Diario de León

Los fantasmas de la guerra

la sombra blanca Carlos Fidalgo Reino de Cordelia, Madrid, 2015. 192 páginas.

Publicado por
alfonso garcía
León

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H e visto cosas horribles en la guerra, teniente. He visto cuerpos despedazados por las granadas, soldados que se desangran sin que nadie los auxilie, heridos que gritan porque no hay nada que les calme el dolor. He visto amigos morir delante de mí y esas imágenes siempre estarán conmigo». Es un breve texto que testifica el espíritu de esta magnífica novela. «La guerra me ha cambiado tanto que a veces tengo la sensación de que no soy yo mismo». Con este escenario es fácil adivinar qué se esconde detrás del título, aunque no es menos cierto que quizá por ello este se convierta en uno de los libros que impactan y se convierta en inquietante.

El dolor de la guerra, de los muertos, mitigado a veces por la prosa velada, por el tono misterioso que con frecuencia esconde. Y es que el sueño de cuanto ocurre –sombras, alucinaciones, fantasmas- se convierte en una especie de locura, en una locura seguramente, en una interiorización de hechos y circunstancias bélicas a la que se suman diversas voces como expresión del mismo dolor, de un dolor colectivo que se enlaza en la cadena de la secuencia narrativa, aunque se narre el misterio del soldado escocés Elgin Gairloch –«Me pregunto qué habrá sido de él. Si lo habrán licenciado o todavía permanece en Francia, a la espera de que los alemanes firmen las condiciones de paz»-, y cómo volvió a casa después de la última batalla de Somme, fechada en la primavera de 1918.

Un relato de fantasmas, en fin, sustentado en un juego de voces ante el horror y sus consecuencias se convierte en la trama argumental en realidad de una novela muy bien construida, sólida e impecablemente tramada y trabajada. Es verdad que asistimos a la desolación y la muerte, a los derrumbamientos interiores, del paisaje y de la vida. La realidad, contada casi siempre como hechos, pocas veces como sentimientos, como nieblas. Pero no es menos cierto que Carlos Fidalgo (Bembibre, León?) da un paso más contándolo con una prosa de fácil lectura, original, elegante, sin caer nunca en los tópicos, al contrario, con un ritmo muy marcado, vital diría, que le permite transmitir, con breves pinceladas a veces, una sensación interior que nos conmueve. Excelente ambientación, tan difícil de conseguir en casos como este, y tan eficaz en La sombra blanca, que se convierte en la atmósfera necesaria para que el lector se sienta involucrado, comprometido en la complicidad, actitud que solo algunos novelistas, y este es el caso, son capaces de conseguir. Ayuda a ello, además, la frase breve, encadenada perfectamente en el discurso narrativo, primorosamente pensado y ejecutado.

Créanme si les digo que estamos ante una novela deliciosa.

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