Diario de León

Mi vida por un cómic

l Scott McCloud presenta la obra definitiva de su carrera literaria. Filandó n el escritor recrea el mito de fausto con ‘El escultor’, una novela gráfica sobre un artista que entrega su vida a la Muerte a cambio del don de poder crear una obra maestra

El gran ilustrador Scott McCloud, que esta semana estuvo en Barcelona

El gran ilustrador Scott McCloud, que esta semana estuvo en Barcelona

Publicado por
sergio andreu
León

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S cott McCloud pasará a la historia por ser uno de los grandes teóricos de cómo funciona el cómic, el arte secuencial que ha diseccionado. El autor de Entender el cómic y uno de los mayores defensores del webcomic, ha dedicado cinco años a El escultor (Planeta cómic), un parto «duro pero satisfactorio», explica. «En ocasiones, si trabajas en un proyecto grande (cerca de 500 páginas de novela), sientes como algo parecido a un dolor estomacal, pero en este caso, a pesar de llevar cinco años, he tenido la sensación de que avanzaba en todo momento con el viento de popa, y aunque le dedicaba once horas al día, siete días a la semana, no me parecía que fuera trabajo, lo he disfrutado», comenta.

La novela es una especie de fábula de corte existencial sobre la angustia creativa de un joven escultor que tiene la desgracia de llamarse igual que un grande de ese arte, —David Smith— y al que la inspiración ha dado la espalda. En medio de esa desesperación, el «anónimo David Smith» recibe la visita de la Muerte en la forma del fantasma de un familiar que le concede la posibilidad de poder modelar cualquier piedra a su antojo a cambio, no del alma, sino de su vida: si acepta, sólo tendrá 200 días para poder realizar la obra por la que quiere ser recordado. McCloud (Boston, 1960) reconoce que como creador se identifica en gran parte con ese personaje con ganas de trascender a través de su trabajo, pero señala que este pacto no tiene que ver con el mito de Fausto de Goethe o Marlowe, sino que se trata de un pacto más terrenal y finito. «Lo que David vende son sus días de vida, la Muerte ya le advierte de que no existe el más allá, y ese pacto demuestra la importancia de cada minuto que le queda; no hay ni cielo, ni infierno, ni diablo, lo único es la muerte, algo que nos espera a todos», comenta McCloud, quien además de su vertiente ensayística, también es autor de historias de ficción narrativa como Zot! . Sin embargo, aunque el joven escultor dispone ahora de un poder que elimina todas sus limitaciones físicas y técnicas «se ha de enfrentar con los límites de sí mismo, las limitaciones de su imaginación, ésa es la contrapartida del acuerdo», reseña.

Y en parte, McCloud se ha encontrado ante una encrucijada similar para abordar El escultor , una obra en la que ha vuelto a la publicación en papel, tras sus propuestas digitales, y en la que ha de demostrar, una vez más, todos los conocimientos que proclama como teórico. «Cuando estudiaba los webcomics estudiaba las limitaciones del papel, y ahora que las conozco he podido explotarlas», señala el historietisa que, no obstante, realizó los dibujos de El escultor de forma digital, aunque con el objetivo de llevarlos luego a la página de papel y convertirlo en un libro impreso. «Ha sido un reto divertido», añade. Verdaderamente, El escultor es una increíble sucesión de recursos narrativos, visuales, y de puntos de vista, con páginas compuestas de multitud de microviñetas, y otras en las que un par de dibujos llenan todo el papel. Aunque cuando publicó Entender el cómic —luego vendría Reinventar el cómic— su intención era iniciar una conversación con los aficionados, se da cuenta de que sus teorías se han convertido en ocasiones en materia de examen en las escuelas.

«Los profesores hacen que los estudiantes lean mis libros y luego les puntúan, eso me entristece un poco la verdad, porque lo que quiero es que los alumnos debatan, sugieran, no que acaten lo que se les propone sin más», se lamenta.

Recuerda con orgullo a un joven alumno de una escuela de Florida que en desacuerdo a la teoría de McCloud de que la simplicidad en los rostros de los personajes ayuda al lector a identificarse con él, se puso una careta totalmente inexpresiva para leer su presentación ante la clase. «Ese es mi tipo de lector favorito, alguien que me lleve la contraria, son los más divertidos», se jacta el dibujante.

McCloud reconoce que crear demasiadas normas y estar pendientes de las reglas puede «exprimir la sustancia» de los cómics, dejarlos sin vida. «Por eso yo trazo mapas, mapas de lo que es posible hacer en la viñeta, como si fuera un continente gigantesco lo que dibujo, y muestro en mi obra únicamente un pedacito de ese continente».

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