Diario de León

«La poesía ha de abandonar los altares»

l La leonesa Sara Otero convierte en poesía el ciclo anual de las estaciones con ‘Cronos en Bardaya’ . Filandó n Desde su atalaya de villalfeide, esta joven autora que ha sido finalista por dos veces del premio adonáis observó durante un año la huella del tiempo en el paisaje y en los hombres para elaborar su nueva y singular obra «Todo esto sería imposible sin el amor desinteresado de Gregorio F. Castañón al arte y a la cultura»

Sara Otero del Amo, con un ejemplar de ‘Cronos en Bardaya’, editado por Los Libros de Camparredonda

Sara Otero del Amo, con un ejemplar de ‘Cronos en Bardaya’, editado por Los Libros de Camparredonda

Publicado por
emilio gancedo
León

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E ste verano/ los peces regresan a la tierra/ mientras en las montañas de León/ las hachas se legan con ternura/ y se baila alrededor de las hayas/ para poblar los vientres/ que sueñan con flores amarillas». A cada estación, su verso. A cada mes, sus estrofas. La joven poeta Sara Otero del Amo (León, 1982) ha hecho del calendario anual un sendero por el que transitar con mirada abierta y libre sensibilidad. Con atalaya en Villalfeide, el Alto Torío, el pueblo de sus mayores, Otero convirtió fríos y calores, nieves y tormentas, horizontes empañados y casas cerradas a cal y canto en un poemario, Cronos en Bardaya , el último de la colección Los libros de Camparredonda que fue dado a conocer, junto a la revista cultural homónima y el premio La Armonía de las Letras concedido al pueblo de Soto de Sajambre, el mes pasado.

Como todos los de la serie, el volumen se ha editado artesanalmente a la manera de delicado breviario, semejante a uno de esos antiguos y casi misteriosos misales que uno podía encontrar, en la casa de los abuelos, dentro de un arca o reposando sobre un reclinatorio. Y acompañan a los poemas antiguas estampas y grabados, recuperados e intervenidos por el infatigable investigador y editor —casi orfebre—, y responsable de la colección, Gregorio Fernández Castañón. Además, muchos de ellos llevan, de forma facsimilar, un texto autógrafo de la autora, por lo que cada ejemplar es en cierto modo único.

«Cronos en Bardaya es un regalo que en su momento me sirvió Gregorio en bandeja de plata —afirma Sara Otero—. Cuando se puso en contacto conmigo hace más de un año y me dijo que le gustaría que el siguiente título de la serie fuera un poemario y que girase sobre la naturaleza, en el fondo fue el acicate que necesité para abordar un tema que siempre me había rondado y que, si no hubiera sido por este encargo, probablemente habría tardado más en escribir o nunca hubiera llegado a hacerlo: el de la naturaleza y, sobre todo, la relación del hombre con la naturaleza». Y si se le pide que aquilate más el asunto y que explique su relación con la comarca que esta vez ha constituido su materia prima lírica, comenta que el libro gira fundamentalmente en torno a un tema: «La montaña central leonesa y la influencia que la minería ha tenido en el paisaje y en sus gentes». Una parcela geográfica a la que está vinculada desde su infancia, pues desde que nació su más directo contacto con la naturaleza se ha venido llamando valle del Torío. «Allí, en Villalfeide, mis abuelos se compraron una casa en busca de un río truchero y después les siguieron mis padres. Y ahora nosotros».

«Zarpazo» poblacional

Sin embargo, Sara Otero del Amo trabajó en Cronos en Bardaya (es el nombre de una vieja mina y hoy también de una ruta senderista por sus inmediaciones) únicamente con la memoria. «Fue escrito a 400 kilómetros de aquí, en Navarra, donde trabajo. Poner distancia con el objeto poético fue, creo, beneficioso para el libro». Y preguntada por los aspectos que más le han venido maravillando del pueblo que ha hecho de faro para esta obra, responde sin dudarlo que para ella lo más fascinante «es la belleza, a veces terrible, del valle del Torío. Lo cerca que está la vida de la muerte en las personas y los animales. Además es un lugar en el que las historias de la Guerra Civil siguen estando tras los muros de las casas. La historia ha llegado sola a los oídos de los niños».

Pero a Cronos en Bardaya también se asoman rasgos hoy inseparables de ésta y muchas otras geografías interiores como la despoblación y el olvido institucional. ¿Ha de ser también la poesía, cree la autora, reflejo o altavoz para problemas actuales como ese? «Por supuesto —asegura—. Al abordar la montaña minera, la despoblación debía aparecer necesariamente. En todos los años en que he sido espectadora de la comarca no ha dejado de producirse una evolución, un cambio, matizado en ocasiones y en otras auténticos zarpazos».

Sara Otero, que es autora de otros tres poemarios, Abecedario de ausencias (Premio Letras Jóvenes de Castilla y León, 2002), En el lugar de la lluvia (Premio Internacional de Poesía Manuela López) y La gramática de las cigarras (Premio Internacional Palabra sobre Palabra), no cree que apelar al paisaje y a la naturaleza sea cosa trasnochada. «No me parece que en poesía haya temáticas que puedan considerarse ‘del pasado’. Por el contrario, intentar limitar la temática o establecer cánones, corrientes y confrontación entre diversas opciones estéticas o temáticas no redunda en un mayor empoderamiento del arte y mucho menos de la poesía», defiende la leonesa.

Versos en las calles

Finalista del premio Adonáis de Poesía en 2004 y 2012, y ganadora, además de los citados, de otras distinciones como el primer premio de poesía María Eloísa García Lorca que convoca la Unión Nacional de Escritores, no elude pronunciarse sobre el actual y aparente ‘boom’ de la poesía, unos momentos en los que se suceden los encuentros y recitales públicos y abiertos —muchos de ellos en bares—, y cuando en las listas de libros más vendidos figuran títulos de jovencísimos poetas... «Me parece fantástico todo lo que tenga que ver con desacralizar la poesía —mantiene—. Es enriquecedor para los poetas, para los lectores y para los oyentes de recitales que la poesía ocupe los bares, las bibliotecas, la calle, las paradas de los autobuses… Que la poesía abandone los altares de los eruditos y sea capaz de desvelar misterio, bebiendo de todas las fuentes: poesía experimental, performativa, con sonetos y endecasílabos…».

Cronos en Bardaya hace el número trece de la colección Los libros de Camparredonda , donde anidan, en tres series distintas, roja, verde y azul, la poesía, la narrativa, y el ensayo y otros lenguajes más experimentales. Autores leoneses o vinculados al viejo reino como Tomás Sánchez Santiago, José Luis Puerto, Alberto R. Torices, Luis Miguel Rabanal, Javier Menéndez Llamazares, Miguel Paz Cabanas, Pablo Andrés Escapa, Yago Ferreiro, David Rubio o Antonio Toribios le han precedido en esta senda.

«Es un verdadero lujo haber podido tener la oportunidad de formar parte del proyecto —incide Sara Otero—. Cuando estábamos inmersos en la creación del libro (yo en los poemas, y la elección de los grabados y la estética a cargo enteramente de Gregorio Fernández Castañón), me preguntaba si cuando llegara a las manos de los lectores conseguiría transmitir, aunque fuera en parte, los desvelos y el mimo que Gregorio pone en este proyecto». A la vista del resultado, la joven escritora no lo duda: «Creo que lo ha conseguido. Este libro es fruto de su empeño personal, de su amor desinteresado al arte y a la cultura».

Y acudimos al epígrafe del mes que atravesamos para, en fin, leer: «Cosas buenas: un brazo, un codo, un hombro/ de estorninos/ sobrevolando el Torío, el latido de un ser diminuto/ en la palma de la mano,/ el agujero en los calcetines a rayas,/ los paños de cocina,/ el viento en el valle,/ tanta lengua, tanto idiota/ tanto pájaro tatuado en la piel».

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