Diario de León

Recorriendo España y sus pesares

atlas de la españa imaginaria Julio Llamazares Nórdica libros. Prólogo de Pedro García Martín Fotografías de Navia e Ilustraciones de David de las Eras., Madrid, 2015. 103 páginas.

Publicado por
nicolás miñambres
León

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C ualquier lector de Julio Llamazares está familiarizado con la lectura de los libros de viajes del autor, donde se esconden verdaderas joyas literarias. Esto, en extensión menor, son las 104 páginas de Atlas de la España imaginaria . La obra se inicia con el capítulo dedicado a Jauja, con ciertas reminiscencias al Paso de Lope de Rueda, aunque leemos en su comienzo: «Jauja no es Jauja», sino que es «pueblo que poco o nada se diferencia de cualquier otro pueblo de Andalucía». La sobriedad literaria dedicada a Jauja queda aparte al hablar con pasión de «En Babia», región de gran belleza, grandes hombres, con ecos trashumantes y bien conocida por el autor. Menos suerte tiene la zona «Entre Pinto Valdemoro», cuya geografía considera una especie de símbolo de la inutilidad, llegando a afirmar si existirán zonas más feas que ésta. Los ecos y citas quijotescas abundan, porque en esta zona sigue rindiéndosele honor al Quijote por el contenido de «La ínsula Barataria». Probablemente el pasaje dedicado a las Batuecas se encuentre entre los mejores del libro. Los ecos antiguos, la arquitectura, la orden de los carmelitas, el paisaje, los restos prehistóricos…todo ello dota de un misterio especial que Julio Llamazares sabe captar a la perfección, alternando sabiamente la observación personal y las citas eruditas. El aforismo «Andar por los cerros de Úbeda» recibe su merecido y justo homenaje literario en el capítulo correspondiente, recordando que el origen puede estar en la Batalla de Las Navas de Tolosa. La obra finaliza con unas reflexiones sobre Fuenteovejuna, ciudad envejecida, pero donde la obra de Lope de Vega recibe cada dos años una entusiasta representación por parte de la juventud.

No hay por qué insistir en la profundidad de los pasajes descritos. Varía el estado de ánimo del escritor y varía lo que contempla, como se observa en «Entre Pinto y Valdemoro». Pero Julio Llamazares, un maestro en los libros de viajes, deja aquí su impronta, dignificada por las fotografías de Navia y los tímidos y delicados dibujos, casi infantiles, de David de Las Heras.

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