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JUEGOS REUNIDOS (2016) AVANZA EL REPASO MEMORIAL DE MARCOS ORDÓÑEZ HASTA LOS PRELIMINARES DEMOCRÁTICOS. NARRADOR, PERIODISTA CULTURAL Y PROFESOR, ORDÓÑEZ EN SUS PRIMERAS NOVELAS SE PRESENTÓ COMO CISTERNIEGO, POR GASTARLE UNA BROMA AL PADRE, NACIDO EN CISTIERNA EN 1911. CONRADO ORDÓÑEZ DEL VALLE FUE POLICÍA, FALANGISTA IRREDENTO Y DISPERSO HOMBRE DEL ESPECTÁCULO. . divergente

Marcos Ordóñez

Marcos Ordóñez

Publicado por
ERNESTO ESCAPA
León

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C onrado Ordóñez era primo del escritor Tomás Salvador, también policía y ganador del Planeta 1960. En su anterior relato memorial, hace tres años Marcos Ordóñez escaló con ternura y humor su genealogía asturleonesa, de la que el padre era un apéndice más agrio que el tío Tomás, amansado por una sordera conquistada en la División Azul. El abuelo Marcos y la abuela Feliciana suben desde Villada a Cistierna, donde nacieron sus hijos. Luego, se trasladan a Madrid y allí la abuela se reencuentra con su paisana Josefina Blanco, la mujer leonesa de Valle Inclán. Conrado Ordóñez publicó un par de novelas inadvertidas: Fuego en las cumbres (1952), sobre el maquis asturiano, y La calle del infinito (1970). Luego, se despidió con La línea divisoria. Memorias de un exiliado azul (1981), donde evoca la fractura de los años treinta, cuando le tocó recoger el cadáver de Calvo Sotelo, su evasión de la zona republicana, el breve exilio y su regreso a la España franquista. Un texto revisionista, fruto de la amargura, que carece de la nobleza de Camaradas 74 (1975), la catarsis de su primo Tomás Salvador sobre la patulea de ex combatientes. Un jardín abandonado por los pájaros (2013) también evocaba la genealogía catalana. La abuela materna perdió un brazo en un bombardeo y luego fue vecina de Raquel Meller, mientras el abuelo sustituye en el piano de los Vieneses al músico leonés Evaristo Fernández Blanco, que emprende una gira por América con la compañía de variedades Rambla. Las evocaciones del abolorio se hacían palpitantes cuando los recuerdos afectaban ya a la propia memoria, los años sesenta de una Barcelona rebosante de vida. Un testimonio primoroso de infancia y aprendizaje en el bastidor de la familia. Ahora suma la nostalgia de aquellos Juegos reunidos, cuyo tablero incorpora una iconografía generacional con siluetas tan reconocibles como Dylan, la sucia combustión de los gitanes o el cine de Truffaut.

ABANICO DE INSTANTES

Marcos Ordóñez (1957) alterna en su obra novelas, libros de relatos, ensayos y un conjunto de acercamientos biográficos imprescindibles para esclarecer la aventura literaria, cinéfila, teatral y musical durante la posguerra: Gato Pérez (1987), De aire y fuego, memorias de Nuria Espert (2002), Beberse la vida: Ava Gardner en España (2004), Ronda del Gijón. Una época de la historia de España (2007) y Alfredo el Grande: vida de un cómico (2008). Como novelista, Marcos Ordóñez desliza su narrativa desde las claves más convencionales de El signo de los tiempos (1988) y A cualquiera puede sucederle (1990), hasta el desahogo de Una vuelta por el Rialto (1994), relato cinematográfico que bucea en el desasosiego del escritor ofuscado y en su inquina con el entorno literario. Si en la novela anterior ya hacía balance de su paso por el internado, aquel áspero «nido de cuervos» tan opuesto al cálido recinto de los abuelos, en Una vuelta por el Rialto el eje es su padre, el viejo húsar rodeado de exvotos imperiales, carteles y fotos azules, reliquias de su tiempo feliz. Ya ha leído sus memorias y puede calibrar lo que aquel grumo azulete significó en su vida. Pero no sólo le irrita el pasado. También repasa implacable su recorrido de joven creador y arremete contra los trucos de Muñoz Molina para disimular y dorar la nada.

Sus novelas siguientes, Rancho aparte (1997), Puerto Ángel (2000), Tarzán en Acapulco (2001), Comedia con fantasmas (2002), un homenaje cargado de emoción al teatro español de posguerra y a sus protagonistas más célebres y descabalados, o Detrás del hielo (2006) recogen el progreso de un escritor en ebullición, con evidente destreza para el manejo de los recursos narrativos. Libros que se leen con gusto, cuyo universo temático nos remite intermitentemente a la Barcelona de la educación sentimental del autor y a sus pasiones: el cine, la música, el teatro. Siempre la ciudad mediterránea y sus espejos como fondo de peripecias a menudo extraviadas. Y también la deriva generacional de unos jóvenes que apuestan en la busca de un rancho aparte.

PÁNICO MILENARIO

Turismo interior (2010) reúne tres historias que enlazan aquellos excesos con su legado de incertidumbre y acredita la madurez de Marcos Ordóñez como narrador. Ya no son tentativas, sino tres magníficas muestras de talento creativo. «Esto no está pasando» es un viaje a la noche barcelonesa plagada de personajes esperpénticos, mientras «Como un policía en un país extranjero» constituye un alarde en la reconstrucción de la ciudad anterior al sofoco nacionalista. Una pieza maestra del relato. Gaseosa en la cabeza es un texto tremendo y sobresaliente. En realidad, Turismo interior constituye un anticipo en la autobiografía de Marcos Ordóñez: el tercer peldaño que recoge sus ataques de pánico, miedos y alucinaciones, que dispara el cambio de siglo. Una incursión en el subsuelo de la incertidumbre, que abarca a su propia obra, donde aparece de nuevo la sombra amenazante del padre, policía y escritor frustrado, un escenario sobre el que emerge la fiesta de la cultura, que a menudo no pasa de simple apariencia. Se trata de una confesión en la que no falta el humor negro, pero que engancha por los destellos de su escritura: ágil, vibrante, seductora y permeable.

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