Diario de León

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Escenarios de conciencia

EL JUEVES 29 SE CUMPLE EL CENTENARIO DE ANTONIO BUERO VALLEJO (1916-2000), UN DRAMATURGO QUE ABANDERÓ EL POSIBILISMO, CON EL IMPERATIVO ÉTICO QUE HACER OÍR SU CRÍTICA APURANDO LOS LÍMITES DE LA CENSURA FRANQUISTA. EN SU POÉTICA TEATRAL, LOS PERSONAJES NO ESTÁN ENCADENADOS POR LA FATALIDAD SINO LIMITADOS POR SUS ERRORES Y TROPIEZOS. DIVERGENTE

Buero Vallejo es el único dramaturgo que ganó el Premio Cervantes

Buero Vallejo es el único dramaturgo que ganó el Premio Cervantes

Publicado por
ERNESTO ESCAPA
León

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P recisamente, la asunción de esos errores y su purga constituyen un viático para el conocimiento de sí mismos y la catapulta para sortear limitaciones. De Historia de una escalera (1949), a Misión al pueblo desierto (1999), su producción es coherente con el lenguaje teatral europeo. Antonio Buero Vallejo ha sido el único dramaturgo galardonado con el Premio Cervantes (1986) en sus cuarenta años de historia. Sin embargo, su travesía del franquismo nunca fue fácil. Hijo de un militar republicano fusilado al final de la guerra, fue detenido en 1939 y condenado a muerte. Luego le conmutaron la condena por 30 años, de los que cumplió siete, hasta 1946. En la cárcel de Conde de Toreno coincidió con el poeta Miguel Hernández, de quien hizo su famoso retrato a lápiz. Buero había estudiado Bellas Artes en Madrid, a partir de 1934, y mantuvo su militancia comunista durante la sombría posguerra.

‘EN LA ARDIENTE OSCURIDAD’

Apenas liberado del presidio, escribió su primera obra teatral, que presenta al premio Lope de Vega en 1949, un certamen que gana con Historia de una escalera , situando entre las finalistas En la ardiente oscuridad , que se estrenará en 1950. La escalera vecinal y el internado para ciegos son espacios metafóricos de la menesterosa posguerra. Ambas obras presentan parejas antagónicas de personajes, que asumen el simbolismo del luchador y el conformista. En la ardiente oscuridad , Ignacio y Carlos; en Historia de una escalera , Fernando y Urbano. La escalera agrupa a tres generaciones de españoles humildes, igualados por la falta de porvenir. Aunque aparentemente el resignado acaba derrotando y sofocando los anhelos del luchador, aparece al final un tímido vislumbre de optimismo en el futuro, que expresa el margen de maniobra tolerado por la censura. También la ceguera que afecta a los protagonistas de En la ardiente oscuridad opera como un símbolo de las limitaciones que arrastra el ser humano para manejarse en el mundo hostil que le toca vivir.

A pesar de las cautelas con que Buero afronta su expresión teatral, acogiéndose a la vía del posibilismo frente a opciones más radicales de exilio o disidencia, al menos vivió dos tropiezos graves con la censura: Aventura en lo gris tuvo que demorar nueve años su estreno, de 1954 a 1963, mientras La doble historia del doctor Valmy , escrita en el año 1964, se publica en la revista de la universidad americana de Indiana en 1967 y sólo se estrena en España en 1976, en los albores de la transición. Entre ambos episodios, mantuvo una ruidosa polémica en 1960 con Alfonso Sastre, quien contraponía a su posibilismo la consideración del teatro como ariete social de rechazo.

AZOTEA FESTIVA

A comienzos de los cincuenta, Buero había recurrido para su teatro a los mitos explícitos, una cobertura con la que únicamente consigue resultados mediocres y varios fracasos de taquilla. La tejedora de sueños y La señal que se espera (1952), Casi un cuento de hadas , la policíaca Madrugada (1953), Irene o el tesoro (1954, la costumbrista Hoy es fiesta (1955) y Las cartas boca abajo (1957) jalonan un lustro de aquella década. De la venganza de Ulises al fracaso del opositor cegado por su rencor. De la encrucijada sombría de la sala de estar a la conquista vecinal de la azotea como escenario donde expiar culpas y tramitar engaños.

Este tramo más estancado de su obra lo supera Buero con el recurso a la historia, entendida como metáfora iluminadora del presente. Echa mano de la historia para alentar la reflexión crítica del espectador sobre su propia realidad. Inaugura este giro con Un soñador para el pueblo (1958). El motín de Esquilache le sirve para una reflexión sobre la España reciente. Además, el giro conlleva una renovación profunda de su lenguaje teatral, que alcanza a la representación en el escenario, donde se dilucida el fracaso de la modernización del país en tiempos de Carlos III, por el bloqueo de los reaccionarios. La fantasía velazqueña de Las meninas (1960) asocia el simbolismo de la luz a la postración de un pueblo español embrutecido por el engaño de sus gobernantes.

UNA MEDITACIÓN ESPAÑOLA

El concierto de San Ovidio (1962, La doble vida del doctor Valmy (1964), El tragaluz (1967), El sueño de la razón (1970) y La fundación (1974) jalonan la década final del franquismo, donde ya aparece de forma expresa el tema de la guerra civil y la culpa. Así lo expresa en la fábula futurista de El tragaluz : «Durante siglos tuvimos que olvidar, para que el pasado no nos paralizara; ahora debemos recordar, para que no nos envenene». Si en Las meninas concentró «toda la tristeza de España», en El sueño de la razón explaya «la degradación goyesca». Torturas y delaciones comparten escenario con reflexiones sobre la conciencia crítica del intelectual.

Ya durante la transición, aborda el tema del terrorismo (Jueces en la noche , de 1979), y otros tan variados y actuales como la especulación del suelo (Caimán , 1981), la impostura (Diálogo secreto , 1984), la extrema derecha (Lázaro en el laberinto , 1986), las drogas (Música cercana , 1989), los abusos del poder (Las trampas del azar , 1994) y la voluntad individual como salvaguarda del destino adverso: Misión al pueblo desierto , 1999.

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