poesía
Soldador de palabras
LIBROS todo lo zurdo Víctor M. Díez Varasek, Madrid, 2016. 96 pp.

P oesía exigente es la de Víctor M. Díez, de Cordura abajo (1996) a Discurso privado (2013). En este penúltimo poemario afirmaba: «El poema está roto». Y «Roto» es el título de la primera parte de Todo lo zurdo. La rotura origina fragmentos, quiebras, encajes y desencajes. Ese es el espacio de la poesía de Víctor M. Díez, y en él ha de situarse el lector, al que no se le da un mundo completo, sino con huecos. Es el lector el que debe llenar los vacíos y coser las fisuras. Esta primera sección es muy unitaria, a pesar de dársenos el poema en diez fragmentos; el sentido va en una misma dirección: un decir difícil o imposible (lo indecible), por lo que el sujeto reafirma su ignorancia: «No sé el nombre de casi nada», «Desconozco todas las estrategias», «Ya no sé nada de vosotros», «Ya no me doy cuenta». De ahí que al decir se contraponga el desdecir, porque es un sujeto inseguro, desconcertado: «¿Cómo llamar al invierno?». El mundo se nombra en sus discontinuidades. En el no saber del sujeto entra también la memoria: el pasado arbitra las intermitencias creadas por el olvido; la memoria es también una desmemoria: «Todo lo que queda atrás, lo que voy / perdiendo, me compone». No sé si se puede aplicar al sujeto o a la propia poesía este verso: «Una máquina nocturna de fabricar jirones». Sin embargo, no me parece que desconfíe de las palabras ese sujeto perplejo. Al contrario, las sopesa, las paladea. Cada poema está rigurosamente trabajado, como la «Partitura» de la pintora Antonia Cores en la segunda sección: «Un diminuto papel pautado, notas / con hilos de nido». Pero este regusto por la palabra no facilita la intelección del lector: compruébelo en la tercera sección, donde prosiguen las incertidumbres: «Somos en la botella / vacía del aire / qué».
Diferente es la cuarta sección, en prosa, un hermoso «Diario imaginario de Denardo Coleman», conocido batería e hijo del creador del «free jazz», Ornette Coleman, a quien va dedicado el poemario. Víctor M. Díez es también improvisador musical en diferentes grupos. «Poemavudú» es otra sección, en torno a la frontera levantada frente al que llega «con la alfombra al hombro y una botella de plástico». Finaliza con un título expresivo: «Casas, canciones y grietas», poemas en los que el poeta capta el ritmo de las escenas y frases perdidas del vecindario. Queda así confeccionado Todo lo zurdo por un poeta que se encuentra más cómodo en lo contradictorio que en el camino derecho de lo usual y lo convencional.