Diario de León

«El mundo se entiende solo mirando pantallas»

l Juan Francisco Ferré publica ‘El rey del juego’. El novelista malagueño Juan Francisco Ferré, que trató el caso de Strauss-Kahn en su penúltima novela, ‘Karvanal’, y efectúa una crítica de la España actual en su última obra, ‘El Rey del juego’ , afirma que «este mundo sólo se entiende mirando pantallas sin parar»

El novelista malagueño Juan Francisco Ferré

El novelista malagueño Juan Francisco Ferré

Publicado por
alfredo valenzuela
León

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V ídeos pornográficos, drogas de síntesis, videojuegos y ramificaciones argumentales que parecen caídas en barrena inundan las páginas de su última novela porque, según el autor, ese mundo lleno de pantallas sólo es soportable «tomando sustancias indigestas con que aprender a tolerar lo que aparece todo el tiempo en ellas».

Sobre si la realidad de España se parece a la realidad virtual de los juegos, ha señalado que ve a España «como a otros países del mundo, atrapada en un videojuego diseñado y jugado por otros poderes innombrables».

«Un siglo después, el ‘¡Que inventen ellos!’ de Unamuno ya no nos convierte en la ‘Reserva Espiritual de Occidente’, ya sólo creen en esa idea los banqueros y los publicistas de los banqueros, sino en la ‘Reserva Universal de Licenciados Parados de larga duración’; exportar mano de obra cualificada puede ser nuestro gran logro en el siglo XXI», ha añadido. Ferré ha confesado que El rey del juego , una novela rabelesiana, barroca y excesiva, se le ocurrió «cuando un partido como Podemos aparece en el horizonte político español al mismo tiempo que abdica el decrépito Rey Juan Carlos y España es humillada en el Mundial de fútbol».

De su protagonista, «un hombre blanco divorciado», ha admitido que se trata de «un paria y una víctima» porque se da la paradoja de que «lo políticamente correcto se ha vuelto reversible y puede ser muy peligroso para el orden establecido».

A la pregunta de si una doble de Cristina Pedroche que se llame Marta Sánchez y sea agente secreto es un personaje creíble, ha contestado: «Mucho más creíble, en cualquier caso, que los personajes mediáticos en que se inspira para burlarse de ellos; lo creíble o increíble de las cosas depende de nuestro grado de candidez».

De la poca pasión que su oficio, la literatura, provoca en los jóvenes, Ferré ha dicho que «lo malo no es que la literatura desaparezca del mundo, o que el mundo desaparezca de la literatura, allá la literatura, allá el mundo; el mundo, en cualquier caso, no durará mucho más que la literatura, su desprecio a esta lo condena al infierno banal de las redes sociales».

«Lo peor es que la gente no lea más que cursilerías, visiones pacatas de la realidad, biempensantes o políticamente correctas, para poder armarse de valor y seguir soportando este mundo que se ha vuelto insufrible para la mayoría», ha añadido.

Y ha remachado: «Somos una especie autodestructiva, por definición genética, y no me preocupa demasiado nuestro futuro; cuando la Tierra se harte de nosotros nos destruirá y punto; me aburren los predicadores de aldea que siempre hablan del cambio climático y demás preocupaciones mediocres del padre de familia sin horizonte; el capitalismo es más devastador con las almas de sus consumidores que con la naturaleza».

Ferré ha admitido que sus explosivos planteamientos narrativos y el mundo delirante en el que sumerge al lector pueden acogerse al magisterio en El hombre que fue jueves de Chesterton y «a la visión invertida de la realidad y la locura de los personajes de Alicia a través del espejo , de Carroll».

Descarta, no obstante, hallarse en la estela del esperpento porque éste «con o sin Valle Inclán, es un concepto de realismo limitado a la caricatura y la ridiculización» y Ferré prefiere «por su exuberancia y vitalidad, el realismo carnavalesco de Rabelais, la alegría subversiva de la sátira menipea, la ironía cervantina, el humor patafísico de Jarry o el ingenio y la comicidad de Queneau y Cabrera Infante».

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