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El padrino de los cuentos

ESTE VERANO SE CUMPLE EL CENTENARIO DE LA MUERTE DE SATURNINO CALLEJA (1855-1915), UN EDITOR QUE DEJÓ HUELLA EN LA LITERATURA INFANTIL Y EN LA EXTENSIÓN DE LA LECTURA. PUBLICÓ OBRAS DE TODOS LOS GÉNEROS, CON PREDILECCIÓN POR LAS DESTINADAS A LOS NIÑOS. SU APELLIDO QUEDÓ ASOCIADO AL DESTELLO DE LA FANTASÍA NARRATIVA. divergente

El escritor Saturnino Calleja

Publicado por
ERNESTO ESCAPA
León

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S aturnino Calleja fue mucho más que un próspero editor. Toda su actividad estuvo marcada por la preocupación de difundir la cultura y elevar la formación de los españoles. Para ello, se centró en los libros escolares y en la edición atractiva de los cuentos que leían los niños europeos de su época. Cuidó especialmente la calidad de las ilustraciones, fijando en numerosos personajes infantiles la imagen de su representación posterior. Consideraba prioritario fomentar la lectura en los niños y facilitar el acceso a los libros de los estratos sociales más desfavorecidos. Para ello, puso en marcha formas de venta nuevas y audaces, que acompañó con un esfuerzo de distribución considerable, tutelando librerías por todo el país y abriendo delegaciones en Filipinas y América. En su preocupación por difundir los libros, fundó la Asociación de Librería de España, que garantizaba un circuito de distribución por toda la geografía nacional.

EL EDITOR DE PLATERO

Saturnino Calleja nació en Burgos, en 1855, y murió en Madrid, en 1915. En 1876 fundó en Madrid su propia editorial, sello con el que llevará a cabo un trabajo fundacional en el terreno de la literatura infantil, cuya estela traspasará la brecha de la guerra civil, llegando hasta los años cincuenta. Pero las ocupaciones editoriales de Saturnino Calleja no se limitaron a la gestión, sino que su fervor por la literatura lo empujó a escribir obras de todo tipo de géneros, dedicadas especialmente a su público predilecto, que formaban los niños y jóvenes. Muy curioso resulta el cuento El león en Quintanadueñas, pueblo burgalés de sus raíces. Entre 1915 y 1928, le sucedió al frente del negocio su hijo mayor Rafael, con la ayuda de Salvador Bartolozzi como director artístico. En 1928, tomó el relevo su hermano Saturnino, que la dirigió hasta la guerra civil, con más preocupación por su solvencia económica que por la tradición estética.

La Editorial Calleja llegó a ser la más popular en España y contó durante unos años con Juan Ramón Jiménez como director literario. En su catálogo apareció Platero y yo (1914), así como obras de Azorín, Pérez de Ayala, Moreno Villa, Manuel Azaña y Luis Bello. Saturnino Calleja incorporó una estrategia novedosa al mundo editorial de la época: publicó grandes tiradas de los libros, con un pequeño margen de beneficio que abarataba los precios, y los ilustró profusamente con dibujos de los mejores artistas. De ese modo, incorporó a la lectura a varias generaciones de niños, con unos cuentos atractivos y al alcance de los bolsillos de menor poder adquisitivo. Los manuales escolares eran entonces escasos, caros y malos. Calleja los sustituyó por otros orientados por las modernas tendencias pedagógicas que ilustró profusamente, siguiendo su lema de todo por la ilustración del niño y los repartió por las escuelas de los pueblos españoles. A menudo, a su costa y como parte de esa labor de siembra que guió su actividad.

LA REDENCIÓN DE LOS MAESTROS

Los maestros se encontraban en una posición tan precaria como recuerda la triste condena de «pasar más hambre que un maestro de escuela». En 1884, Saturnino Calleja fundó y dirigió la revista La Ilustración de España, periódico consagrado a la defensa de los intereses del magisterio español. Su primer número vio la luz en junio de 1884. Aquella revista iba acompañada por el boletín El Heraldo del Magisterio, concebido con los mismos fines y enriquecido por firmas importantes. También creó la Asociación Nacional del Magisterio Español y organizó la Asamblea Nacional de Maestros. Con todo ello se convirtió en el líder indiscutible de los maestros españoles.

La editorial Calleja publicó del orden de 3.000 títulos, entre los que había cuentos, libros de texto y de pedagogía, así como literatura clásica (varias ediciones del Quijote, la primera edición completa de Platero y yo), el Diccionario manual de la lengua española, ilustrado con miles de grabados, mapas geográficos, retratos de hombres célebres y láminas enciclopédicas, atlas, libros de medicina, higiene, derecho, baile, cocina y todo el repertorio de materias de interés popular. Aparte de las colecciones de cuentos, Calleja impulsó también la edición de obras de carácter enciclopédico, como la Biblioteca ilustrada para niños, en la que incluyó gran variedad de títulos: Genoveva de Brabante, Viajes en globo, Bertoldo, Bertoldino y Cacaseno…

LOS MEJORES ILUSTRADORES

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En esta tarea de difusión de la literatura clásica infantil, Calleja incorporó a los ilustradores más importantes y reconocidos del momento, para dotar a sus ediciones de un gancho especial, que todavía permanece como referente de calidad y buen gusto. En ese equipo de ilustradores figuran Penagos, Zamora, Méndez Bringa, Bartolozzi, Robledano, Tono, Ribas, Manuel Ángel y muchos otros. Además, reunió títulos antológicos que resumían sus grandes colecciones y que alcanzaron un éxito espectacular: Libro de cuentos, Cuentos para niños y Cuentos en postales para iluminar. Su trabajo como editor especializado en literatura infantil le granjeó fama y popularidad descollantes, hasta el punto de dar pie a la expresión «tienes más cuento que Calleja», que todavía se usa hoy. Y ello no sólo por la abundancia de su producción, sino en gratitud a la capacidad de conectar con la sensibilidad y expectativas del público juvenil.