Maestría estilística
NEMO Gonzalo Hidalgo Bayal Tusquets, Barcelona, 2016. 288 páginas

E s sobradamente conocida la trayectoria literaria de Gonzalo Hidalgo Bayal, escritor y profesor de literatura. De entre todas sus obras, tal vez El espíritu áspero sea la más llamativa, por el juego retórico al que somete multitud de experiencias rurales y académicas.
Nemo , precedida de Paradoja del interventor , continúa esa espléndida carrera, jugando literariamente con el mundo de los humildes y con la sabiduría de su lenguaje. Todo ello, formalmente, queda reflejado en el estilo del autor. La novela se compone de 131 capítulos, secuencias más bien, sin puntos y aparte y un texto ricamente recargado de brillantes recursos retóricos. Frecuentemente, a los capítulos les precede una breve tirada de versos clásicos con un curioso mensaje que sirve de anticipo. Argumentalmente, la obra no parece excesivamente brillante. A un pueblo sin nombre llega un desconocido que no habla con nadie. Su nombre es Nemo, pero es palabra lejana al mundo de Julio Verne y próximo en cambio a la expresión latina Nemo-nemenis , nadie. El ambiente del pueblo (cuyos personajes viven en torno al clima que se crea en la bodega) es un espacio psicológico muy rico, pero de imposible relación por la biografía de quienes lo componen. De todo ello dará cuenta el escribano, oficio clásico y anticuado. Es hombre de sentido, educado y capta la esencia de lo que se comenta.
«A Nemo le atrae lo que se apaga, dijo el Viejo hace tiempo: las cenizas, las ruinas, el silencio, tristes residuos de antiguos esplendores». Por ello sugiere: «¿No sería tal vez el propio Nemo quien movió en las sombras y en silencio los hilos de la farsa?» Lo de menos es descubrir la clave de esta condición. Enfermará Nemo, pero la vida sigue su curso. El desenlace queda en una suerte de rumor, en los comentarios de los niños, que tal vez sean los que mejor le comprenden.