Diario de León

«Este libro es una manera de encapsular los sueños»

l Visor publica las Obras Completas de Raquel Lanseros en un volumen titulado ‘Esa momentánea eternidad’. Filandó n la poeta leonesa da un paso crucial en su carrera y reúne toda su poesía en una obra con la que logra levantar el edificio vital de toda su carrera literaria «La poesía posee también ese ímpetu epicúreo de afirmación vital, fruición y exégesis» «Cada generación tiene el cometido de hacer suyo e interpretar el lenguaje, que es un organismo vivo» «La poesía nunca finaliza. Los mismos o parecidos temas se enuncian de modo diferente»

La poeta leonesa Raquel Lanseros en el Jardín del Cid esta misma semana

La poeta leonesa Raquel Lanseros en el Jardín del Cid esta misma semana

Cristina Fanjul
León

Creado:

Actualizado:

—¿No es muy joven para tener tus obras completas?

—Huy, qué más quisiera yo que ser muy joven. La verdad es que el concepto de juventud es elástico, se ha venido alargando durante las últimas décadas con la prolongación de la esperanza de vida, hasta el punto que hoy se consideran jóvenes edades que no hace tanto eran ya maduras o incluso provectas. Es una buena señal, puesto que significa que en teoría podemos aspirar a vivir más años. En cualquier caso, volviendo al libro, un volumen de poesía reunida como Esta momentánea eternidad es, efectivamente un reconocimiento a la obra producida hasta la fecha, y una muestra de confianza que agradezco mucho.

—¿Por qué ese título, que parece un oxímoron pero que no lo es? Explíquemelo un poco.

—Este libro de poesía reunida es para mí un modo personal de encapsular un tiempo y unos sueños. He aquí el motivo por el que he titulado esta poesía reunida como Esta momentánea eternidad, un verso extraído del poema Hacia la luz , incluido en Las pequeñas espinas son pequeñas. Estos once años de poesía reunida son a la vez un relámpago, un instante fugaz, un destello momentáneo, y la diáfana eternidad en la que están incluidos el pasado, el presente y el futuro. Y es que la poesía, entre sus incontables propiedades y dones, posee también ese ímpetu epicúreo de afirmación vital, fruición y exégesis, esa «defensa contra las ofensas de la vida», en palabras de Cesare Pavese. Ese aliento de largo alcance que sitúa nuestra experiencia subjetiva más allá del tiempo y del espacio, en una «momentánea eternidad».

—El tiempo es uno de los temas más constantes en su obra. ¿Qué supone para usted? ¿Cómo lo ve y de qué manera lo expresa estilísticamente?

—Es difícil sustraerse a la sensación ambivalente que produce el paso del tiempo. Por un lado, como bien anunciara el célebre tango Volver , veinte años no es nada. Por otro, en ellos puede caber una vida entera. La evidencia de nuestra propia finitud nos hace conscientes del valor del momento presente, único escenario en el que se desarrolla la vida humana. Sin embargo, nuestro tiempo también es la eternidad, puesto que: «la muerte es algo que no debemos temer porque, mientras somos, la muerte no es y cuando la muerte es, nosotros no somos», como articuló Antonio Machado, parafraseando un pensamiento de Epicuro.

—¿Ha cambiado algo en estos tres años, desde ‘Las pequeñas espinas son pequeñas’?

—Heráclito de Éfeso lo único constante es el cambio permanente. Tres años son pocos, pero cuando uno echa la vista atrás, se da cuenta que en su transcurso han cambiado multitud de cosas. En mi caso, mi casa no era la misma, mis actividades eran sutilmente diferentes. Y, sobre todo, algunas de las personas que más he amado y que han supuesto para mí un verdadero anclaje al mundo, aún estaban vivas. Para las personas que como yo hemos cambiado varias veces de entorno, los recuerdos suponen algo tan valioso como una fe notarial. Porque a veces, de no ser por ellos, sería imposible distinguir el pasado de un sueño.

—Hasta qué punto la realidad política y social le influye a la hora de escribir?

—Pues yo creo que la influencia es enorme. La realidad política y social circundante es imposible de obviar, puesto que delimita y configura nuestro presente, obligándonos a posicionarnos moralmente ante el curso de la Historia en el momento que nos ha tocado vivir. Yo lo he hecho desde el principio, no sólo en poemas con un carácter de denuncia más marcado, como pueden ser Yago Bazal se deja ver dos horas, El creador del creador, Royan, le quatorze juillet 1989, Locus amoenus, 2059, Cada poema es un salvoconducto hacia una tierra libre, 22 de febrero, Maldición o venganza, El precio del ventajismo o Sigue doliendo España (éste último uno de los inéditos incluidos en la última sección de Esta momentánea eternidad) ; sino que también a través de una actitud crítica constante que preside mi vida y mi labor creativa. Es decir, la poesía supone casi siempre un acto de rebeldía. El impulso poético no es pragmático, sino rebelde y subversivo: una declaración de libertad. Leer poesía y escribir poesía conlleva aventurarse a pensar y a sentir. No del modo en que el statu quo quisiera, ni como las convenciones sugieren que sería razonable. De una manera personal, íntima, acorde con las propias convicciones, temperamento y experiencia.

—¿Cree que escribe una y otra vez el mismo poema?

—Espero e intento que no.

—¿Cómo le cambia acabar un poemario o finalizar un poema? ¿Lo termina alguna vez?

—Paul Valéry dijo: «Un poema nunca se termina, sólo se abandona». Y tenía razón. La poesía nunca finaliza. Los mismos o parecidos temas se enuncian de modo diferente, de modo que engendren palabra nueva. Y en esa labor está centrada cada nueva generación de poetas, en hablar con palabras de su tiempo de los temas universales y eternos.

—¿Cómo funde el ritmo con el tema del poema?

—El ritmo es uno de los elementos vitales del poema, la sangre por la cual discurre el pensamiento, el lenguaje y las figuras literarias que lo componen. En poesía, como en la música o en la danza, el ritmo es un elemento troncal. Se equivocaría quien lo concibiese como un mero ornamento aleatorio, puesto que esa asunción daría lugar sin lugar a dudas a un poema fallido. El ritmo del poema ha de estar naturalmente acorde con el tema, con el tono, con las imágenes y con las pausas, si queremos lograr un resultado significativo y armónico.

—¿Se le queda pequeño el idioma?

—El idioma no se le puede quedar pequeño a nadie, pues su esencia es gigantesca, mucho mayor que la de un solo individuo, y es tarea casi imposible dominar por completo todos sus matices y multiplicidad de significación, incluso aunque se dedique a ello toda una vida. Las palabras pertenecen al río de la herencia de la especie. En ellas está grabada, como las muescas en un revólver, toda la experiencia de la estirpe desde los desconocidos y misteriosos albores de la creación del lenguaje humano. El lenguaje es un organismo vivo en permanente transformación, cada generación tiene el cometido de hacerlo suyo e interpretarlo, devolviéndole su particular análisis de la existencia, que será incorporado a la corriente de conocimiento colectivo que conforma la noche secular de la especie. En este sentido, las palabras viven dentro de nosotros como lo hace el código genético o los instintos, y nosotros nos sumergimos en ese legado para tratar de ajustarlo a nuestra propia necesidad de comunicación, una tarea siempre inacabada.

—¿Qué ha cambiado en su manera de escribir desde ‘Leyendas del promontorio’ hasta ‘Las pequeñas espinas son pequeñas’?

—La evolución poética propia es difícil de enjuiciar por uno mismo. Supongo que lo que va cambiando sobre todo, paulatinamente, es el modo de interpretar el mundo, una vez se van acumulando más experiencias. Es casi inevitable, imagino, que eso no se traduzca al modo de enfocar el acto creativo. Además, las lecturas y estímulos que se van interiorizando a través de los años suman nuevos modos de abordaje poético, maneras diferentes de expresión, aunque la base siga siendo la misma, es decir, la personalidad propia. De ahí que, a pesar de las diferencias, pueda rastrearse también una unidad. Ello es muy visible, creo, en «Esta momentánea eternidad», como obra de conjunto.

tracking