cuentos. El libro lo publicó Olleros & Ramos, con una colección muy bonita con cinco o seis libros, de Muñoz Molina, Reverte y Luis Mateo, fue un capricho de editor. Se vendieron, se agotaron y desapareció», así lo contaba Llamazares.
La Guerra de Garrido
En clave diferente, Guerra Garrido habla de ETA, que puso una bomba en su farmacia del País Vasco, en La costumbre de morir. Con la exquisitez de todos los títulos que publica Reino de Cordelia, la novela de Guerra Garrido acaba de llegar a las librerías.
Un joven ingeniero, hijo de una víctima de ETA, prepara durante años una sofisticada venganza para acabar con el asesino de su padre. El plan se desarrolla minuciosa y fríamente, como si se tratara del argumento de una novela policíaca: introducirse en el lujoso ambiente donde alterna el etarra, acercarse a él, ganarse su confianza… Como aliados indispensables, el asesino consigue un coche de lujo y una prostituta que le sirven para construir su tapadera.
Este es el argumento de La costumbre de morir, un thriller que Guerra Garrido tuvo la valentía de publicar cuando la banda terrorista estaba en plena actividad y residía en Euskadi, donde muy pocos resistían y casi todos callaban.
La costumbre de morir encierra una crítica a la sociedad y una condena a la violencia, acompañada por un esfuerzo por entender sus causas. La costumbre de morir, que apareció en 1980, da una idea del talante del autor, que bien podría haberla titulado La costumbre de matar.
A Guerra Garrido le ha ocurrido lo mismo que a Llamazares. También algunas de sus novelas están ‘desaparecidas’. De ahí que el año pasado reeditara Dulce objeto de amor y Con tortura , dos de sus primeros libros, que 26 y 46 años después de su primera aparición en librerías, regresaban con sendas reediciones a cargo de Reino de Cordelia y Tábula Rasa Ediciones, respectivamente. Como curiosidad, Dulce objeto de amor, una de las pocas novelas breves publicadas por el Premio Nacional de las Letras 2006, que vio la luz originalmente en vasco con el título Maitasun objetu eztizkoa en 1988 con la editorial La Primitiva Casa Baroja.