Diario de León

Consumidor de hachís y católico

l El nieto de Valle Inclán le quita al dramaturgo las máscaras que le impuso la leyenda. RAMÓN DEL VALLE-INCLÁN. gENIAL, ANTIGUO Y MODERNO Joaquín del Valle Inclán Alsina

Sáshenka Gutiérrez

Sáshenka Gutiérrez

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miguel lorenci
León

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N o fue bohemio, ni pobre, ni de izquierdas. Más bien todo lo contrario». Con estas pinceladas Joaquín del Valle-Inclán Alsina (Santiago, 1953) desmonta algunos de los tópicos, mentiras y medias verdades en torno a su abuelo, Ramón María del Valle-Inclán (1866-1836). No conoció al genial autor de las Sonatas, Tirano Banderas o Luces de Bohemia, pero ha dedicado tres décadas a investigar su vida. El resultado es Ramón del Valle-Inclán. Genial, antiguo y moderno (Espasa) una biografía «sincera, real y cercana» de uno de los grandes renovadores de la literatura española del siglo XX. Redefine un perfil «que nos ha llegado deformado» como si se reflejara en los espejos del callejón del gato donde don Ramón alumbró el esperpento. «Necesitaría otro libro para corregir mentiras, exageraciones o fantasías», ironiza su nieto. Lamenta que la anécdotas y los lugares comunes oculten el verdadero perfil del escritor de quien ofrece «una visión razonada y razonable». Y eso que estima «casi imposible» saber quién fue de veras Valle, un celoso guardián de su intimidad que mentía con garbo y sin recato sobre su vida y sus afanes. «Reconstruir cualquier vida, con vacíos y recuerdos inventados, es labor imposible, y más con alguien tan reservado, que muy rara vez confesaba qué opinaba o pensaba» dice un biógrafo «estricto» que ha tratado de «llevar a cabo un estudio histórico riguroso». «Construyó una máscara para protegerse, aunque él mismo fomentara muchísimos de los disparates que se han dicho después» admite su biógrafo. Manuel Azaña, que lo trató de cerca se preguntaba «¿quién sabe lo que piensa Valle de nada ni de nadie. Le he oído defender siempre con muchísima gracia y desenvoltura posturas completamente opuestas».

«No cuento nada que no esté basado en datos» dice asegurando que Valle «no era pobre, ni de izquierdas; más bien todo lo contrario». «Era católico, heterodoxo y fascinado por la religiosidad popular, y tampoco era un bohemio, que según la RAE es una persona de vida desordenada». «Era ordenado, muy reservado y amante de su familia, obsesionado por la educación de sus hijos y extremadamente trabajador», asegura su nieto, para quien resulta «muy chocante que se hable de la simpatía de Valle por el anarquismo, el galleguismo, los filocomunistas o los bolcheviques». «Valle y su grupo fueron gente adinerada, acaso un punto estrafalario y extravagante. Pudieron vivir en los cafés y no sufrieron penurias. Tenían dinero por familia o patrimonio; en el caso de Don Ramón gracias a su momio ministerial, por el que ingresaba 2.000 pesetas al año sin pisar la oficina» asegura su nieto. «En 1898 se encargó un traje en una de las mejores sastrerías de Madrid. Pagó 225 pesetas, una fortuna, el salario de cuatro años de un pocero municipal» destaca su nieto. Miscticismo Sí le sorprendió constatar que don Ramón --nunca le llama abuelo- fue consumidor de hachís. «Creí que era un tropo literario, pero bien en pastillas o fumado, fue consumidor habitual. Empezó en 1908 y seguía consumiendo en 1926», precisa. Se inició por consejo médico «y acabó usándolo como vía de exploración mística», explica Joaquín Valle-Inclán, que cita una carta a Corpus Barga en la que Valle cuenta como aumentó las dosis para experimentar. «El hachís se usaba entonces para casi todo; era habitual en asilos y frenopáticos. Él Investigó su efecto como un medio de instrospección mística, de búsqueda del sentido religioso intuido en toda las cosas».

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