Diario de León

Santa Teresa y Éboli, duelo de gigantes

l Juan Manuel de Prada novela el choque entre dos de las mujeres más importantes del siglo XVI. EL CASTILLO DE DIAMANTE Juan Manuel de Prada Espasa, Madrid, 2015. 456 páginas

ASÍS G. AYERBE

ASÍS G. AYERBE

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miguel lorenci
León

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E s un combate a muerte entre dos de las mujeres más relevantes e inteligentes del siglo XVI». Juan Manuel de Prada (Baracaldo, 1970) presenta así El castillo de diamante (Espasa), su nueva novela, un apasionante duelo entre dos ciclones, Teresa de Jesús y Ana Mendoza de la Cerda, la princesa de Éboli. «Chocan dos maneras de ver el mundo, dos mujeres con una personalidad fulgurante y arrolladora que persiguen a su manera lo mismo y no aceptan el papel subsidiario que les asignaron» asegura el escritor. De Prada presentó su nueva fabulación en Pastrana, la localidad alcarreña donde se retiró la aristócrata, donde Teresa de Cepeda fundó dos de sus conventos y ambas libraron su descarnada batalla. Prada promete diversión al lector con una novela «esperpéntica» que pueblan personajes «excéntricos como ellas, propios de Berlanga o Buñuel».

Ambas se movieron entre la admiración y el odio. «Acabaron muy mal, pero su relación fue de reconocimiento mutuo», explica el escritor. «Comprenden que son mujeres excepcionales y ven en la otra a un alma gemela, alguien que trata de abrirse paso en un mundo que quiere aplastarlas» precisa. «Tratan de salirse de las convenciones de su época, y partir de ahí se entabla combate formidable en el que dan golpes muy duros» explica de Prada. Es Teresa de Jesús quien se refiere en Las morada al alma como ese ‘castillo de diamante’, «que la princesa de Éboli asedia y quiere asaltar».

Santa Teresa impone sus condiciones de forma inmisericorde y esto hace que salten chispas entre ambas. «Cervantes distingue ya entre dos tipos de envidias, una sana que él dice santa y tiene afán de emulación, y otra más sórdida que desea el mal ajeno. La que retrata esta novela es la pasión envidiosa que la princesa de Éboli profesa a la monja y que produce momentos de enorme conflicto». ¿Quién gana y quien pierde en esta batalla telúrica? «Teresa triunfó, a costa de muchos magulladuras, golpes, descalabros y escarmientos. El ansia de poder es un sucedáneo del impulso religioso y si Teresa lucha por el perfeccionamiento interior, a Ana Mendoza le conducirá a la destrucción».

«La princesa de Éboli fue una perdedora. Se precipitó en el abismo en el terrible final de su vida. Asociada con Antonio Pérez y conspirando juntos para tratar de manejar a Felipe II crearon un ‘chiringuito’ de concesión de privilegios, una ‘pequeña Gürtel’ de la época» asegura De Prada. Retrata a una Teresa de Jesús divertida, rebosante de humor, gran lectora de novelas de caballería —caballero andante de lo divino, la llama— y alejada del tópico de la disciplina espartana. «Es un retrato real. Su sentido del humor es permanente y ella misma confiesa que lee libros de caballerías, una pasión que le dejó una huella muy profunda, que explica las empresas y reformas que acomete y su vocación religiosa como una aventura, y no como algo reglamentado y convencional».

«Su vocación religiosa es muy vital. El servicio a un alto ideal justifica todo tipo de descalabros, desventuras calamidades y desgracias y eso tiene que ver con el temperamento los caballeros andantes», apunta Juan Manuel de Prada. «Tenemos una idea amazacotada, muy estatuaria de estos personajes y aprovecho para jugar con ellas, hacerlas jocosas, deslenguadas, irreverentes y mandonas, porque son dos grandes mandonas» dice prometiendo diversión al lector.

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