«Me gustaría ver a un cardenal en la cárcel»
l Como Benjamin Black, explora el lado más siniestro de la connivencia entre política y poder en Irlanda. «Todos somos Jekyll y Hyde», dice el afamado escritor john banville, cuyo ‘otro yo’ dedicado a la novela negra acaba de publicar nuevo título, ‘las sombras de quirke’

El novelista irlandés John Banville
D esdoblado como Jekyll y Hyde vive el escritor irlandés escindido entre John Banville (Wexford, 1945) y su ‘alter ego’, Benjamin Black. Aspirante al premio Nobel, premio Príncipe de Asturias de las Letras en 2014, es Black, el autor de novelas negras, quien tiene cita con el lector. Publica Las sombras de Quirke (Alfaguara), octava entrega de la serie que protagoniza el alcohólico y solitario forense dublinés. En la Irlanda de los años 50 un presunto accidente de tráfico desvelará la connivencia criminal entre el poder económico, político y eclesiástico. Unos crímenes por los que nadie paga. «Me gustaría ver a un cardenal en la cárcel, pero los atroces crímenes de la Iglesia en Irlanda siguen impunes», denuncia Black-Banville.
No quiere el escritor hablar del premio Nobel que le ronda y esquiva cualquier especulación, pero si se le plantea quién lo merece más, Banville, el literato excelso, o Black, el fabricante de oscuras tramas y escritor urgente, no lo duda: «Quizá lo gane Black; mejor para él que para Banville», dice jocoso, «Los libros de Banville me avergüenzan, pero de las novelas de Black estoy muy orgulloso», dice el exigente Banville, buscador de frases perfectas. Black se preocupa por otras cosas.
«Cuando da con una frase interesante, Banville intentará mejorarla. Black diría: ‘Déjala en paz, sólo estamos escribiendo’», explica el escritor, que intentó ser Banville por la mañana y Black por la tarde, «pero no funcionó». Ahora dedica los veranos, que detesta, a la novela negra, y el resto de año a las ficciones de Banville.
En esta aventura, el forense Quirke se enamora por primera vez —«de su propia psiquiatra»— y afronta abusos de poder, secretos y corrupción en las altas esferas, mezcladas con fantasmas del pasado. Sumido en alucinaciones y desvanecimientos por la enfermedad que no acaba de vencer, Quirke regresará a la morgue de Dublín. Ante el cadáver calcinado de un joven hallado en un coche da con la punta de un siniestro iceberg. Desvela crímenes silenciados en una Irlanda sumida en una ola de calor.
Asegura Banville que en Irlanda la Iglesia católica ha participado de hechos atroces. «Es como el Partido Comunista para los soviéticos, que controlaba la vida desde el nacimiento a la muerte», subraya. Lamenta que sus crímenes sigan impunes. «Nadie va a la cárcel nunca en Irlanda por algo que no sea un robo o un asesinato. Y dependerá de la clase social a la que pertenezcas. Pero me encantaría ver a un cardenal en prisión», aventura. «No va a ser fácil —se corrige Banville a sí mismo—. Si tenemos suerte, dentro de una generación no habrá cardenales. Ya nadie va a la iglesia», argumenta.
«Todos somos Jekyll y Hyde. Conviven dentro de nosotros y somos capaces de las obras más exquisitas, de ser caritativos y cariñosos, pero también de matar a nuestros semejantes», asegura el escritor. «Entre un ángel y un asesino sólo hay un paso. Me temo que es así, que dependiendo de circunstancias, somos capaces de lo peor y lo mejor».
Lo tuvo claro un día que tropezó en la calle y le auxiliaron media docena de personas. «Se comportaron como ángeles, pero pensé que cualquiera de ellos sería capaz de cometer un asesinato. Que en otras circunstancias me habrían metido en un carro de ganado y me hubieran mandado al Este». El secreto de Christine (2006) fue la primera novela de Black, a la que siguieron El otro nombre de Laura , En busca de April , Muerte en verano , Venganza , Órdenes sagradas y La rubia de ojos negros , en la que por encargo de los herederos de Raymond Chandler resucitó al famoso detective privado Philip Marlowe.
Ahora va más allá y, como Banville, se atreve a continuar la obra del mismísmo Henry James. «Black está descansando y Banville terminó la semana pasada la secuela de Retrato de una dama de Henry James». «Los críticos me van a crucificar. Me destrozarán. Dirán que cómo me atrevo, cómo oso ser tan arrogante como para continuar la obra de de James. Pero una de las pocas ventajas de envejecer es que no te importa un comino lo que digan los demás», concluye.
Aprecia Banville a autores de novela negra «que han escrito auténticas obras maestras, como Georges Simenon». «Es uno de los mejores escritores del siglo XX. Un genio capaz de escribir una novela en diez días», cuenta.
«Sólo existe la ficción»
Rodrigo Fresán ha descrito el estilo de Black cómo Proust noir , algo que al escritor le parece un elogio envenenado. «Si ponen esa tira en mis novelas no vendo ni una. Suena maravilloso, sí, pero me gustaría que la gente comprara mis libros y los leyera, y esa definición les asustaría», dice el narrador irlandés, que lamenta la discriminación entre «ficción y ficción literaria». «A la ficción literaria podrían colocarle directamente la etiqueta de ‘no vas a querer leer esto’. Sólo existe la ficción, buena o mala. Es lo único que hay», asegura.
Es Banville un europeísta convencido, pero lamenta que hechos como el ‘brexit’ sitúen a la UE ante el abismo. «Europa vive un momento peligroso, muy estresante», dice. «El sueño de los Estados Unidos de Europa se ha desvanecido. Queríamos alcanzarlo de forma gradual, pero quizá Europa creció muy rápido», plantea. «Permitimos entrar a muchos países en la Unión Europea y no quiero decir que no deberían estar. Pero quizá fue demasiado rápido. Pero no soy un comentarista político. Soy un europeo más».
Sabe que en España sus novelas «son más apreciadas que en cualquier otra parte del mundo» y lo achaca a las similitudes con Irlanda. «España tiene una historia muy oscura y a Irlanda le ocurre lo mismo. Hubo una guerra civil terrible en España y en Irlanda hemos vivido una guerra civil hasta los años 90. Creo que españoles e irlandeses tienen un sentido muy desarrollado de la tragedia y de lo fino que es el devenir de la civilización», sostiene.