Le Big Mac
Los relatos invisibles
U n estudiante ha encontrado en la biblioteca del congreso de EE UU una novela de Walt Whitman que llevaba más de 160 años desaparecida. Un libro perdido en una biblioteca: la noticia, más que en un periódico, parece estar sucediendo en un relato de Borges.
En La biblioteca total, Borges conjetura con la posibilidad de una biblioteca «infinita». En rigor estaría limitada por las propias características de los libros. Estos contendrían todas las combinaciones posibles del alfabeto, de modo que todo lo escrito por el hombre y lo que aún no ha sido escrito se conservaría ahí. También lo que siendo posible, no llegará a escribirse. Eso sí, advierte: «Por una línea razonable o una justa noticia habrá millones de insensatas cacofonías, de fárragos verbales y de incoherencias». Este ensayo sirvió al autor como base para escribir su relato La biblioteca de Babel, donde describe un complejo compuesto por un número indefinido de salas hexagonales en las que se guardan los libros. Allí al bibliotecario y narrador se le atribuye la frase: «Que exista el cielo, aunque mi lugar sea el infierno». Años más tarde, otro personaje de Borges, Otto Dietrich zur Linde, subdirector de un campo de concentración, ante su inminente ejecución, pronuncia una frase casi idéntica. El nazi cuenta cómo induce al suicidio a un poeta judío al que admira, y cuya obra es comparada con la del propio Whitman. Borges insinúa que el poeta inspiró en el siglo XVI el monólogo de Shylock de El Mercader de Venecia . No explica, sin embargo, cómo es posible, sin viajar en el tiempo, esa inspiración que burla la marcha de la historia y salta hacia el pasado, como una pulga de una cabeza a otra. Aún así, nos da una pista en otro relato, El Inmortal, donde la consecuencia de vivir todas las vidas posibles concluye en que Ulises sea a la vez Argos. El judío compone sus poemas en hexámetros, la misma métrica que utiliza Homero en La Odisea. Quizás por su parecido sonido Borges eligió la forma hexagonal para su biblioteca infinita e imaginara. Allí —podría haber fantaseado—, debe existir un libro en el que se cuenta que un ciego argentino, hace 160 años, dictó su Canto a mí mismo a un anciano con la barba llena de mariposas.